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Es posible que los personajes más populares del cómic nacional sean Mortadelo y Filemón, los dos agentes de la T.I.A. creados por Francisco Ibáñez. No hay manera de comprobarlo, y quizás El Capitán Trueno o Torpedo 1936 puedan presentar sus credenciales para optar al trono, pero las cifras de unos y otros nunca serán comparables. Ibáñez vende miles de ejemplares de cada nueva aventura de Mortadelo y Filemón, por no hablar de las reediciones o de las ediciones internacionales, y hay quien estima que en total, con más de 200 álbumes y 12.000 páginas editadas, Ibañez ha vendido más de 30 millones de ejemplares a lo largo de su larga carrera.

Francisco Ibáñez presentó la primera historieta de Mortadelo y Filemón el 20 de enero de 1958 en el número 1.394 de la revista «Pulgarcito«. Los dos detectives eran bastante distintos a como son hoy, pero ya apuntaban maneras como agentes del caos, del desorden y de la chapuza. De entre la prolífica producción de Francisco Ibáñez, cientos de aventuras e historietas desternillantes de Mortadelo y Filemón, sería difícil señalar la mejor de sus obras pero muchos suelen coincidir en un título: «El sulfato atómico«.

En 1969, debido al éxito creciente de la serie, la editorial Bruguera encargó a Francisco Ibáñez la primera aventura larga de los dos famosos agentes y el autor creó una historieta con un cuidadísimo dibujo y un elaborado guion, que pasaría a la historia de nuestro cómic. Salvo en «Valor y… ¡al toro!«, la cuarta aventura larga, Ibáñez nunca más llegaría a ese nivel de detalle presionado por una editorial que exigía reducir el tiempo de producción y estas dos obras quedarían convertidas en el momento cumbre de las aventuras de Mortadelo y Filemón.

La historia se publicó serializada, a partir del 27 de enero de 1969 y a un ritmo de dos a cuatro páginas por número, en la revista «Gran Pulgarcito«, y contaba como un invento fallido del Profesor Bacterio, el sulfato atómico, que tenía el efecto de aumentar el tamaño de los animales a los que se rociaba terminaba en manos del dictador Bruteztrausen de la república de Tiranía, cuyo objetivo es dominar el mundo. La misión de Mortadelo y Filemón era la de ir a Tiranía y recuperar la fórmula del insecticida defectuoso de Bacterio. Inspirada en los clásicos del BD francobelga e influenciado por el estilo de algunos de sus autores más destacados (con algunas viñetas copiadas directamente de obras de Franquin, Tillieux o Peyó, todo hay que decirlo), Ibáñez introdujo además en esta aventura nuevos personajes como el Profesor Bacterio, que se convertiría en un fijo a partir de entonces.

«Mortadelo y Filemón: El sulfato atómico» es, en resumen, la mejor aventura jamás dibujada de los dos agentes de la T.I.A., en una historia cargada de humor que parodia las películas de espías de James Bond y satiriza las dictaduras fascistas que a finales de los años setenta aún eran una realidad vigente en España y que hoy, cincuenta años más tarde, vuelven a parecer demasiado cercanas.

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