Llevaba muchos años, décadas incluso, deseando volver a las tierras de Thra pero, para ser sincero, ya había perdido toda esperanza. Me había tenido que conformar con rumores que alimentaban mi ilusión, un intento fallido de secuela que acabó en forma de cómic, libros de arte del trabajo de Brian Froud y revisionados periódicos del clásico del cine fantástico de los años ochenta, hasta que llegó Netflix y me regaló todo aquello que siempre había soñado.

Cuando tres gelfling descubren el horroroso secreto detrás del poder de los Skeksis, emprenden un viaje épico para encender los fuegos de la rebelión y salvar su mundo.

En la lista de mis diez películas favoritas, «Cristal Oscuro» se mantiene ahí dentro, imperturbable, desde mi infancia. He visto miles de películas desde entonces, algunas han entrado y otras han salido, pero ésta se ha mantenido firme en el listado. Una mágica película de fantasía del año 1982 hecha íntegramente con marionetas y animatrónica, «The Dark Crystal» es un clásico de culto de Jim Henson como director y Frank Oz en la producción, con diseño de personajes y criaturas del británico Brian Froud, el genial artista conceptual que también aportó su talento a otra maravilla de Henson como «Dentro del laberinto«. Los skeksis, los místicos, Aughra, los gelflings, los garthim,… Seres fantásticos que cobraron vida en una época pre-CGI pero que nos siguen resultando fascinantes. Indispensable, inolvidable, irrepetible. ¿Irrepetible?

«Cristal Oscuro. La Era de la Resistencia» («The Dark Crystal: Age of Resistance«) nos permite regresar al mundo mágico de Thra, antes de los hechos narrados por Jim Henson en la película original, justo después de la Segunda Gran Conjunción, en la Era de la División, antes que el cristal se rompa y el fragmento se pierda. Los urskeks ya se han dividido entre los apacibles místicos y los malvados skeksis, y los gelflings, los habitantes primigenios de Thra, viven en paz, organizados en siete clanes.
Los creadores de la precuela han sido coherentes, y respetuosos, reproduciendo la técnica de la película original, que se realizó utilizando marionetas, y han conseguido una mezcla perfecta de lo antiguo y lo moderno. Es una rareza encontrarse en el catálogo de una plataforma de streaming con una serie con marionetas porque no son precisamente el mayor reclamo comercial de la actualidad. Cuentan que fue Lisa Henson, hija de Jim Henson y consejera delegada de The Jim Henson Company, la que ya en 2003 se propuso ampliar el universo de «Cristal Oscuro» que había creado su padre, pero tuvo que esperar bastante, más de una década, para conseguir llevar a cabo su proyecto de la mano de Netflix.
«Cristal Oscuro. La Era de la Resistencia» es una serie de títeres de diez episodios con pocos efectos digitales. Simple y llanamente, cierto, pero es algo inaudito en la era del CGI puesto que las herramientas digitales, que las hay, están al servicio de las marionetas. Cuentan que en alguna secuencia, ¡hubo hasta 100 titiriteros trabajando al mismo tiempo! y que necesitaron un almacén grande como dos campos de fútbol para poder recrear el mundo de Thra. Además la serie ha recuperado al genial diseñador Brian Froud y a incorporado al equipo a su hijo escultor Toby que han elborado docenas de diseños de personajes, criaturas mágicas y sorprendentes, y sesenta escenarios con cada detalle esculpido, a los que se han sumado un elenco de voces de reconocido prestigio: Taron Egerton, Anya Taylor-Joy y Nathalie Emmanuel son los encargados de poner voz a Rian, Brea y Deet, los tres héroes de gelfling, pero la producción ha contado también con la participación de Caitriona Balfe, Helena Bonham-Carter, Harris Dickinson, Natalie Dormer, Eddie Izzard, Theo James, Toby Jones, Shazad Latif, Gugu Mbatha-Raw, Mark Strong y Alicia Vikander, que doblan al resto de personajes de gelfling. Las voces de los skeksis y místicos corren a cargo de Harvey Fierstein, Mark Hamill, Ralph Ineson, Jason Isaacs, Keegan-Michael Key, Ólafur Darri Ólafsson, Simon Pegg y Andy Samberg.

En el primer episodio de la primera temporada, titulado «Final, principio. Es todo lo mismo«, escrito por Jeffrey Addiss y Will Matthews y dirigido por Louis Leterrier, nos reencontraremos con los malvados y corruptos skeksis que conocimos en la película original, unos gobernantes sedientos de poder que consumen la vida del mundo de tres soles ante los mismos ojos de los ignorantes e ingenuos gelfling. Sí, el mundo de Thra se está muriendo, el poderoso Cristal de la Verdad está dañado y una enfermedad se extiende imparable por toda la Tierra. Cuando Rian, Brea y Deet, tres intrépidos gelfling miembros de los fieros Stonewood, los cultos Vapra y los humildes Grottan, descubran la horrible verdad detrás del poder de los Skeksis, iniciarán un viaje para encender los fuegos de la rebelión y comenzar una batalla épica para salvar el planeta de la oscuridad.
Y es que los skeksis, que durante milenios se han regenedo mediante la explotación de la piedra mágica que un día prometieron proteger, han descubierto que aunque el Cristal de la Verdad esté dañado hay una forma más rápida y sencilla de prolongar su vida: consumir la vida de Thra.

«Cristal Oscuro. La Era de la Resistencia» es una obra de artesanía, un ejercicio de nostalgia, un cuento oscuro para niños y mayores, quizás demasiado siniestra para ser infantil tal y como le sucedía a la película original, fantasía de la buena, y el primer capítulo es una promesa de que hay series diferentes que merece la pena descubrir, en una era en la que es imposible ver todo lo que HBO, Netflix, Disney+, Amazon Prime y compañía nos ofrecen. De hecho Netflix se merece un aplauso por haber apostado por una precuela de la mítica película «Cristal Oscuro» en forma de serie, con marionetas. En conclusión, visto el primer episodio de la serie «Cristal Oscuro. La Era de la Resistencia«, podemos afirmar que parece ser digna heredera de aquella obra de arte que nos regaló Jim Henson en 1982, no ha perdido ni un ápice de esa esencia que la hizo tan especial en los ochenta, y es una de las sorpresas más agradables de la parrilla televisiva del 2019.