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Arantxa Echevarria, que firma el guión y también dirige, recupera un poco la fórmula de “Carmen y Lola” de describir una situación social a parir de los personajes y utiliza el encuentro de dos niñas chinas en el colegio para hacer un retrato de sus circunstancias, que realmente son muy dispares. Lo que vemos no es una narración clásica con presentación, nudo y desenlace y tampoco cuenta un arco argumental con principio y fin propiamente dicho. Aunque sí hay subtramas que finalmente se resuelven, el estilo de filmación es como si la directora se colara en la vida de los personajes durante unos días y les siguiera los pasos encadenando escenas de unos y otros. En lo que cuenta hay crítica social, naturalismo y dosis muy adecuadas de comedia, en definitiva sensación de verosimilitud y capacidad para conmover y aunque, evidentemente, se puede ir más lejos y profundizar más reconforta que una película fotografíe con tanto tino algunas peculiaridades y problemas de nuestro presente social.