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Una de las series más reconocidas del prestigiosos sello Vertigo de DC Comics es «100 Balas» («100 Bullets«), y seguramente también es uno de los mejores cómics de serie negra, con el permiso de «Torpedo 1936«. Escrita por el guionista norteamericano Brian Azzarello y dibujada por el argentino Eduardo Risso, «100 Balas» es una serie sensacional que, quizás, se alargó demasiado. Y demasiado son diez largos años y un centenar de números haciendo el juego con su propio título, pues la historia se podría haber liquidado con la mitad. Su premisa es tan sencilla como cautivadora: ¿hasta dónde llegarías por venganza? Si te dieran la oportunidad de vengarte con la garantía de que quedarías libre de culpa, ¿la aceptarías? Esa es la oportunidad que ofrece el misterioso agente Graves, en forma de un maletín especial que contiene una fotografia, una pistola y cien cartuchos de munición irrastreables que exculpan al autor de cualquier acto fuera de la ley cometido hacia la persona que aparezca en la imagen. Para los perdedor, traicionados, perjudicados y oprimidos que viven en los márgenes de la sociedad, la oferta es una oportunidad única para saldar cuentas sin tener que afrontar las consecuencias. Pero, más allá del dilema de si apretar o no el gatillo, hay una cuestión aún más profunda y preocupante: ¿quién hace posibles estas acciones… y por qué?

«100 Balas«, obra ganadora de los prestigiosos premios Eisner y Harvey (que también reconoció el trabajo de Azzarello y Risso), trata sobre personajes, en principio sin relación alguna entre ellos, que tienen algún ajuste de cuentas pendiente y un pasado que quieren olvidar o vengar. A ellos es a quienes visita el agente Graves con su seductora propuesta de venganza y, a partir de ahí, cada uno de ellos debe decidir qué camino seguir y que hacer con la oferta que se les ha puesto en las manos… pero los candidatos a empuñar la pistola no son elegidos al azar. Un camino ideado por el guionista de Cleveland formado por un tapiz de conexiones, conspiraciones y tramas secundarias que poco a poco forman un único puzzle de asesinatos y traiciones, con los Minutemen y The Trust como centro de la acción. Son, todas ellas, historias con una premisa repetitiva (el perdedor, el maletín y la oferta del agente Graves como si fuese un Mefistófeles ante Fausto), construidas sobre una idea general que Brian Azzarello nos va desvelando poco a poco, con diálogos brillantes. Junto a él, el brillante dibujo de Eduardo Risso con evidentes influencias de Frank Miller, deslumbrante en el control de las luces y las sombras, y las portadas de Dave Johnson, que las leyendas cuentan que dibujaba a ciegas, sin tener la menor idea de la historia que tenía pensada el guionista.

No hay que olvidar que «100 Balas» llegó en el lugar y momento adecuados. El lugar era, por supuesto, el sello Vertigo dirigido por Karen Berger y el momento es el año 1999, una vez algunas de las joyas de la corona del sello editorial («The Sandman» y «Predicador») habían terminado su periplo. La serie se convirtió rápidamente en uno de los emblemas del sello y los elogios de la crítica y los lectores les acompañaron hasta abril de 2009, cuando llegó el centenario y último número de esta colección que brilla con luz propia, referente ineludible del género noir y el pulp del cómic contemporáneo.

Todos hemos pensado en matar a alguien. Imaginarlo es muy fácil, pero ¿si tuvieras una pistola entre las manos con el dedo en el gatillo, lo apretarías? ¿Qué nos impide hacerlo, nuestra ética o el miedo por las consecuencias de nuestros actos?

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