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A estas alturas el seguidor habitual del cine de Woody Allen, que identifica cualquier película que haga como suya porque mantiene constantes sus señas de identidad, sabe que aunque los cimientos argumentales sean parecidos a otros ya vistos volverá a disfrutar como hizo en la anterior y así es. En este caso propone una comedia romántica adolescente con personajes buscándose a sí mismos por un Nueva York lluvioso repleto de famosetes y actores y así habla de enredos juveniles a la vez que nos hace penetrar en algunos círculos sociales de alto standing, algo muy de su gusto y bastante glamouroso (aunque iremos advirtiendo que no todo es lo que parece). La trama que teje para la ocasión y que desarrolla en una ajustadísima hora y media se vuelve especialmente atractiva Timothée Chalamet mediante  porque si en algo es magnífico es en eso tan difícil de hacernos empatizar con él aunque a veces tenga aspecto de niñato (con él me pasa justo lo contrario que con Andrew Gardfield) y está muy bien acompañado por una Elle Fanning con un personaje exótico y divertido que da mucho juego. Es una historia más o menos sencilla, sin mucha enjundia (aunque también la tiene) que proporciona un visionado agradable, alguna sonrisa y un paseo agradable por uno de los platós habituales de Allen, su ciudad.