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Película con indudable valor testimonial basada de primera mano en la experiencia del exmarine Ray Mendoza (codirector y coguionista) en una incursión de los NAVY seals en Irak y que, además, está contada en tiempo real, con toda crudeza y sin edulcorar momento alguno. Una experiencia potente, que conmociona y te mantiene en tensión a lo largo de su hora y media de metraje. Por desgracia, más allá del interés de conocer qué termina sucediendo y cómo se resuelve el suceso, que me mantuvo pegado a la pantalla, el tono realista en esta ocasión, con la recreación del desconcierto de los soldados y un buen rato de tiempos «muertos» por así decirlo, jugó en su contra. Además te meten directamente en harina sin muchos preámbulos y sin apenas presentación de personajes y eso hace que veas todo a distancia y que no te impacte emocionalmente como debería. Es decir, aplaudo el intento, pero cine similar se ha hecho mucho mejor y es inevitable no acordarse de «Black hawk derribado» (Ridley Scott, 2001), que para mi gusto es muy superior.