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Nunca es un mal momento para reivindicar «Un tipo genial«, pero no tanto la película de Bill Forsyth, que es correcta, sinó para insistir en el mensaje ecologista y anticapitalista que subyace en ella. Y es que no hace falta que os recordemos que nos estamos cargando el planeta a toda velocidad. ¿Lo sabéis, verdad? Todo lo que podemos hacer mal, lo estamos haciendo mal. El calentamiento global, la desforestación, la desertificación o la contaminación de la atmósfera, de los ríos y de los mares no es algo reciente, no nos ha cogido por sorpresa, y el cine lleva muchos años haciendo hincapié en estos asuntos, mirando de concienciar a la sociedad. Una sociedad que había estado ciega, sorda y muda, pero que empieza a tomar conciencia de que estamos a dos pasos del borde del abismo. «Erin Brockovich«, «Los últimos días del Edén«, «Baraka«, «Wall.E«, «Gorilas en la niebla» o «Hacia rutas salvajes» ya nos avisaron. Incluso «Waterworld«, a su manera, era una película ecologista, una de aventuras en un futuro distópico en el que la humanidad malvive en un mundo acuático a causa de la desaparición de los casquetes polares.
«Un tipo genial» («Local hero«) es una película británica del año 1983, dirigida por Bill Forsyth y protagonizada por Burt Lancaster, Denis Lawson, Fulton McKay, Jenny Seagrove, Norman Chancer o Peter Riegert, entre otros, que nos contaba la historia de un pequeño y remoto pueblo escocés al que llega Mac, un ejecutivo norteamericano, con el encargo de comprar propiedades para construir una refinería del millonario del petróleo Felix Happer. La mayoría de habitantes del pueblo aprovechan la ocasión para sacar beneficio y enriquecerse con la venta de sus tierras pero el viejo Ben Knox no está dispuesto a vender. Poco a poco Mac se va encariñando el lugar, un pueblo en el que no creía que iba a encontrar nada y por el que se va a convertir en su más acérrimo defensor.
Como en las mejores fábulas morales de la historia del cine, las de las películas de Frank Capra o Howard Hawks, los protagonistas que llegan al pueblo escocés al principio de la película evolucionan a lo largo del metraje y se convierten en otras personas distintas al final de la película, descubriendo esa humanidad que todos llevamos dentro. Por supuesto, con un mensaje ecologista que quizás a principios de los ochenta algunos consideraron excesivo pero que hoy comprobamos que incluso se quedó corto. La belleza de los paisajes escoceses (la localidad de Pennan, un precioso pueblo pesquero típicamente escocés al norte de Inverness) ayuda, y mucho, a defender la posición de Mac y comprender como Hopper termina por ceder.
Hay quién dice, y no me sorprendería, que «Un tipo genial» inspiró a los creadores de la inclasificable pero genial serie de televisión «Doctor en Alaska«.
Es indispensable mencionar la maravillosa banda sonora, compuesta por el mítico Mark Knopfler, cantante y guitarrista de uno de los mejores grupos musicales de los años ochenta, los Dire Straits.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja