Mucho más que una película sobre el IRA y de tono criminal, en realidad es una muestra de cine negro ambientada en Gran Bretaña que mediante un par de giros brillantes de guión resulta ser mucho más.

 

 

 

 

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Título original: The crying game

País: Gran Bretaña, Japón

Duración: 112 min.

Género: Criminal, Romance, Thriller

Reparto: Forest Whitaker (Jody), Miranda Richardson (Jude), Stephen Rea (Fergus), Adrian Dunbar (Maguire), Breffni McKenna, Joe Savino, Birdy Sweeney, Jaye Davidson (Dil), Andrée Bernard, Jim Broadbent (Col), Ralph Brown, Tony Slattery, Jack Carr, Josephine White, Shar Campbell, Brian D. Coleman, Ray De-Haan, David Crionelly

Distribuidora: XYZ Desarrollos S.A.

Productora: Channel Four Films, British Screen Productions, Palace Pictures, Nippon Film Development and Finance, Eurotrustees

Dirección artística: Chris Seagers

Fotografía: Ian Wilson

Guión: Neil Jordan

Montaje: Kant Pan

Música: Anne Dudley

 

 


 

 

 

“Juego de lágrimas” fue una de las sorpresas más destacadas en el panorama cinematográfico del año 1992 y seguramente es la película más alabada de su director, el irlandés Neil Jordan, a pesar de que “Entrevista con el vampiro” (1994) y Michael Collins (1996) tuvieron más repercusión y que particularmente yo situaría a un nivel cercano a “Mona Lisa” (1986), esa pequeña joya en la que pudimos ver al mejor Bob Hoskins con permiso de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”.

 

En los óscars de aquel año, en los que triunfó Clint Eastwood gracias a “Sin perdón”, esta película cosechó seis nominaciones (película, director, actor principal, actor secundario, guión original y montaje) venciendo en el apartado del mejor guión gracias a una historia que entremezcla hábilmente una trama criminal relacionada con el IRA con otra de tono romántico y ambiente marginal en los barrios obreros de Londres.



 

Por aquel entonces fue la gran sorpresa, nadie pudo anticipar la gran recepción que tuvo entre la crítica (probablemente ni sus propios responsables) y fue el típico éxito que irrumpe sin que nadie lo venga venir y que de pronto está en boca de todos. Es el típico caso de esas películas en apariencia “pequeñas” que pasa a competir en las mejores plazas por los premios más destacados.

 

Sin duda sus bazas son un buen guión, que no sólo trataba temas controvertidos en aquel momento sino que poseía una gran capacidad de sorpresa (en concreto hay un par de giros que te dejan literalmente KO), y una dirección que acierta con el pulso narrativo y que además extrae a los personajes todo su jugo. Vista hoy estoy convencido que ha perdido parte de su atractivo inicial al no ser tan rompedora como en su día fue, pero sigue resultando de algún modo hipnótica.

 

 

 

 

 

Lo esencial del argumento está ya indicado porque esencialmente es una historia de personajes y perdedores que se centra en Fergus, ese voluntario que recrea Stephen Rea, un tipo con mirada de no haber roto un plato que nos choca ver en las filas de un grupo terrorista como el IRA, porque es esencialmente una buena persona (lo vislumbramos rápidamente), aunque como él mismo dice nada se le da especialmente bien así que tampoco resulta descabellado que se encuentre ahí donde le acojan. Es él y su desbordante humanidad el motor dramático de la película porque la relación que establece con Jody primero y con Dil después son el alma argumental, lo que verdaderamente importa de la historia.


El desarrollo es como si se desdoblara en dos partes y un desenlace. Particularmente me parece mejor, más intensa y mejor resuelta la primera parte en Irlanda sobretodo porque los diálogos entre Fergus y Jody son seguramente lo mejor de la película (aunque tengan la pega de que resulta poco creíble que un secuestrador tenga interés en hablar con el secuestrado, sobretodo si después lo va a mar). En la segunda, en Londres, surge la sorpresa y el impacto del desenlace que, en principio, no te lo ves venir (o no deberías) pero funciona ligeramente peor pienso que porque Jay Davidson no está a la altura de Forest Withaker (aunque curiosamente fue quien recibió la nominación al óscar), y las escenas en las que el interés recae en los diálogos se ven afectadas por ello, aunque esencialmente la atmósfera importa tantos como éstos. El desenlace recupera el tono de la primera parte y cierra bien la historia, con tensión y dejando cada cosa en su sitio sin perder esa capacidad para sorprender que tienen el guión.

 

 

 

 

Guste más o menos se trata de una buena película aderezada por el asunto terrorista, pero en la que lo que de verdad importa es el torrente dramático que fluye a partir de los tres personajes principales: un Jody que lucha por mantenerse con vida, un Fergus que busca su camino y Dil, que desea por encima de todo aceptación. Y resulta especialmente conmovedora porque en los tres late una humanidad que va mucho más allá de ideas preconcebidas, bandos o posiciones. Es como si el argumento quisiera susurrar…..qué más da a qué bando o de qué condición eres, si logras una química especial con otra persona y siendo que a Fergus le ocurre tanto en Irlanda con el soldado como en Londres con la peluquera ¿Quizás al ser buena persona sea más fácil romper las barreras que nos separan de los demás?