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Los norteamericanos tienen una mala costumbre que no se ha curado con los años y ni siquiera los batacazos sucesivos han conseguido convencerlos de cambiar su forma de hacer las cosas: cuándo descubren un título extranjero interesante lo toman como base para hacer su remake ‘made in USA’ en lugar de aplaudir y promocionar la película original. Lo han hecho tantas veces que ya ni escandaliza ni sorprende. «Abre los ojos» («Vanilla Sky»), «REC» («Quarantine»), «Nueve Reinas» («Criminal»), «Ringu» («The Ring»), «Infernal Affairs» («The Departed»), «Trois hommes et un couffin» («Three men and a baby»),… y «Låt den rätte komma in» («Let me in»).

En el año 2010 la productora norteamericana Bad Robot, propiedad de J.J. Abrams, decidió hacer un remake de esta historia de vampiros nada convencional donde se narraba la relación entre un niño y su nueva vecina que el director sueco Tomas Alfredson había llevado a la gran pantalla un par de años antes. La versión norteamericana de la película, titulada «Let me in«, contó con el director Matt Reeves y se ambientaba en el frío norte de los EE.UU. durante los años ochenta y un reparto encabezado por Kodi Smith-McPhee, Chloe Moretz, Richard Jenkins, Elias Koteas, Carla Buono y Sasha Barrese. Como es habitual, la copia quedaba a años luz del original de Alfredson.

Basada en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist, que también escribió el guion de la película, «Déjame entrar» nos contaba como Oskar, un tímido niño de doce años de Blackeberg, un suburbio de Estocolmo, que es acosado en el colegio por sus compañeros se hace amigo de Eli, una misteriosa vecina de su edad, cuya llegada al barrio coincide con una serie de desapariciones y asesinatos inexplicables. Eli es una niña misteriosa de ojos tristes, seria y silenciosa, desaliñada y aparentemente frágil, está muy pálida, sólo sale por las noches, parece que no le afectan las temperaturas heladas y vive con Hakan, un hombre mayor que también parece ocultar grandes secretos. Y a pesar de que Oskar sospecha que Eli es una vampiro, intenta que su amistad esté por encima de su miedo.

Protagonizada por Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Ika Nord y Mikael Rahm, entre otros, «Déjame entrar» es una película tan hermosa como perturbadora, pero en un mundo cargado de etiquetas no me atrevería a calificar la propuesta de Tomas Alfredson como una película de terror o de vampiros, puesto que va un paso más allá y se convierte en una fascinante revisión de un género que se asocia demasiado con el susto y la sangre. Es una propuesta sobria, elegante y comedida, que se aleja de los tópicos para contarnos una historia de amistad y lealtad, pese al fondo oscuro y aterrador y que no evita las escenas más truculentas, como la magnífica secuencia final de la piscina.

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