Hablar de Nintendo sería complicado, no por el hecho de hacerlo sobre una de las grandes compañías de videojuegos que existe, si no porque sería demasiado extenso y el tema que nos ocupa acabaría diluyéndose. Basta decir que durante décadas la empresa que en sus principios fabricaba barajas Hanafuda (tradicionales naipes japoneses), acabó siendo la que dominaba el mercado del videojuego doméstico en los hogares de millones de personas en todo el mundo. Igual me quedo corto con eso, ¿verdad?. Porque también lo hizo con consolas portátiles, con lo que los “jugones” podían estar fuera de su casa y seguir jugando con sus juegos o personajes favoritos pixelados.

El que escribe estas líneas no puede, hay que ser honesto ante todo, considerarse un fan de la multinacional que creó a Mario, la saga Zelda o Pokémon. Mi primera consola fué de la competencia, Sega, pero he de decir que seguidamente adquirí una Super Nintendo y ahí conocí lo que daba de sí, que no era poco, la potencia de “El Cerebro de la Bestia” (una de las formas en las que llamaban a la gran SN). Con eso dejo claro que no llegué a conocer la consola de 8 bits llamada NES. No conocí a Mario en sus primeros tiempos, ni a Link, ni a Donkey Kong, años después sí, pero igual, igual… no era lo mismo. Es como haber conocido algo ya hecho, pero no sus orígenes ni sus primeras tomas de contacto. Pero eso ha tenido solución recientemente, obviando evidentemente los emuladores que todos conocemos y que llevan años entre nosotros.

Nintendo ha dado un golpe sobre la mesa. No por haber hecho un avance de gráficos, de más definición (véase 4k o vete a saber si en unos años hablaremos de 5k, 6k o cualquier número superior acabado en “k”), de potencia de consola, etc. Es una pena que durante bastante tiempo la compañía esté siendo la tercera en discordia. Sony y Microsoft le han comido terreno precisamente en aspectos que he nombrado más arriba y parece que muchísimos usuarios han preferido eso a lo que la compañía nipona ha ofrecido y parece que se mantiene fiel, la jugabilidad ante todo y unos juegos donde la aventura y el entretenimiento son el buque insignia. La crítica que se le suele hacer, vosotros tendréis vuestra opinión sobre el tema, es que viven de “las rentas” de sus juegos exclusivos y no tiene lo que sus rivales directos ofrecen. Obvio sería decir qué juegos parecen ser los más vendidos o jugados, todos los que sigan este mundillo saben de lo que hablo (shooters, fútbol, mundos abiertos tipo la saga GTA, etc), de ahí que el desmarque de Nintendo en cuanto a un avance técnico parezca siempre que le es negativo en la lucha por el poder o simplemente poder hacerlo en igualdad de condiciones.

Sin embargo, parece que hay golpes de efecto que funcionan y que les dan un globo de oxígeno de cara a que en un futuro oscuro acabase desapareciendo como le pasó a SEGA, un Pokémon Go!, una nueva consola en el horizonte llamada Nintendo Switch (con la posibilidad de poder ser consola doméstica y al mismo tiempo portátil) y antes de estas pasadas Navidades una mini consola que fué ni más ni menos que una bofetada nostálgica para despertarnos de tanta tecnología punta y ¿juegos repetitivos o remasterizados?.

Nintendo Classic Mini es eso, nostalgia pura y dura. Los que tienen la consola que nació en 1983, aguantando 11 años en el mercado (algo impensable en estos tiempo), y gran cantidad de juegos es posible que la aparición de su hermana pequeña no les llame tanto la atención, pero si esa persona es amante de Nintendo y coleccionista dudo mucho que deje pasar de largo la oportunidad de hacerse con ella. Y es que es eso, “la hermana pequeña” o clónica, porque el diseño ha sido respetado detalle a detalle. Eso sí, olvidaos de intentar meter vuestros cartuchos en ella, porque no hay posibilidad para ello. Estamos hablando ni más ni menos que de un emulador oficial con el aspecto de la consola clásica que ya atesora más de 30 años a sus espaldas.

Como estamos en el siglo XXI hay algunos cambios obligados que han tenido que venir, uno de ellos la conexión a los televisores modernos. Con lo que un cable HDMI hará las delicias de todos, el mando clásico también estará presente en el pack (aunque el fallo que le veo es la poca longitud del cable, unos ochenta centímetros). Cruceta, start, select, A y B. ¿Os acordáis de eso? ¿De que con dos simples botones podías jugar a un videojuego? Volvemos a viajar en el tiempo. Una de las quejas que se han hecho es la de que no viene incluido un cargador para la corriente, sí el cable, pero la verdad sea dicha, el problema no es tal realmente. Prácticamente cualquiera de un móvil valdría para ello. Es más, existe -yo la utilizo- la posibilidad de colocar dicho cable usb en la consola y en la entrada de usb de la televisión y al consumir tan poco la consola la tv le proporciona la energía necesaria para funcionar.

El catálogo, como no podía ser de otra manera, ha tenido alguna que otra controversia. Si podían haber quitado tal o cual juego y haber incluído otro mejor, pero no hay que olvidar que son 30 los incluidos y entre ellos los tres de Mario Bros, dos de Donkey Kong, Castlevania, Galaga, Metroid, Pac-Man, Ninja Gaiden o Zelda I y II o Double Dragon II: The Revenge. Vamos, que podríamos decir que los BUENOS sí están presentes.

Posibilidad de guardar partidas (cuatro “ranuras” en cada juego simplemente apretando el botón de select), modificar la pantalla de visionado “original”, “4/3” y la más curiosa es la que emula a los añejos televisores de tubo con sus “rayitas” horizontales.

Olvidaos también de tiempos de carga o actualizaciones varias, aquí se habla de enchufar la consola a la corriente, conectarla a la tv y darle al botón de encendido. Inmediatamente ya podéis empezar a jugar. Cero segundos de espera.

Pero, ¿hay algo malo?. Sí, pero no por la consola en sí o lo que se puede esperar de ella. No le encontré un precio elevado sus 59,95€ por la cantidad de juegos que ofrece y las horas y horas que de entretenimiento puro y duro. Un videojuego actual ya vale eso, aunque técnicamente sea superior, claro está. Lo malo es que muchísima gente se ha quedado sin ella. En su momento se abrieron unas reservas (nunca ha estado en las tiendas para llegar y comprarla tranquilamente) y se agotaron en poquísimo tiempo. Y no, no ha habido reposición como se esperaba, quizás en un futuro, pero de momento la cosa está estancada y sin novedad en el horizonte. ¿Cómo encontrarla? Pues yendo al mercado de la reventa o segunda mano. Una consola Nintendo Mini Classic la puedes comprar por 160€ o más, lo cual podría considerarse como un “timo” o simplemente la ley de la oferta y la demanda. Si alguien tiene un poder adquisitivo por el cual no le importa pagar ese precio, adelante, pero la verdad que es un bastante triste ver estas cosas en tan poco tiempo. No hablamos de algo que ha pasado años y se ha ido revalorizando, si no de un día para otro y por falta de “¿previsión?” de Nintendo. Porque SÍ, ha sido un triunfo. Ha vendido cientos de miles de consolas en poquísimo tiempo (sólo en Japón en una semana más de 260.000), así que habrá que esperar que la multinacional se anime y haga una segunda tanda la cual se volvería a vender seguramente sin dificultad alguna.

Lo más curioso de todo esto es que hablamos de algo hecho oficialmente por Nintendo. Un simple emulador basado en Linux sobre un chip ARM, algo que tenemos a la orden del día en cualquier móvil iPhone o Android. Pero no nos engañemos, aquí LA NOSTALGIA HA GANADO por cuatro cabezas de distancia.

¿El futuro? Pues mucho sueñan que con esta victoria en el horizonte haya otra consola mini de Super Nintendo. Algunas páginas web especializadas en videojuegos ya han hecho sus propias listas de los juegos que tendría que llevar. ¿Igual una N64 también? ¿Sega se podría animar con una Megadrive? ¿Una Master System II?. Yo no albergo duda alguna, triunfarían con un buen catálogo de juegos y un precio asequible. Para muestra lo que ha hecho Nintendo.