La semana pasada, y antes del estreno de “Luna nueva”, la última película de Roland Emmerich se convirtió en uno de los estrenos más taquilleros del año en España durante su primera semana.

 

https://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/2012.jpgPaís: USA.
Duración: 158 min.
Género: Acción, drama, ciencia-ficción.
Interpretación: John Cusack (Jackson Curtis), Chiwetel Ejiofor (Adrian Helmsley), Amanda Peet (Kate Curtis), Oliver Platt (Carl Anheuser), Thandie Newton (Laura Wilson), Danny Glover (presidente Thomas Wilson), Woody Harrelson (Charlie Frost), Morgan Lily.
Guión: Roland Emmerich y Harald Kloser.
Producción: Harald Kloser, Mark Gordon y Larry Franco.
Música: Harald Kloser y Thomas Wander.
Fotografía: Dean Semler.
Montaje: David Brenner y Peter S. Elliot.
Diseño de producción: Barry Chusid.
Vestuario: Shay Cunliffe.
Estreno en USA: 13 Noviembre 2009.
Estreno en España: 13 Noviembre 2009
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Durante una semana “2012” ha sido el título preferido en los cines españoles, justo el tiempo en que ha tardado en llegar la segunda parte de la saga de Crepúsculo, “Luna nueva”, así de efímero es el mundo del cine y de las modas de taquilla, aunque no hay que engañarse, la película será de las de mayor recaudación en todo el mundo durante el presente 2009.

La carrera cinematográfica de Roland Emmerich viene marcada por varios títulos en la misma línea que “2012” y se ha convertido en un director en el que confiar para los grandes estudios porque sus películas tienen el gancho de la espectacularidad de las imágenes, que es algo que enganchó con “Stargate” (1994), “Independence day” (1996), “Godzilla” (1998), “El patriota” (2000), “El día de mañana” (2004) o “10.000” (2008).

Basta con ver alguna imagen de los trailers de sus películas para que ir a verla se convierta en algo irresistible aunque dudo que después todo el mundo quede satisfecho. El caso es que ninguna de sus películas está cerca si quiera de ser una gran película, ninguna es redonda y sin embargo, sabiéndolo, siendo consciente de que Emmerich es un encantador de serpientes y de que sabe “vender la burra” como nadie se sigue pagando la entrada y se sigue dando por aceptable lo que se ve. Es un poco el truco de la barraca de feria y en definitiva el cine también es eso, también es evasión sin trascendencia y espectáculo pirotécnico.

Asumido pues que “2010” es “cine palomitero” cabe preguntarse si lo damos por bueno o deberíamos exigir más. ¿Basta solo con sentarse en una butaca y dejarse llevar por las imágenes o pedimos un plus? Y lo pregunto en alto porque yo dudo seriamente que valga todo o al menos a mí no me vale. No me es suficiente pasar dos horas y pico (en este caso largas y no sólo en el sentido cuantitativo) entretenido viendo imágenes espectaculares en una pantalla, además quiero emoción, tensión y soltar toda la adrenalina que pueda.

¿Quién no siente curiosidad por ver cómo un cataclismo destroza medio mundo o cómo una ola gigante inunda los valles del Everest? Visualmente son imágenes irresistibles y argumentalmente es un punto de partida con mucho gancho, la verdad es que toda historia apocalíptica lo es y por eso Emmerich reincide, porque nos tiene ganados a los espectadores de antemano; pero no son sólo imágenes lo que le pedimos a una película de esta índole. Eso Emmerich también lo sabe y por eso introduce varias historias paralelas a la principal, de gente normal y corriente para emocionarnos, lo malo es que no lo consigue o al menos no como nos gustaría.

Yo plantearía una comparación a dos niveles. Por un lado plantearos si “2010” os emociona y tensiona tanto como “Mentiras arriesgadas” (James Cameron),  “Depredador” (John McTiernan) o “Parque jurásico” (Steven Spielberg). Ya sé que son historias que nada tienen que ver pero mientras unas te tienen en vilo de inicio a fin y con el corazón en un puño siempre que se desata la acción, “2010” solo lo hace en momentos muy puntuales. Por otro lado pensemos si respecto a otras películas catastrofistas ésta se encuentra a un buen nivel porque yo lo dudo. Al menos “La aventura del poseidón”, “El coloso en llamas”, “Aeropuerto” o la misma “Titanic” me emocionaban y entretenían tanto o más que ésta.

Mi conclusión sobre Roland Emmerich, sobre esta película y sobre todas las que ha hecho es que es un magnífico vende burras pero que el producto que vende a fin de cuentas es como ese juguete que de crío te entraba por lo ojos pero te terminaba aburriendo a los dos días. Emmerich seguramente no tiene dificultades para vender sus historias y proyectos a los grandes estudios (es siempre coguionista) porque todos ellos parte de la espectacularidad y como siempre hace taquilla no tienen miedo en arriesgar en él, pero naufraga al urdir lo que realmente importa, la coherencia interna de lo que cuenta, las relaciones entre los personajes o sus motivaciones y el ritmo mismo de sus películas.

Emmerich está magníficamente dotado para rizar el rizo, para idear escenas tan delirantes como la de un avión pasando entre edificios o bajo un tren descarrilando y cayendo al vacío o la de una ciudad cayendo literalmente al mar; pero cosa muy distinta es que logre emocionarnos, que realmente es lo que le gustaría hacer y no consigue, al contrario de otros directores que sí lo hacen como Spielberg o Cameron. En este sentido Emmerich está más en la línea de Michael Bay, son directores a los que probablemente el tiempo ponga en su sitio en cuanto los efectos de sus películas queden desfasados.

Quizás consciente, de que sus principales virtudes se basan en la capacidad para crear proyectos visualmente atractivos y venderlos y no tanto en la capacidad para emocionarnos con sus dramas o construir argumentos sólidos, Emmerich suele imprimir  a los acontecimientos que rodean a sus personajes un cierto tono autoparódico. No sé muy bien si ello me gusta o me disgusta porque de hecho le resta aún más “peso” dramático a algo que debería tenerlo pero cuando menos  aporta algo de sensatez aunque parezca contradictorio. Es como si con sus “chistes” nos guiñara el ojo dando a entender que sus películas tampoco han de tomarse muy en serio. Ver en este caso a Woody Harrelson haciendo el  locatis o al magnate ruso con sus repelentes hijos haciendo de ser repulsivo sólo causan jocosidad y quitan todo el hierro al asunto que debería tenerlo, es decir, lo que le ocurre al personaje protagonizado por John  Cusack. Y eso por no hablar de las escenas del perrito o de todas aquellas que desafían todas las reglas físicas y que tanto me han recordado la que para mí es el no va más de este tipo de escenas: el armadillo lunar de “Armaggedon” dando saltos por el satélite.

En fin, el caso es que no se trata de una película no recomendable, mucha gente se lo pasará teta viéndola y encima es lo que quiere ver y no otra cosa, pero si se es riguroso o simplemente si se ha visto mucho cine de acción y hay con qué comparar, a “2010” le pasa como a “10.000” y en menor medida a las películas anteriores de Emmerich, que mucho ruido y pocas nueces.

Lo que más me entristece es que Emmerich está versionando la obra maestra de Isaac Asimov “Fundación”. ¿Pero es que no había otro director? Por favor, HBO, haced una versión como dios manda.