Este pasado fin de semana me desplacé a Donosti para presenciar el concierto de Duncan Dhu en la Kursaal, en lo que acabó siendo un excelente concierto en un marco incomparable. Desde Vía-News os quiero recomendar que los veáis en directo, merece la pena.

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Hace unos años me deslumbró un disco de Duncan Dhu, Supernova, un LP en el que experimentaban con los sonidos discotequeros y del que hasta ellos mismos reniegan ahora (no hay más que ver que no han tocado las versiones “originales” de estas canciones). Así que os podéis imaginar lo que me esperaba ver, ahora, ya que con motivo de su regreso han comenzado una gira de casi 20 actuaciones, entre la que destacaba Donosti. Ni corto ni perezoso, en un ataque nostálgico, acepté la oferta de unos amigos y fui a verlos.

Lo primero que hay que comentar es que estos conciertos se están realizando en auditorios y teatros, un lugar donde el sonido es más puro y la ambientación es propia del espectáculo.

Con apenas diez minutos de retraso, y tras contemplar el logotipo de Duncan Dhu sobre la cortina del teatro Kursaal, apareció el grupo. Mikel Erentxun se dirigió a un público entregado (no en vano tocaban en “casa“) y saludó al público con un “Hemos vuelto a casa, somos Duncan Dhu”. Y ahí comenzó el espectáculo, donde nos presentaban su nuevo trabajo: “1”, un disco con tan sólo 6 grandes canciones.

Lo primero que me llamó la atención es el planteamiento acústico del concierto. Olvidaos de esos sonidos acaramelados que recordáis de canciones como “Ojos Negros”, Diego y Mikel han vuelto para demostrar que lo que les unió fue su pasión por un artista: Elvis Presley, pero como dijo Mikel “el Elvis bueno, el delgadito, el de los años 50 y de los 60”, el rockero. Y se palpa, siente y nota desde el primer al último tema que interpretan. Mención aparte merece el reconocimiento a Joseba Irazoki, una más que agradable guitarra que tuvo momentos impactantes que le llevaron a utilizar desde un sitar a una guitarra eléctrica sin distorsión consiguiendo un sonido rompedor.

Lamentaba antes que en su nuevo disco tan “sólo” hubiese 6 canciones… es normal, para esta gira se han versionado a sí mismos, han pasado por un lavado de cara en el que se ha respetado la melodía, la letra y poco más, el ritmo ha sufrido un cambio bestial que ha, curiosamente, renovado las canciones. Se respeta la base de cada canción, pero se las desnuda de artificios superfluos.

Otro punto a destacar es la buena química existente entre Diego Vasallo y Mikel Erentxun, y el excelente acompañamiento musical del que se han sabido rodear de músicos como Joseba Irazoki, Carlos Arancegui, Fernando Macaya y Mikel Azpiroz, para ofrecer un sonido electrizante, compacto y muy cuidado.

Como decía Duncan Dhu lo tenía “fácil”, jugaban en casa y con un público absolutamente entregado, todo hacia presagiar que esto fuese un paseo triunfal… como así fue, pero ganado a base de buena, muy buena música, y un ritmo endiablado.

Creo que conviene volver a aclarar un punto: estos no son los Duncan Dhu que te imaginas, no vas a escuchar aquí las versiones más edulcoradas y lentas de sus canciones. La música que vais a oir vive del ritmo, del rasgueo de las guitarras, de la pasión de la batería y del acompañamiento de un órgano Hammond que suena mortal. Y de las letras y las voces de Mikel y Diego. Y es una combinación perfecta.

En un principio tomé nota de cada una de las canciones y de lo que me hacían sentir, pero tras una breve meditación he decidido que no os iba a arruinar el concierto. Lo verdaderamente importante es acudir al concierto, llevarte la sorpresa de escuchar las nuevas “viejas” canciones y sentir el ritmo, disfrutar, bailar y sorprenderse con un grupo que regresa con fuerza y vitalidad. Podría hablaros de las versiones de canciones como “Lobos”, “La Herida”, “Paraísos perdidos”, “El Duelo”, “La Casa Azul” (no me gusta tanto, prefiero la versión original), “Una calle de París”, una sorprendente versión de “Entre salitre y sudor”… todas las canciones tienen un ritmo acelerado con una base de rock clásico que fuerza al público a acompañar con aplausos la melodía, a bailar (olvidaos de permanecer sentados mucho tiempo, es imposible) y a cantar junto a Mikel y Diego las canciones. Eso sí, hay canciones en las que daría igual que cantasen o no, el público las recita para Duncan Dhu, tres son los mejores ejemplos; “Ojos negros”, “En algún lugar de un gran país” y “Una calle de París”.

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El concierto duro más de dos horas y media (igualito que otros artistas que yo me sé) y tuvo momentos tan especiales como ver a los tres miembros originales de Duncan Dhu reunidos interpretando “Fin de amor”, un momento muy especial, así como cada una de las tres veces que pareció que el concierto llegaba a su fin. Tranquilos, son breves respiros, muy breves, en los que el grupo retoma el aliento y salen al escenario con más fuerza si cabe.

Llega el momento de decidir si os recomiendo el concierto, pero antes os diré que, sí, lo hago. Puede que a los modernitos de mis amigos les parezca nostálgico o moñas acudir a un concierto de Duncan Dhu, quién sabe, puede que tengan hasta razón, pero cuando un grupo consigue que salgas de su concierto con el ritmo en las piernas, con una sonrisa de oreja a oreja y hablando, entusiasmado, de su nueva música, ¡algo bueno tendrá! Pero cuando, pasadas más de 60 horas sigues entusiasmado y hablando maravillas del grupo, ¿verdad? Pero, ¿sabéis qué? Echad un vistazo por Youtube, si no os sorprenden las grabaciones del concierto… en fin, entonces este no es vuestro concierto. Pero yo pienso repetir.