Aparece un nuevo tomo, «All In Catwoman #2«, de la nueva colección trimestral que Panini Cómics ofrece en el ligero formato de tapa blanda con lomo. La cosa avanza un poco, pero que quieren que les diga, continúo sin enterarme de la misa la mitad de lo que pasa aquí. Esto es un thriller de espionaje e intriga en toda regla, eso sí.
Selina se abre paso entre demonios y malditos en una fiesta temática de la Divina Comedia, mientras el sufrimiento se extiende por Estocolmo, donde deberá hallar el primero de sus premios mientras esquiva a quienes pretenden cobrar el precio puesto a su cabeza. Incluso cuando acuda a Tokio en busca de un viejo aliado y un necesitado respiro, la paz sólo le llegará si desaparece y deja su identidad civil… para siempre.
En el primer tomo de «All In: Catwoman«, Selina Kyle se vio arrastrada a una trama mucho más grande que cualquiera de sus golpes habituales. Lo que empezó como otro trabajo en Gotham City se torció en cuanto alguien puso precio a su cabeza. Obligada a dejar atrás su guarida y moverse por Europa, Selina —bajo el alias de Evie Hall— intentó descubrir quién la estaba cazando y por qué. En su huida cruzó ciudades como Berlín y Estocolmo, reviviendo amistades rotas y traiciones pasadas, mientras su identidad como ladrona de élite empezaba a tambalearse. Aquella primera parte funcionó como un thriller noir en construcción: sombras, lluvia, tejados mojados y una gata que no sabe bien si cazar o ser cazada. La premisa era potente, pero dejaba la sensación de que lo mejor estaba aún por venir. Ahora arranca este segundo volumen y tengo esperanza de que sea así. Pues nada.
El tomo «All In: Catwoman #2» reúne los números #72 al #74 de la serie regular y continúa la huida de Selina, que sigue lidiando con los fantasmas del pasado y con una organización criminal que parece conocerla mejor de lo que ella quisiera. El problema es que, como le pasa a menudo a los thrillers que juegan a la intriga lenta, el ritmo aquí es un arma de doble filo: hay desarrollo, pero a cuentagotas. El número #72 dedica buena parte de sus páginas a explorar el tiempo que Selina pasó con la familia Belov, en especial con el patriarca, un hombre que la acogió cuando aún operaba bajo su falsa identidad de Evie. Torunn Grønbekk intenta usar estos flashbacks para darle peso emocional al presente, mostrando que no todo fue crimen y traición en su pasado. Sin embargo, llega un poco tarde: cuesta conectar con los Belov, y lo que debería sentirse como un reencuentro cargado de tensión termina sabiendo a trámite pendiente. Selina no muestra mucha emoción hacia ellos, y esa frialdad hace que al lector le cueste implicarse. La trama principal —esa caza internacional que la puso en fuga— queda algo difuminada entre escenas introspectivas y pequeños golpes de acción.
Con el #73, la historia se traslada a Japón, que aquí viajamos como si nada, buscando darle un nuevo aire a una trama que hasta entonces se sentía encallada. El cambio de escenario debería aportar energía, pero la fórmula se repite: Selina se disfraza, intenta mezclarse con la multitud, es descubierta y acaba huyendo otra vez. Mira que es grande Japón, pero para ciertos creadores debe ser como mi barrio (aunque menos peligroso). La falta de un antagonista sólido o una amenaza reconocible no ayuda: los villanos son genéricos y apenas dejan huella. Lo curioso es que, pese a la desconexión emocional del guion, la serie sigue siendo visualmente atractiva. Marianna Ignazzi, acompañada por Patricio Delpeche en el color, mantiene una atmósfera elegante, aunque el nuevo entorno japonés apenas se aprovecha más allá de un par de páginas. El detalle de la fusta de Catwoman colocada como si fuera una cola es uno de esos guiños visuales que salvan el número. Se echan en falta unos rostros más detallados, que a veces cuesta distinguir entre personajes, pardiez.
El #74, por fin, da señales de vida. Tampoco nos vengamos arriba. Por primera vez en varios capítulos, la historia avanza y empieza a reunir los hilos dispersos. Regresan personajes como Suzy Sinner —la hacker que ejerce de apoyo remoto de Selina— que debía estar de vacaciones y Anton, un viejo enemigo con cuentas pendientes, que lo conocen en su casa a la hora de cenar. La muerte de un antiguo conocido sirve como detonante para que todo empiece a encajar. Torunn Grønbekk ofrece un número más contundente, con una pelea central que necesitaba algo más de crudeza y detalle, pero es lo que hay. Por lo demás, los personajes secundarios siguen siendo poco memorables, y cuesta distinguirlos o recordar sus motivaciones. En un cómic de Catwoman, donde lo visual y el carisma deberían llevar la batuta, eso pesa.
«All In: Catwoman #2″ trae algunas portadas variantes, que siempre se agradecen y un artículo extenso, escrito por Lidia Castillo, que recorre la trayectoria del personaje. La verdad es que se hacía necesario un texto de este tipo. Un mini entrevista a la guionista y el DC Connect completan este manejable y escueto tomo trimestral.
En conjunto, este segundo volumen de «All In: Catwoman» es un punto medio: no cae, pero tampoco despega. La guionista tiene un buen oído para el monólogo interior de Selina, su cinismo y su sensualidad contenida, pero la trama pide más foco. Es una serie que se disfruta por su atmósfera, por ese aire de película de espías con una gata en fuga, pero que aún no ha encontrado su pulso narrativo. Si llegaste hasta aquí, probablemente quieras seguir, porque la última viñeta nos deja un cliffhanger de órdago. Visualmente sigue siendo un lujo, y Torunn Grønbekk aún tiene margen para redimir a su protagonista. Si el primer tomo era la huida, este segundo es la búsqueda. Falta que el tercero, por fin, sea la caza.
All In Catwoman #2
Autores: Marianna Ignazzi y Torunn Grønbekk
Fecha de publicación: Septiembre de 2025
Edición original: Catwoman #72-74
ISSN: 977308138600400002
Formato: 17x26cm. Comic-Book con lomo. Color
Páginas: 80
Precio: 8,95 euros











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