Panini Cómics lanza «Batman: Ciudad de Locura» dentro del sello Black Label. Lo hace en una edición de lujo que recoge la miniserie escrita y dibujada por Chritian Ward que narra una historia oscura y lovecraftiana del Caballero Oscuro. Todo un tributo al «Arkham Asylum» de Morrison y McKean.
Enterrada en las profundidades de Gotham… existe otra Gotham. Una pesadilla poblada por retorcidos reflejos de los habitantes de la superficie y alimentada por el miedo y el odio que cala desde arriba. Durante décadas, el portal entre ambas identidades de la ciudad ha permanecido sellado y vigilado por la Corte de los Búhos. Pero ahora se ha abierto, y la versión retorcida del Caballero Oscuro ha escapado… para capturar y entrenar a su propio Robin. Batman deberá formar una incómoda alianza con la Corte para detenerle e impedir que nada más escape a la superficie.
En el vasto catálogo de historias alternativas de Batman, «Ciudad de locura» («Batman: City of Madness«) se siente como un experimento extraño, oscuro y perturbador, que se aleja de la típica narrativa del Caballero Oscuro para sumergirlo en un delirio lovecraftiano. Publicada bajo el sello Black Label de DC Comics, esta miniserie de tres números escrita, ilustrada y coloreada por Christian Ward nos propone un viaje inquietante: existe un Gotham oculto bajo el Gotham que todos conocemos, un reflejo retorcido donde cada habitante tiene un doble monstruoso alimentado por el odio y el miedo de la superficie. Y claro, si existe una réplica de todos, también hay un «Batman de abajo«, un ser de piel viscosa y tentáculos que busca un Robin propio para arrastrarlo a su mundo. La premisa suena a puro delirio —y lo es—, pero también a una oportunidad de explorar qué ocurre cuando un personaje tan arraigado a lo urbano y lo psicológico se enfrenta a horrores cósmicos imposibles de comprender.
Christian Ward plantea la historia desde un terremoto que resquebraja los cimientos de Gotham y abre paso a esta dimensión paralela. El guion mezcla al Tribunal de los Búhos, que en esta versión actúan como guardianes de la entrada a Gotham de Abajo, con villanos clásicos como Dos Caras, el Ventrílocuo o Clayface, todos afectados por las emanaciones de ese mundo corrupto que se cuela poco a poco en la superficie. Lo interesante no es tanto el “qué” sucede, sino el “cómo” se manifiesta: Harvey Dent desarrollando una nueva voz interior que resulta ser su reflejo del subsuelo, un Ventrílocuo cuya obsesión llega a cortarse un agujero en la mano para “darle salida” a Scarface, o un Clayface deformado más allá de lo reconocible. El autor aprovecha estos toques grotescos para reforzar la sensación de decadencia y locura progresiva, como si Gotham City misma estuviera siendo arrastrada a un pozo sin fondo.
La historia es potente y como afirma el propio autor, es un homenaje constante a «Batman: Asilo Arkham» de Grant Morrison y Dave McKean. En este sentido, Ward quiere abarcar demasiado en apenas tres entregas: subtramas que parecen desconectadas, ideas a medio cocinar, preguntas que no obtienen respuesta y personajes que entran y salen sin gran propósito. Es cierto que «Batman: Ciudad de locura» se siente a veces como un collage de conceptos más que como una narración fluida, y que el peso de la atmósfera llega a eclipsar el desarrollo argumental. Pero también es innegable que el cómic apunta a otro tipo de experiencia: no busca tanto la claridad narrativa como la inmersión sensorial, esa sensación de no entender del todo lo que ocurre pero sentir que algo monstruoso acecha.
Y en esa línea, el arte de Ward es el verdadero corazón de la obra. Con colores saturados, contrastes violentos y texturas casi líquidas, cada página parece un lienzo que oscila entre lo onírico y lo pesadillesco. Sus diseños de personajes retorcidos —ese Batman de tentáculos que parece el Batman búho monstruoso de Greg Capullo con tentáculos en la boca— impactan de inmediato. La propia Gotham se convierte en protagonista, con calles deformadas y arquitecturas imposibles que refuerzan la idea de una ciudad viva, corrupta y gemela de sí misma. Es un cómic que se disfruta tanto por contemplación como por lectura, con imágenes que buscan quedarse grabadas en la retina.
Hablar de «Batman: Ciudad de locura» también implica hablar de Christian Ward, porque aquí él lo hace todo: guion, dibujo y color. Ward es un autor británico que ha sabido ganarse un espacio en el cómic contemporáneo gracias a su estilo psicodélico y su gusto por las narrativas poco convencionales. Antes de esta obra, cocreó junto a Matt Fraction la ópera espacial ODY-C, reinventó a Rayo Negro en Marvel Comics junto a Saladin Ahmed (una serie que incluso le valió un premio Eisner), y desarrolló propuestas originales como «Invisible Kingdom» o «Tommy Gun Wizards«, ambas publicadas por Dark Horse Comics. Instalado en Shrewsbury con su esposa, su hija y un perro llamado Thor, Ward ha ido puliendo una voz propia que se mueve cómoda entre lo cósmico, lo abstracto y lo inquietante. Con «Batman: Ciudad de locura» se atreve a ponerse al frente de una franquicia tan cargada de historia como Batman, y aunque el resultado puede ser irregular en lo narrativo, deja claro que su visión estética y conceptual no pasa desapercibida.
Como hemos comentado, una de las decisiones más curiosas de Christian Ward fue plantear esta obra como un “heredero espiritual” de «Arkham Asylum» de Grant Morrison y Dave McKean. No lo oculta: incluso en la tipografía hay ecos directos del clásico de 1989. También lo vemos en los pasajes narrados a través del diario de Alfred, que recuerdan a los escritos de Amadeus Arkham en aquella novela gráfica. En cierto modo, «Batman: Ciudad de locura» funciona como una carta de amor (torcida, visceral) a ese cómic fundacional, aunque desde un prisma más surrealista y con claras influencias de la imaginería de H.P. Lovecraft.
¿Funciona siempre? No del todo. Quizás la propuesta puede resultar confusa y excesiva, hasta un poco cargante. Pero la trama resulta muy atractiva y se lee fluidamente, eso es así. Como casi todo lo que se atreve a salir de la norma, «Batman: Ciudad de locura» puede gustar a unos y provocar indiferencia en otros. Pero lo cierto es que no se parece a ningún otro cómic reciente del Caballero Oscuro, y en un mercado saturado de reinterpretaciones, eso ya es un mérito.
«Batman: Ciudad de locura» aparece en un formato de álbum europeo, más grande aún si cabe, en cartoné con sobrecubierta y papel de calidad máxima. Incluye abundante material extra, desde un texto del autor, portadas variantes y ejemplos gráficos del desarrollo y diseño de este cómic. Además, incluye un texto de David Aliaga, colaborador de Panini Cómics.
En definitiva, «Batman: Ciudad de locura» es un experimento arriesgado, imperfecto pero fascinante, que combina la crudeza urbana de Gotham City con horrores tentaculares que parecen salidos de los relatos de H.P. Lovecraft. No es para todos los públicos ni para todos los paladares: quienes busquen una historia de Batman directa y clara pueden frustrarse; quienes estén dispuestos a dejarse arrastrar por un cómic que apuesta más por la atmósfera y la sensación que por la trama encontrarán una pieza que, al menos, se atreve a ser distinta. En el fondo, eso es lo que más se agradece en un personaje tan versionado: que todavía haya autores con el valor de llevarlo a terrenos insospechados, aunque allí reine la locura.
Batman: Ciudad de Locura
Autor: Christian Ward
Fecha de publicación: Julio de 2025
Edición original: Batman: City of Madness 1-3
ISBN: 9791370130411
Formato: 24.5×31.5cm. Cartoné. Color
Páginas: 176
Precio: 38,00 euros











Me alegro que te haya gustado. A mí menos que cualquiera de las que he citado, pero no está mal