Aquí tenemos el segundo tomo de «Los Cuatro Fantásticos de John Byrne» de la colección Obras Maestras Marvel, una continuación directa de una de las etapas más celebradas del grupo y, también, el momento en el que John Byrne deja claro que no estaba simplemente rindiendo homenaje a Jack Kirby y Stan Lee, sino construyendo su propia visión del cuarteto. Si el primer volumen servía para asentar personajes, recuperar villanos clásicos y demostrar que Byrne entendía la esencia familiar y aventurera de la serie, este segundo es el de la consolidación, el del autor cómodo, ambicioso y dispuesto a jugar con ideas más grandes, tanto a nivel cósmico como moral.

Los Cuatro Fantásticos de John Byrne #2¡Continúa la revolucionaria etapa de John Byrne con La Primera Familia! Desde una misteriosa aventura en Wakanda al emocionante regreso de Galactus, Byrne captura el espíritu que hace de Los 4 Fantásticos el más grande equipo del Universo Marvel. Cada número explora la esencia de estos queridos personajes y los coloca en los más inesperados lugares, como por ejemplo luchando al lado del Doctor Muerte. Byrne también reivindica el poder de Sue, trae cambios para La Cosa y Nova y regresa a La Patrulla-X con motivo del FF #250 USA. Este tomo incluye también la colaboración con Stan Lee para un especial de Estela Plateada, un What If en que Los 4 Fantásticos carecen de poderes y una historia olvidada de Mister Fantástico.

En el primer tomo, John Byrne había hecho un trabajo casi quirúrgico de puesta a punto. Reintrodujo conceptos clásicos, devolvió protagonismo a secundarios olvidados y, sobre todo, redefinió la dinámica interna del equipo. Reed volvía a ser el científico brillante pero torpe de emociones, Ben el corazón trágico del grupo, Johnny el impulsivo con más peso del que aparenta y Sue dejaba de ser «la chica invisible» para empezar a perfilarse como el verdadero eje del cuarteto. Aquellas historias tenían aroma a Marvel clásica, pero con una narrativa moderna, ágil y muy consciente de su legado. Este segundo volumen recoge todo eso y lo lleva un paso más allá.

El tomo arranca con una visita a Wakanda que, siendo honestos, no está entre lo más inspirado de la etapa. Byrne mezcla arqueología imposible, ecos del Imperio Romano y tecnología avanzada en una historia que parece más interesada en el exotismo que en la coherencia. Aun así, sirve para recordar algo importante: los Cuatro Fantásticos no son solo superhéroes, son exploradores. No siempre se trata de salvar el día a base de puñetazos, sino de enfrentarse a lo desconocido, aunque el resultado sea irregular.

A partir de ahí, el volumen va ganando peso y ambición hasta llegar a su gran columna vertebral: Galactus. Byrne recupera al devorador de mundos con una historia que no solo impresiona por su escala, sino por las preguntas que plantea. Terrax, antiguo heraldo, regresa como amenaza desatada, y su enfrentamiento con un Galactus debilitado acaba arrastrando a la Tierra a una situación límite. La imagen de Manhattan arrancada del planeta y flotando por el espacio sigue siendo tan desmesurada como brillante décadas después. Es puro Byrne: concepto imposible, narrado con absoluta convicción.

Aquí se produce uno de los movimientos más interesantes del tomo: Sue Richards sosteniendo literalmente el mundo. Mientras Reed, Ben y Johnny salen al espacio, es Sue quien mantiene a salvo a millones de personas con un campo de fuerza colosal. No hay discurso grandilocuente, no hay subrayado excesivo, solo hechos. Byrne convierte a Sue en el pilar del grupo sin necesidad de proclamarlo a los cuatro vientos. Y en paralelo, siembra la semilla de un cambio cósmico importante con Frankie Raye, cuya incomodidad ante Galactus desembocará en su transformación en Nova, nueva heraldo. Una decisión muy de la Marvel de los ochenta: dramática, heroica y con un poso agridulce.

La resolución del conflicto con Galactus es otro de esos momentos que definen la etapa. Reed Richards decide salvar a una entidad que, objetivamente, ha causado la muerte de billones. Byrne no ofrece una respuesta cómoda, pero sí coherente con la filosofía del personaje: no se trata de venganza, sino de responsabilidad. El universo es más complejo que una dicotomía entre bien y mal, y los Cuatro Fantásticos actúan como exploradores morales tanto como científicos.

El tomo también dedica espacio a Doctor Muerte, y aquí Byrne se permite una de sus inversiones de valores más provocadoras. Latveria aparece como un país que, bajo el yugo de Muerte, funciona mejor que bajo sus supuestos libertadores. La historia plantea, quizá sin querer, una visión inquietante sobre el autoritarismo “eficiente”, algo que leído hoy resulta más incómodo que en su momento. Aun así, es imposible negar lo fascinante que resulta este retrato de Muerte como líder legítimo, amado por su pueblo y presentado casi como víctima de la injerencia extranjera.

Entre medias hay viajes a la Zona Negativa, encuentros con los Inhumanos y la aparición de Gladiator, en una historia que funciona como el equivalente marvelita a enfrentar al grupo con Superman. Es un choque directo, poderoso y muy consciente de lo que representa ese tipo de personaje. Sabiendo que Byrne acabaría redefiniendo al Hombre de Acero años después, la lectura adquiere un punto metatextual delicioso.

Visualmente, el tomo es una lección de narrativa clásica bien entendida. Byrne compone páginas limpias, dinámicas, con una claridad que hoy se echa mucho de menos. Sus diseños beben de Kirby, pero están anclados en una lógica casi industrial. La tecnología parece funcional, los escenarios cósmicos son grandiosos sin resultar caóticos y la acción se sigue con una facilidad envidiable. Puede que algunos encuentren su estilo sobrio o poco espectacular, pero es precisamente esa solidez lo que hace que estas historias envejezcan tan bien.

Más allá de las grandes amenazas y los fuegos artificiales cósmicos, este segundo volumen termina de fijar dos ideas clave: la importancia de Sue Richards como auténtico motor del grupo y el peso emocional de las relaciones personales, especialmente la de Ben Grimm y Alicia. Byrne entiende que, sin esa base humana, todo lo demás se desmorona. No nos olvidemos del «Fantastic Four #250«, con el cuarteto enfrentado nada menos que a la Patrulla-X en un un número doble.

Además, por si fueran poco estos cómics tan estupendos, el tomo se completa con la revisión que hizo John Byrne, con entintado de Tom Palmer, de Estela Plateada y argumento de Stan Lee, que le costaba horrores dejar al personaje de sus amores a otro guionista que no fuera él. Todo un tebeazo. también tenemos el «What If #36» en el que Byrne retrata al grupo de aventureros sin superpoderes. una historia muy entretenida que se pasa volando. Aún hay espacio para un capítulo del «Marvel Fanfare #2» protagonizado por el cuarteto. Con guion de Roger McKenzie y dibujo de Trevor von Eeden, se trata de lo más olvidable del tomo. Un tomo presentado en el formato Obras Maestras Marvel, es decir, una edición de lujo con encuadernación holandesa y materiales restaurados con mimo así como extras de gran interés para el aficionado.

«Los Cuatro Fantásticos de John Byrne #2» no es solo una continuación digna, es el punto en el que la etapa despega de verdad. Hay altibajos, sí, pero los momentos clave justifican por completo la lectura. Es Marvel de los años ochenta en estado puro: imaginación desbordada, dilemas morales y una familia fantástica enfrentándose a un universo demasiado grande para respuestas sencillas.

Los Cuatro Fantásticos de John Byrne #2
Autores: Trevor Von Eeden, John Byrne, Stan Lee, Roger McKenzie
Fecha de publicación: Noviembre de 2025
Edición original: Fantastic Four 241-250, Silver Surfer 1 y material de What If 36 y Marvel Fanfare 2
ISBN: 9791370133139
Formato: 17x26cm. Cartoné. Color
Páginas: 352
Precio: 42,00 euros