Hablar de Grant Morrison es hablar de exceso, de ideas desbordadas y de una forma muy particular de entender el cómic como algo más que entretenimiento. Y si hay una obra donde todo eso explota sin red es «Los Invisibles«. Este primer volumen que publica Panini Cómics no es solo el arranque de una serie: es casi una declaración de intenciones, un manifiesto psicodélico disfrazado de historia de superhéroes… aunque lo de “superhéroes” aquí haya que cogerlo con pinzas.
Seis años después de su llegada a DC Comics, Grant Morrison empezó la que sería su obra definitiva, en la que recoge todas sus inquietudes intelectuales y personales. Descubre a Los Invisibles en su lucha contra la opresión física y mental de dioses interdimensionales: el líder King Mob; Lord Fanny, una chamán brasileña transgénero; Boy, una expolicía de Nueva York; Ragged Robin, una telépata de pasado misterioso, y Jack Frost, un camorrista de Liverpool que puede ser el próximo Buda. ¡Revolución y magia del caos!
Antes que nada quiero decir que considero a «Los Invisibles» como un cómic de esos que siempre deberían estar en las estanterías. Así lo han entendido las distintas editoriales que han acogido los derechos de DC/Vertigo. Primero Norma Editorial, después Planeta Cómic y tras esta, ECC lo recogió en su Biblioteca Grant Morrison. Panini Cómics no ha esperado ni un año desde la adquisición de los derechos de DC para que los lectores podamos disfrutar de esta espectacular serie, algo hermética para algunos pero, sin duda, fascinante para todos. Este primer tomo en tapa dura recoge los doce primeros números de la serie americana, publicados en USA en formato grapa entre septiembre de 1994 y el mismo mes de 1995, con solo una mensualidad ausente en las librerías.
Lo primero que conviene dejar claro es que «Los Invisibles» no es un cómic fácil, pero tampoco es el jeroglífico imposible que a veces se dice. En el fondo, la base es bastante reconocible: un grupo secreto lucha contra fuerzas que controlan el mundo desde las sombras. Buenos contra malos, libertad contra control. Hasta ahí, todo suena a género clásico. El giro viene cuando Grant Morrison decide que esa premisa es solo el lienzo donde meter absolutamente todo lo que le pasa por la cabeza: magia del caos, conspiraciones, viajes en el tiempo, cultura pop, filosofía, drogas, sexo, política… y sí, también algo de superhéroes. ¿Qué fumaría este señor?
El escocés Grant Morrison venía de debutar en el cómic ingles, en Marvel UK y en revistas como «2000AD«, en donde creó la serie «Zenith«. El éxito que supuso «Batman: Arkham Asylum» le abrió las puertas de par en par de la editorial americana DC, donde dio la campanada con «Animal Man«, una serie en la que el propio escritor hacía su aparición en el desenlace de su etapa. La lluvia de elogios que recibió permitió que una idea tan peregrina como «Los Invisibles» fuera aprobada de inmediato por los mandamases de la editorial, que la consideraron apropiada para la corriente de historias de la línea adulta Vertigo.
El punto de entrada es Dane McGowan, un adolescente problemático de Liverpool que funciona como espejo del lector. Es un chaval cabreado con el mundo, sin sitio en la escuela ni en su casa, pura energía mal canalizada. Su vida arranca en un tono casi de realismo social británico, muy sucio y muy tangible, pero poco a poco la realidad empieza a resquebrajarse. Ahí es donde Grant Morrison empieza a jugar: lo cotidiano se mezcla con lo extraño, lo histórico con lo imposible, y el lector se ve arrastrado igual que Dane hacia algo mucho más grande.
La llegada de los Invisibles —con King Mob a la cabeza— marca el verdadero inicio del viaje. Y King Mob es clave, no solo como personaje sino como concepto. Es carisma, violencia, ironía… y, en muchos sentidos, el propio Morrison idealizado dentro de su ficción. Ese juego metatextual, donde el autor parece colarse en la obra y manipularla desde dentro, es uno de los sellos más reconocibles del cómic. Aquí no está disimulado: forma parte del ADN de la serie.
A partir de ahí, el primer arco funciona como una especie de descenso a otra realidad. Dane pasa de delincuente juvenil a potencial mesías (sí, así de rápido), guiado por figuras como Tom O’Bedlam, que mezcla sabiduría, locura y misticismo callejero. Londres se convierte en un escenario casi mágico, lleno de capas ocultas, donde lo sobrenatural convive con la miseria urbana. Hay ecos de 1984, de la cultura punk, del desencanto post-Thatcher… todo filtrado por la mirada caótica de Grant Morrison.
Cuando la serie avanza hacia su segundo arco, el famoso «Arcadia«, la cosa se desmadra todavía más. Viajes temporales, la Revolución Francesa, Marqués de Sade, Mary Shelley… Grant Morrison no se corta un pelo a la hora de mezclar figuras históricas con su narrativa conspiranoica. Aquí ya no intenta guiarte tanto: te suelta en medio del torbellino y espera que disfrutes del caos. Y lo curioso es que, si entras en el juego, funciona. No necesitas pillar todas las referencias para dejarte llevar. La lectura te deja loco, pero anda que no se disfruta.
Uno de los grandes temas que atraviesa todo el volumen es la lucha entre libertad y control, pero no en plan simplista. Grant Morrison no se limita a decir “estos son los buenos y estos los malos”. A medida que avanzan los números, se percibe cierta ambigüedad moral. Los Invisibles no son precisamente modelos de virtud: son hedonistas, violentos, a veces incluso desagradables. Y en el otro lado, los enemigos tampoco son simples villanos de opereta. Hay una intención clara de cuestionar las estructuras de poder, pero también de señalar que todo es más complejo de lo que parece.
En ese sentido, uno de los mayores aciertos del tomo son los números autoconclusivos finales, realmente chulos. Especialmente el dedicado a un soldado anónimo del «bando enemigo», que desmonta la idea del villano sin rostro. Grant Morrison se detiene a explorar su vida, sus traumas, sus fracasos… y de repente la historia adquiere una dimensión mucho más humana. Es un golpe de realidad dentro de una obra que, por momentos, parece flotar en lo abstracto. Este es uno de mis cómics favoritos de esta serie.
A nivel artístico, el volumen es irregular, pero no malo. El baile de dibujantes se nota, muchos de ellos provenientes del cómic inglés. Steve Yeowell, Jill Thompson, John Ridgway, Chris Weston y Steve Parkhouse. Este batiburrillo de dibujantes encaja con la propia naturaleza cambiante del cómic: casi parece que el estilo visual también forme parte de ese caos creativo.
Lo que sí es constante es la sensación de estar leyendo algo único. «Los Invisibles» tiene esa cualidad rara de los cómics que se sienten personales, casi íntimos, como si estuvieras metiéndote en la cabeza del autor. Grant Morrison no escribe para agradar a todo el mundo, ni falta que le hace. Aquí va con todo: ideas, obsesiones, teorías, provocaciones. A veces acierta de lleno, otras se pasa de rosca, pero nunca deja indiferente.
También hay que asumir que no es una lectura de una sola vez. Es de esos cómics que piden relectura, no porque no se entiendan, sino porque siempre parece haber algo más escondido entre líneas. Un detalle, una referencia, una conexión nueva. Y eso, para muchos lectores, es parte del encanto.
En definitiva, este primer volumen de «Los Invisibles» es una experiencia más que una simple historia. Puede fascinarte o dejarte fuera, incluso ambas cosas a la vez, pero difícilmente te va a resultar indiferente. Es Grant Morrison en estado puro: excesivo, brillante, irritante, estimulante. Un cómic que no busca gustar, sino sacudir. Y solo por eso, ya merece la pena asomarse a él.
Los Invisibles de Grant Morrison #1
Autores: Steve Parkhouse, Grant Morrison, Steve Yeowell, John Ridgway, Jill Thompson, Chris Weston
Fecha de publicación: Enero de 2026
Edición original: The Invisibles #1-12
ISBN: 9791370133849
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
Páginas: 328
Precio: 42,00 euros













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