Quizás algunos recuerden una pequeña película titulada «Un tipo genial» («Local hero») del año 1983, dirigida por Bill Forsyth, donde el protagonista, un yuppie de Wall Street, llegaba a un pequeño pueblo de Escocia para negociar los derechos de propiedad de una refinería petrolífera y quedaba seducido por el lugar, convirtiéndose en su principal defensor. Ese choque entre la codicia de las grandes empresas y la defensa del patrimonio natural de los ecologistas vuelve a aparecer en «Tierra prometida«, la última película de un director tan singular y comprometido como Gus Van Sant.

El subsuelo de toda Europa puede contener elevadas reservas de gas natural, y la Agencia Internacional de la Energía considera que puede ser la solución a la dependencia energética del continente. La tecnología necesaria para liberar el gas natural del subsuelo a precios competitivos se conoce con el nombre de fracking, o fracturación hidráulica, y consiste en inyectar agua y ciertos productos químicos a elevadas presiones en las rocas, a grandes profundidades, para provocar pequeñas vibraciones sísmicas que puedan romperlas y de esta manera liberar y hacer aflorar a la superfície el gas almacenado en las fisuras de los estratos de pizarra. Pero el fracking no está exento de riesgos, el principal de los cuales puede ser en algunos casos la destrucción y contaminación de las reservas naturales de agua del subsuelo. Como es evidente, los movimientos ecologistas y los defensores del  medio ambiente se han levantado en armas contra la citada técnica. Y Hollywood no podía quedar al margen del debate.
Protagonizada por Matt Damon, Frances McDormand, John Krasinski, Rosemarie DeWitt , Scoot McNairy, Titus Welliver y Hal Holbrook, entre otros, a partir de un guión del mismo Matt Damon con la colaboración del actor, escritor y director John Krasinski que recogen una historia de Dave Eggers, «Tierra prometida» («Promise Land») de Gus Van Sant («Elephant», «El indomable Will Hunting», «Paranoid Park», «Descubriendo a Forrester», «Drugstore Cowboy», «Mi Idaho Privado»,…) nos presenta a Steve Butler, un buen tipo que ha recorrido un largo camino desde su granja natal hasta la gran empresa energética en la que trabaja. Pero su trayectoria cambia de rumbo cuando llega a un pueblo de Pensylvania con su compañera de trabajo Sue Thomason, al que llega para intentar convencer a los lugareños de que exploten la riqueza que atesoran bajo sus pies y para comprar los derechos de perforación a los propietarios de las tierras, donde encuentra muchos corazones abiertos y también muchas puertas cerradas. El fracking genera desconfianza y miedo, y la gente del pueblo no está dispuesta a aceptar la oferta de la empresa de Butler. Pero las cosas se ponen mucho peor con la llegada del ecologista Dustin Noble. (www.promisedlandthefilm.com)

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