Reseña de una película desmitificadora del western que fue uno de los primeros y más brillantes alegatos en favor del pueblo indio, allá por 1970, y que está protagonizada por Dustin Hoffman.

 

https://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/pequeno_gran_hombre.jpgPaís: Estados Unidos
Título original: Little Big Man.
Reparto: Dustin Hofmann (Jack Crabb), Faye Dunaway (Louise Pendrake, la mujer del vicario), Chief Dan George (Viejo Guarda Pellejos, jefe cheyenne), Martin Balsam (Merryweather, vendedor ambulante), Richard Mulligan (general George Armstrong Custer), Kelly Jean Peters (Olga, esposa sueca de Jack), Aimée Eccles (Rayo de Sol, esposa cheyenne de Jack), Cal Bellini (Oso Joven, guerrero cheyenne), Jeff Corey (Wild Bill Hickok, pistolero).
Producción: Cinema Center Films.
Productor: Stuart Millar.
Guión: Calder Willingham, basada en la novela de de Thomas Berger.
Fotografía: Harry Stradling Jr.
Música: John Hammond y John Strauss.
Montaje: Dede Allen.
Duración: 150 minutos,
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Dustin Hoffman protagonizó en 1970 este atípico y curioso western tragicómico de Arthur Penn en el que un anciano de 121 años (Jack Crabb, el propio Hoffman) recuerda su vida junto a los cheyennes después de que una partida de pawnees asesinara a sus padres. Jack vive a partir de ese momento con los indios (que se autodenominan “seres humanos” en contraposición con los “blancos”), pero también regresa a la “civilización” a casa de un vicario protestante y su mujer, se bautiza y vive una etapa espiritual, se une a un  vendedor ambulante, se hace pistolero, se casa con una sueca que es raptada por los indios (Olga) y en su búsqueda vuelve a encontrarse con los indios y el Jefe Viejo Guardapellejos, salva a una joven india parturienta, asiste a como los soldados del General Custer arrasan el poblado indio, cae en el alcoholismo y en una profunda crisis personal y termina asistiendo a la derrota de Custer en Little Big Horne.

El relato consiste en una sucesión de flashblacks narrados en primera persona y tiene un planteamiento que recuerda de manera notable a la novela picaresca española en el sentido de que el protagonista va malviviendo tras una desgracia personal y vive una serie de acontecimientos que trasmiten realmente una lección moral. Es, por así decirlo, un proceso de aprendizaje tanto para el personaje como para nosotros como espectadores cuando la vemos.

Esta película probablemente es uno de lo más destacados alegatos a favor del pueblo indio que se han hecho nunca y una grandiosa denuncia del genocidio que se cometió con ellos y sin duda ha servido de punto de partida para títulos posteriores como “Bailando con lobos”. Hay en toda ella una crítica mordaz desarrollada brillantemente a través de la ironía y logra una gran combinación entre comedia y drama sin renunciar a mostrarnos ni momentos jocosos (casi todo lo que tiene que ver con el general Custer) ni otros más despiadados (el asesinato inmisericorde de los indios de la reserva). El resultado es un tono agridulce que la convierte en una película muy especial que deja un profundo poso anímico.

Dustin Hoffman, por su puesto, cumple a la perfección con su papel de “Pequeño gran hombre”, que es en realidad un hombre que le ponen los indios por su corta estatura y valentía, pero no sólo él realiza una gran actuación ya que la película cuenta con un notable  reparto en el que destacan Faye Dunaway, Martin Balsam y sobretodo el actor indio Chief Dan George, que recibió una nominación al óscar como mejor secundario por esta película por su papel de Jefe Viejo Guardapellejos.

Aunque se trata de una película infravalorada, fue la producción más cara que filmó Arthur Penn, un director magnífico, tal y como demostró en títulos como “El zurdo” (1958), “El milagro de Ana Sullivan” (1962), “Bonnie & Clyde” (1967) y sobretodo esa maravilla que es “La jauría humana” (1966). A pesar de sus más de dos horas y media de duración es una película que se pasa en un suspiro gracias a un guión que viene a ser algo así como una epopeya personal en la que el protagonista va dando “bandazos” por la vida desengañándose de todo y de todos.

Hay también un recorrido por la historia del oeste y los indios en el que de alguna manera se desmitifica la imagen épica e idealista que había proporcionado previamente el western y se pone en tela de juicio el tratamiento maniqueo de la mayoría de éstas películas e incluso de la propia visión del vencedor de la historia de los Estados Unidos. El argumento muestra como Jack Crabb va malviviendo por todos los estratos sociales de la sociedad que creó el oeste americano y demuestra que los marbetes de buenos y malos no estaban tan claros como se nos ha querido mostrar siempre. De hecho Jack va desengañándose con todos y cada uno de los amigos que hace en una sociedad del “hombre blanco” en la que sólo parece existir el egocentrismo (Custer), el engaño a cualquier precio (el vendedor ambulante), la lujuria (la mujer del vicario), la violencia (los pistoleros), el juego y el alcohol (Deadwood) y la ambición por la tierra (la que lleva al 7º de Caballería a cometer sus atrocidades con los indios). Por el contrario los indios muestran otro tipo de moral e integridad y matan para defenderse.

La película es a la vez entretenimiento y lección moral y logra a través de la sonrisa que nos planteemos que finalmente, con quien mejor está Jack Crabb es con los indios, a diferencia de lo que podríamos creer inicialmente. En ese sentido el final, cuando Jack Crabb se reúne con el jefe indio, resignado a su muerte inminente, resulta muy esclarecedor porque como espectador comprendes que es con él con quien realmente encuentra el equilibrio vital. La pregunta que parece plantear Arthur Penn con esta película viene a ser algo así como ¿Y si los indios tenían mucho más que enseñarnos de lo que pensamos y los arrasamos caprichosamente?