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Para nuestra alegría, Planeta Cómic anunció hace algunas semanas que iba a reeditar el manga «Ghost in the Shell» de Masamune Shirow, en una nueva edición que incluye una revisión del autor para edición internacional, con una nueva traducción y una nueva rotulación.

La ocasión está bien escogida, por supuesto, ante el inminente estreno de la versión cinematográfica de Luc Besson protagonizada por Scarlett Johansson, pero la polémica ha saltado en las redes cuando se ha comprobado que la revisión de Shirow para la edición internacional de Kodansha (osea, para poder superar los sensibles y estirados estándares del PGI norteamericano) no se limita a las onomatopeyas o el sentido de lectura oriental, sino que esta nueva edición ha prescindido de algunas escenas explícitas de la obra original.

Osea, aunque suene mal la palabra, estamos hablando de censura. O autocensura, si se prefiere, pero que nos obliga a tragar con las exigencias puritanistas que cubren con una pátina de falso decoro la propuesta de Shirow de fusión entre la genética y la robótica, entre mujeres hermosas y maquinaria.

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