Cada generación ha tenido su ídolo deportivo a quien se ha adorado como si fuera un semidiós. Michael Jordan, Nadia Comaneci, Babe Ruth, Michael Phelps, Pelé, Carl Lewis,… Las listas son numerosas y variadas, pero en casi todas ellas aparece siempre el mismo nombre: Muhammad Ali. En el panorama actual, el del deporte mercantilizado, los ídolos de masas tienen menos de héroes y más de productos, pero durante los convulsos y complicados años setenta, Ali hizo historia dentro y fuera del ring.

"Superman contra Muhammad Ali" (Dennis O'Neil y Neal Adams, ECC Ediciones)Una armada alienígena ha amenazado a la Tierra con la destrucción total a menos que seleccionemos a un campeón que luche por nuestra existencia. Superman y Ali se ven forzados a pelear en un ring de boxeo para decidir quién tendrá ese honor. Se necesitará a los dos héroes para detener esta amenaza alienígena. Pero ¿cómo podrán unirse los dos guerreros… cuando solo quede uno en pie?

Los ídolos deportivos son los héroes míticos de nuestros tiempos, los semidioses de la mitología clásica convertidos en hombres. La sociedad adora a las grandes celebridades del deporte, y se convierten en modelos de imitación, referencias, espejos y centros de atención. También en el pasado, desde las primeras Olimpiadas, se producía tal pasión en torno a la figura de los atletas o incluso los conductores de cuádrigas en los circos romanos, pero cada época ha requerido de un tipo de
ídolo diferente, aunque es común a todas que el verdadero sentido de los ídolos está en el ámbito de lo imaginario y que su significación social trasciende al del hombre o la mujer para convertirse en símbolo.

Muhammad Ali fue más grande que el deporte, y más grande que la vida misma. El dijo que era ‘El Más Grande’, y estaba en lo cierto. Fue el más grande de su era en el cuadrilátero, y un ícono mundial del deporte.” Estas palabras corresponden al que, para algunos (por ejemplo, un servidor), es el mejor deportista de todos los tiempos: el jugador de baloncesto norteamericano Michael Jordan.

Muhammad Ali, nacido Cassius Marcellus Clay, Jr. está considerado el boxeador más grande de la historia, y ningún otro luchador se ha acercado un ápice ni al boxeador ni al símbolo que encarnó. Al margen de quién pueda poner en duda la legitimidad del boxeo como un deporte, a causa de la violencia y la agresividad entre competidores, los ecos de la magnitud de la figura de Muhammad Ali siguen resonando más de treinta años después de su última pelea, y menos de un año después de su muerte, en junio del año 2016. Su estilo de boxeo alejado de la técnica tradicional, tan poco ortodoxo que retó a las convenciones deportivas establecidas (“floats like a butterfly and stings like a bee“, osea “flota como una mariposa y pica como una abeja“, se decía sobre su estilo), su autoconvicción y determinación, amante del deporte como espectáculo, grande (mucho, 1,90 metros y 95 kilos) y rápido, elegante sobre el cuadrilátero como ninguno, de retórica punzante, se sacrificó por sus convicciones y principios (estuvo exiliado durante tres años y medio, fue objetor de conciencia y se negó a ser reclutado para la Guerra de Vietnam debido a sus creencias religiosas, lucho por los derechos civiles de razas y religiones), supo ganar y supo perder, superó las derrotas y mantuvo su reinado como campeón frente a todas las adversidades,… Ali fue una de las figuras sociales más importantes de su época, que han trascendido el mundo del deporte y el tiempo. A la mayoría de quienes le idolatraban el boxeo no les interesó ni antes de Muhammad Ali ni les interesó después.

No, no había nadie más adecuado a finales de los años setenta para compartir un cómic de Superman que el gran Muhammad Ali. Si en 1976 ya se había visto un emparejamiento sin precedentes entre DC Comics y Marvel, los dos grandes rivales editoriales del cómic norteamericano, con “Superman vs. The Amazing Spider-Man: The Battle of the Century“, en 1978 DC Comics decidió que el Hombre de Acero tenía que enfrentarse al deportista más popular de la época, dentro y fuera del ring, en el combate más épico de todos los tiempos. Y no había mejor dupla creativa para dar forma a este enfrentamiento que Denny O’Neil y Neal Adams, los llamados “padres del Demonio” por su etapa en Batman entre los años 1969 y 1973.
Como no podía ser de otra manera, “Superman contra Muhammad Ali” fue un clásico instantáneo, obra de referencia aunque controvertida, desde su publicación. El dibujo enérgico, dinámico, y el talento desbordante de Adams, junto con una historia del veterano O’Neil de ritmo frenético y cargada de acción, además del entintado de Dick Giordano, encajaban como un guante en una propuesta original, diferente, ambiciosa, y destinada al éxito. Su reto a la opresión y sus temas de coraje, justicia y sacrificio, era un cómic para la historia.

En una esquina, de rojo y azul y una flamante S en el pecho, el superhéroe de Krypton: Kal-el llamado Superman. En la esquina opuesta, calzón blanco y piel negra, desde Louisville, Kentucky, campeón del mundo de los pesos pesados, el símbolo de una nación y de una época: Muhammad Ali. Los dos héroes se enfrentan en una pelea, de quince asaltos y en apariencia desigual, para representar al planeta Tierra en su combate contra Hun-ya, el guerrero que representa a los hostiles invasores extraterrestres Scrubb del planeta Bodace que quieren destruir la raza humana.
A su alrededor, tal y como se puede apreciar en la espectacular portada, un auditorio de espectadores repleto de estrellas de cine, atletas, artistas, jefes de estado… en resumen, celebridades mundiales y algunos personajes de ficción como, por ejemplo, Lex Luthor. Entre las celebridades, el presidente de los EE.UU. Jimmy Carter y su esposa, el ex-presidente Gerald Ford y su mujer Betty, la actriz Raquel Welch, la pareja musical formada por Sonny y Cher, el quarterback Joe Namath, el artista Andy Warhol, el futbolista Pelé, el cantante y actor Frank Sinatra, el presentador de televisión Johnny Carson, la actriz Lucille Ball o los Jackson Five, entre muchos otros. Docenas y docenas de rostros populares de la época, en su mayoría de los EE.UU., que hoy no reconocemos y cuyos nombres no recordamos.

A finales de los años 90 llegó a los cines la película “Space Jam“. En ella el conejo Bugs Bunny y su equipo de Looney Toons se enfrentaban a un grupo de pequeños extraterrestres en un partido de baloncesto, pero sus rivales contaban con una poderosa arma secreta que los hacía superiores: se habían apoderado de las mejores cualidades de las estrellas de la NBA, como Charles Barkley, Larry Bird, Larry Johnson, Shawn Bradley, Tyrone Bogues y Patrick Ewing. Pero también los Looney tenían junto a ellos un arma secreta: ¡Michael Jordan! En esta película, divertidísima y que se mantiene tan fresca como el día de su estreno, juntaba a los representantes de dos universos diferentes, uno real y otro de ficción, teóricamente incompatibles y sin puntos de encuentro en el mundo real, que unían sus fuerzas para vencer a un ejército de extraterrestres hostiles. ¿Nos suena, verdad? Sí, en efecto, es fácil suponer que en 1996 Muhammad Ali no se hubiera enfrentado a Superman en un cómic sino que sus puños se hubieran cruzado en la gran pantalla, en una superproducción como la del jugador de baloncesto de los Chicago Bulls y los Looney Toons, pero a finales de los años setenta el encuentro entre el Hombre de Acero y el boxeador solamente podía producirse en un tebeo, un soporte de ficción que con el trabajo de Adams y O’Neil ofrece credibilidad y coherencia.

Un cómic como “Superman contra Muhammad Ali“, aunque tiene cuarenta años a sus espaldas, es un clásico que no pasa de moda, puesto que nos habla de asuntos que siguen vigentes y de dificultades que nuestra sociedad todavía no ha conseguido superar. Por eso es un clásico. Como lo es Ali, el campeón del pueblo, de todas las razas, religiones y orígenes. Un hombre que nunca miró por encima del hombro a quienes lo miraban con admiración y que ayudó a todas las personas que pudo, que defendió sus creencias sin importarle las consecuencias, que intentó unir a toda la humanidad mediante fe y amor. Sus propias palabras lo definen: “Mezcló varias tazas de amor, una cucharada de paciencia, otra de generosidad, medio litro de amabilidad, un cuarto de risas, una pizca de preocupación, y luego lo revolvió todo con voluntad y felicidad. Le añadió mucha fe y volvió a mezclarlo todo bien. Después, expandió la mezcla durante toda su vida. Y atendió a todas las personas merecedoras de ello que conoció“.

Los símbolos como Muhammad Ali lo son para siempre porque, al fallecer, no mueren.

Superman contra Muhammad Ali
Guión: Dennis O’Neil y Neal Adams
Dibujo: Neal Adams
Edición original: “Superman vs Muhammad Ali: All-New Collectors’ Edition” núm. C-56
Fecha de publicación: Octubre de 2016
ISBN: 978-84-16840-86-1
Formato: Cartoné. Color.
Páginas: 96
Precio: 15,95 euros