En «Aventuras de Batman #5«, publicado por Panini Cómics, vuelve a quedar claro por qué la serie inspirada en la mítica «Batman: The Animated Series» sigue siendo una de las interpretaciones más queridas del personaje. Aquí no hay obsesión por el espectáculo vacío ni por los eventos gigantescos que cambian el universo DC cada seis meses. Lo que encontramos son historias pequeñas, humanas y muy bien escritas, capaces de tocar varios registros sin perder nunca el tono clásico de Gotham.
Nuevas historias autoconclusivas con grandes figuras del Universo DC como Superman, Lex Luthor y Ra’s al Ghul. Incluye el primer especial anual de la serie, una antología de historias cortas escritas por Paul Dini que explora la posibilidad de redención entre algunos villanos de Gotham.
«Aventuras de Batman #5» sigue demostrando que esta serie del Caballero Oscuro basada en los dibujos animados de los 90 merece mucho la pena. Los tomos anteriores eran buenos y ahora la cosa sigue al mismo nivel. En USA celebraron el número 25 con la aparición del Superman de los dibujos animados, el de pelo largo y aquí lo tenemos, justo de antes de otro cómic muy especial, «Batman Adventures Annual #1«, que reunió a varios autores de postín, como Klaus Janson, Bruce Timm y John Byrne. Por lo demás, se recopilan tres números regulares del 25 al 27 USA y el tomo, publicado en tapa blanda y a tamaño inferior al de un comic-book, incluye varios pinups, ocho en total, con autores como Mike Mignola y Kevin Nowlan, entre otros, y la introducción de rigor a cargo de Aida Santos.
Empecemos por el cómic situado en según lugar en el tomo y que me ha parecido el más interesante: el primer anual de esta serie. La idea de ver a Bruce y Alfred hablando sobre si Roxy Rocket realmente puede rehabilitarse funciona de maravilla porque sirve como excusa para reflexionar sobre otros villanos que han intentado cambiar, con un prólogo dibujado por Bruce Timm. La conversación sobre Harley Quinn, Catwoman, Espantapájaros o el Ventrílocuo tiene un aire melancólico muy potente, casi como si Gotham fuese un lugar condenado a repetir siempre los mismos errores. Y aun así, Batman sigue creyendo que merece la pena intentarlo. Esa mezcla de esperanza y resignación define muy bien al personaje.
La historia del Ventrílocuo, con dibujo de Mike Parobeck y Matt Wagner y guión de Paul Dini, destaca especialmente. Arnold Wesker trabajando en un programa infantil mientras maneja a una marioneta adorable llamada Croaky es una idea fantástica, pero lo mejor llega cuando reaparece Scarface. El cómic juega muy bien con la fragilidad mental de Wesker y consigue que el lector sienta auténtica pena por él. No es un villano monstruoso ni un criminal brillante; es alguien roto que intenta desesperadamente agarrarse a una vida normal. El contraste entre el inocente Croaky y el regreso del viejo Scarface funciona casi como una batalla simbólica dentro de su cabeza. Es probablemente una de las mejores historias del personaje fuera de los cómics más famosos de Batman.
También hay espacio para una pequeña joya protagonizada por el Joker, realizada por nada menos que John Byrne. El planteamiento es buenísimo: en vez de ver el enfrentamiento clásico entre Batman y su archienemigo, la historia empieza justo después. Joker vuelve caminando a casa tras haber sido derrotado y dedica el trayecto a sembrar el caos entre ciudadanos aleatorios de Gotham. Es un retrato muy efectivo del personaje porque recuerda que el verdadero horror del Joker no está solo en sus grandes planes criminales, sino en su capacidad para convertir cualquier momento cotidiano en una pesadilla absurda. Tiene algo muy incómodo y enfermizo, pero contado con ese equilibrio tan propio de la serie animada.
El número centrado en Barbara Gordon y Dick Grayson cambia completamente el tono y se agradece bastante. La trama universitaria parece más ligera al principio, pero termina siendo una historia importante para Barbara. Después de descubrir que su admirado profesor de criminología es en realidad un ladrón, empieza a replantearse su manera de combatir el crimen. El cómic deja caer de forma bastante elegante el futuro de Oráculo, mostrando a una Barbara más interesada en la inteligencia y el análisis que en salir a repartir golpes. Son detalles pequeños, pero enriquecen muchísimo al personaje y hacen que esta versión del universo Batman se sienta conectada y coherente.
La historia del falso Batman olímpico también funciona bastante bien gracias a su enfoque. Bruce detecta rápidamente que detrás de la máscara no hay un loco peligroso, sino un hombre destruido por el dolor y la venganza. En lugar de machacarlo, decide entrenarlo y ayudarlo durante un mes. Hay algo muy clásico en esa idea de Batman actuando casi como terapeuta silencioso. El desenlace quizá sea previsible, pero transmite muy bien esa idea fundamental del personaje: Batman no debería inspirar odio ciego, sino superación.
No todo el tomo mantiene el mismo nivel y por eso he dejado el número 25 de la serie, un especial de 30 páginas, para el final. El cruce con los melenudos Superman y Lex Luthor se siente bastante más flojo que el resto. La trama con Maxie Zeus y los robots militares resulta demasiado caricaturesca y pierde gran parte del encanto intimista que tienen las otras historias. Batman y Superman funcionan bien juntos, pero aquí parece una aventura genérica de dibujos animados del sábado por la mañana. No llega a arruinar el volumen, aunque sí rompe un poco el ritmo.
Aun así, el balance final de «Aventuras de Batman #5» es muy positivo. Este tomo entiende perfectamente qué hacía especial al universo animado de Batman: personajes vulnerables, villanos trágicos y una Gotham City donde siempre queda espacio para historias humanas entre tanto disfraz y tanta locura.
Aventuras de Batman #5
Autores: Klaus Janson, Kelley Puckett, Rick Burchett, John Byrne, Bruce Timm, Paul Dini y Mike Parobeck
Fecha de publicación: Marzo de 2026
Edición original: Batman Adventures 25-27 y Batman Adventures Annual 1
ISBN: 9791370135607
Formato: 15x23cm. Rústica. Color
Páginas: 144
Precio: 15,00 euros











Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja