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Dicen que sonreír, de manera natural y espontánea, es una señal de bienestar y satisfacción. Es una de las expresiones más simples y elementales de los seres humanos, que desarrollamos desde la más tierna infancia, aunque en realidad es un proceso complejo que activa muchas partes del cuerpo: en el cerebro se activan la corteza temporal prefrontal, los ganglios basales y el hipotálamo, de mueven los músculos faciales, estimula la liberación de sustancias como dopamina, serotonina y endorfina, y reduce los niveles de cortisol. Además, la sonrisa se contagia: cuando alguien sonríe nos provoca el impulso de sonreír.
Pero sonreír también puede ser terrorífico. ¿Quién no recuerda la sonrisa del demente Jack Nicholson en la icónica escena de «El Resplandor«, rompiendo la puerta con un hacha y asomando la cabeza en la habitación en la que se esconde Shelley Duval al grito de «¡Aquí está Jaaaaack!«? Por no hablar de otros muchos villanos, maníacos, dementes y monstruos sonrientes como Cruela de Vil, Norman Bates, Pennywise, el Joker, Freddy Krueger, Chucky, Hans Landa, Bitelchús o Hannibal Lecter. Capítulo aparte merece «Smile«, la película de Parker Finn donde la sonrisa es el síntoma de haber sido poseído. Una de las mejores películas de terror del siglo XXI, un clásico moderno del género.
Protagonizada por Sosie Bacon, Jessie T. Usher, Kyle Gallner, Caitlin Stasey, Kal Penn y Rob Morgan, «Smile» nos contó como, después de presenciar un incidente extraño y traumático que involucra a un paciente, la doctora Rose Cotter comienza a experimentar sucesos aterradores que no puede explicar. A medida que un terror abrumador comienza a apoderarse de su vida, Rose debe enfrentar su inquietante pasado para poder sobrevivir y escapar de su nueva y horrible realidad. Detrás de todo ello hay una presencia maligna cuya seña de identidad es una aterradora sonrisa, una entidad demoníaca la que te persigue tras haber presenciado una muerte traumática.
Aquí no llegó, pero a finales de septiembre de 2022 «Smile» puso en marcha una espeluznante campaña de marketing en los EE.UU. que consistía en situar a sonrientes actores de pie en las gradas de algunos de los principales eventos deportivos del país con la palabra «smile«, pocos días antes del estreno de la película. La campaña tuvo cierta repercusión, pero lo cierto es que la película estaba francamente bien y da mucho miedo. Sus 17 millones de dólares de presupuesto se multiplicaron más de diez veces para obtener una recaudación final de más de 200 millones de dólares.
Si tras esta aterradora experiencia con «Smile» aún quieres más, hay una «Smile 2» con Parker Finn repitiendo en la dirección que no está nada mal, con sus sonrisas y la fatídica profecía para quien las presencia. Curiosamente la secuela de «Smile» cuenta con Ray Nicholson, hijo de Jack Nicholson, en el reparto de manera que la aterradora sonrisa del protagonista de «El Resplandor» vuelve a lucir, en el rostro de su hijo, en la gran pantalla.
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Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja