«Daredevil: Día gélido en el infierno» llega como uno de esos cómics que no se leen con prisas ni pensando en continuidad, sino como una historia cerrada, casi definitiva, sobre qué queda de Matt Murdock cuando ya le han quitado prácticamente todo. Charles Soule y Steve McNiven plantean un futuro cercano y devastado para Nueva York, un mundo cansado de superhéroes en el que Daredevil es solo un anciano ciego que sirve sopa en un comedor social de La Cocina del Infierno. Y el resultado es alucinante.

Daredevil: Día gélido en el infiernoCharles Soule regresa al mundo de Daredevil, con Steve McNiven (Civil War) como artista para una saga como ninguna otra. Tras una serie de horribles sucesos, el mundo está en ruinas. Matt Murdock es viejo y sus poderes se han desvanecido. Después de que un misterioso anciano interrumpa un convoy secreto provocando una explosión, un gas mortal se extiende por La Cocina del Infierno y El Hombre sin Miedo tendrá que cambiar su perspectiva.

Leído como una sola obra, «Daredevil: Día gélido en el infierno» construye un arco muy claro sobre la pérdida y la recuperación, no tanto de los poderes como del propósito. Matt ha perdido su sentido radar, su cuerpo ya no responde y su fe, aunque sigue ahí, está llena de aristas. Cuando un atentado libera un gas letal y, de forma casi cruelmente irónica, le devuelve sus habilidades durante un tiempo limitado, el cómic evita convertirlo en un simple «viejo héroe vuelve a la acción«. Lo que vemos es a un Matt que duda, que falla, que paga cada decisión con dolor físico y espiritual. El mundo no mejora porque Daredevil regrese, pero su presencia vuelve a marcar la diferencia a nivel humano, que es donde siempre ha sido más fuerte el personaje.

Uno de los grandes aciertos del tomo es cómo integra a viejos conocidos sin convertir la historia en un desfile de cameos. Bullseye, Elektra o el Castigador aparecen con peso narrativo y con versiones coherentes con este futuro erosionado por la guerra, la enfermedad y el abandono institucional. Especialmente potente es el uso de Bullseye como reflejo oscuro de Matt: otro superviviente del pasado que se niega a desaparecer y que necesita un último gran acto para justificar su existencia. El enfrentamiento final, televisado y excesivo, tiene algo de ritual, de juicio final, que encaja muy bien con el tono católico y culpable que siempre ha acompañado a Daredevil.

Visualmente, Steve McNiven se aleja de su estilo más limpio y espectacular para apostar por un trazo más sucio, más cansado, lleno de arrugas, nieve, humo y sangre. La ciudad parece vieja incluso cuando no lo es, y Matt se mueve con una mezcla de agilidad aprendida y cuerpo traicionero. Las páginas de dieciséis viñetas, tan rígidas como opresivas, transmiten agotamiento y saturación sensorial, especialmente cuando regresan los poderes y el mundo vuelve a gritarle a Daredevil en forma de latidos, gritos y ecos. El color, dominado por rojos, negros y blancos casi cegadores, acompaña muy bien esa sensación de estar siempre al borde del colapso.

Es imposible no pensar en «El regreso del Caballero Oscuro» al leer este cómic, y Charles Soule y Steve McNiven no esconden la influencia. El «viejo héroe que vuelve una última vez» está ahí, igual que cierta voluntad de crear imágenes icónicas. La diferencia es que aquí todo es más íntimo, menos grandilocuente. Daredevil no vuelve porque el mundo lo necesite como símbolo, sino porque no sabe vivir sin ayudar, aunque eso lo destruya. En ese sentido, la historia gana fuerza cuando se centra en personajes como Tyra y en la idea de pasar la antorcha, de elegir entre esconderse en la oscuridad o dar un paso hacia la luz, incluso cuando esa luz quema.

El tomo también gana mucho gracias a los extras que acompañan a cada número, donde Charles Soule y Steve McNiven desmenuzan su proceso creativo con una franqueza poco habitual. Se explica cómo trabajaron de forma más abierta y menos encorsetada que en otros proyectos de Marvel Comics, dejando que el dibujo marcara ritmo y narrativa, y cómo muchas decisiones visuales nacieron directamente de conversaciones sobre el estado emocional de Matt. Estos textos ayudan a entender por qué la obra se siente tan cohesionada y tan personal, y refuerzan la sensación de estar ante un «What if» hecho con cariño y respeto por el personaje.

«Daredevil: Día gélido en el infierno» se ofrece por parte de Panini Cómics en el formato tipo Marvel Premiere que abunda tanto últimamente. Incluye el spot on de Bruno Orive y un montón de portadas variantes. En definitiva, un formato económico para una historia que, seguro, llegará en formato de lujo en un futuro.

«Daredevil: Día gélido en el infierno» no es una historia perfecta y en algunos tramos fuerza determinadas decisiones para llegar a un final concreto, pero como lectura unitaria es poderosa, triste y sorprendentemente humana. No redefine al personaje ni pretende hacerlo, pero sí captura su esencia: un hombre roto que, incluso cuando ya no debería levantarse, lo hace una vez más. Y a veces, con eso basta.

Daredevil: Día gélido en el infierno
Autores: Steve McNiven, Charles Soule
Fecha de publicación: Diciembre de 2025
Edición original: Daredevil: Cold Day in Hell #1-3
ISBN: 9791370133979
Formato: 17x26cm. Comic-Book con lomo. Color
Páginas: 128
Precio: 12,00 euros