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Creo que ha pasado bastante tiempo como para que podamos clasificar «Hereditary» como «El Exorcista» del siglo XXI sin caer en el exceso ni en la euforia. El clásico dirigido por William Friedkin en 1973 llegó a provocar desmayos entre los asistentes a las primeras proyecciones mientras que «Hereditary» se puede considerar como una de las películas más terroríficas de los últimos veinte años. Dos décadas que, por cierto, pueden presumir de una cosecha de películas de terror de muchísimos quilates. Sí, me atrevería a decir que vivimos una nueva edad de oro del cine de terror.
Dirigida por el neoyorkino Ari Aster en 2017, ópera prima del director y antes de su insuperable «Midsommar» (2019), y protagonizada por Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Ann Dowd y Milly Shapiro, «Hereditary» nos presentaba a la familia Graham que, tras la muerte de la abuela y matriarca que deja en herencia su casa a su hija Annie, son testigos de cómo empiezan a suceder cosas extrañas en el interior de la vivienda. Annie Graham, una galerista casada y con dos hijos, no tuvo una infancia demasiado feliz junto a su madre, y cree que la muerte de ésta puede hacer que pase página. Pero todo se complica cuando Charlie, su hija menor, comienza a ver figuras fantasmales. Sí, además de una casa, la herencia de la abuela Graham parecía traer incluida una colección de fenómenos extraños y sobrenaturales.
Lo sobrenatural, el miedo, el dolor y las relaciones familiares se entremezclan en una terrorífica atmósfera que Ari Aster maneja con maestría, a ritmo pausado. Utiliza elementos clásicos de las películas de terror, como las casas embrujadas y los niños (niña en este caso) desasosegantes, pero los reinterpreta. Sin sustos gratuitos, pero con un tono sombrío que asusta. Aunque aclamada por crítica y público (¡el mismísimo Martin Scorsese se declaró fan del film, al que calificó como una película notable!), «Hereditary» solamente debería ser recomendada para los aficionados al género, pues el resto de espectadores sufrirán con su visionado. Es lo malo que tienen las películas de terror, que dan mucho miedo sin están bien hechas y por ese motivo jamás trascenderán las limitaciones autoimpuestas de su propuesta ni llegarán al público más ‘mainstream’. «La película más terrorífica del año«, la calificaron en su momento. «Una de las películas más terroríficas del siglo XXI«, diría yo.
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Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…