Hemos difrutado durante trece álbumes de “El Pequeño Spirou“, pero ya no podemos dejar pasar ni un día más sin explicar todas las bondades de este cómic maravilloso que aúna lo mejor del género de la tira cómica con el estilo propio del BD francobelga. Sirva esta reseña para glosar los elogios que le dedicamos a toda la serie de Tome y Janry.

 

image1Una visita al hospital, a la tienda de ropa interior femenina, despojar de sus bañadores a las mujeres que toman el sol en la playa, un concierto de rock y ¡hasta un incendio!… Situaciones cotidianas que este pequeño personaje convierte en delirantes.

Creo que descubrí al pequeño Spirou, la versión infantil del botones del Hotel Moustique creado por Rob-Vel en 1938, en el suplemento juvenil “El Pequeño País”, revista dominical del periódico español “El País” entre 1981 y 2009, a mediados de los años ochenta. En ese momento, como es lógico por la edad que tenía, simplemente recuerdo que me desternillaba de risa con las hilarantes historias del travieso chiquillo vestido de rojo, pero el tiempo me ha servido para apeciar como se merecen todas las virtudes que esconde “El Pequeño Spirou” (“Le Petit Spirou”) de Tome y Janry. Para empezar disparando muy alto, creo que podría afirmar que en el género de la tira cómica solamente Bill Watterson se encuentra un escalón por encima de ellos.

Las aventuras de Spirou y Fantasio fueron creadas originalmente por Rob-Vel para la revista “Le Journal de Spirou” en 1938, pero su máximo nivel lo alcanzó el maestro André Franquin, y solamente Tome y Janry (bueno, y el murciano José Luis Munuera, por supuesto) demostraron ser dignos continuadores de la labor del belga de la Escuela de Marcinelle con los personajes.
Los creadores de las aventuras infantiles de Spirou son Jean-Richard ‘Janry’ Geurts y Philippe ‘Tome’ Vandevelde, que se conocieron en un curso de comics en la década de 1960, y luego ambos siguieron estudiando este arte en la Art Academy en Sint-Lambrechts-Woluwe. Después de esta formación, y de haber trabajado como asistentes, llegaron al magazine “Spirou”, donde definieron sus seudónimos actuales, Janry y Tome.
A partir del año 1984, Tome (Bélgica, 1957) y Janry (Zaire, 1957) se hicieron cargo de la serie “Las aventuras de Spirou y Fantasio” del sello francés Dupuis, empezando por “Virus” y terminando con “La máquina que sueña” (“Machine qui rêve”), catorce álbumes en catorce años incluyendo joyas como “El despertar de Z”, “Spirou en Moscú” o “La infancia de Spirou” (“La jeunesse de Spirou”) del año 1987, episodio especial con motivo del cuadragésimo quinto aniversario de la revista. A raíz de esta historieta basada en la infancia de Spirou, Tome y Janry decidieron crear una nueva serie ambientada en los años escolares de este personaje siempre vestido de botones, con un uniforme de color rojo. 
Junto a ellos, desconocido para muchos pero indispensable para “El Pequeño Spirou”, el dúo también cuenta con Stéphane ‘Stuf’ De Becker, responsable del color. De hecho los rumores cuentan que Tome, el guionista, también dibuja, que Janry, el dibujante, también escribe los guiones y que Debecker, el colorista, dibuja y escribe. Para obtener un resultado final tan coherente y monolítico entre texto, imagen y color, no puedo más que creerme estos comentarios sobre su proceso de trabajo.
Los tres han publicado más de una docena de álbumes que recrean la infancia de este pillo lleno de ternura, consiguiendo que cada una de las páginas de este libro nos robe una sonrisa. O una sonora carcajada. Y además, para redondear, han recibido numerosos premios. Por ejemplo, el de Mejor Álbum de Humor y Mejor Álbum Juvenil en el Festival International de la Bande Dessinée d’Angoulême del año 1992.

Este decimotercer volumen de las aventuras del Pequeño Spirou, nos ofrece una versión infantil del clásico personaje del BD francobelga, más ingenua y desenfadada, y libre de los prejuicios y las complicaciones de los adultos. Sin Fantasio, ni el profesor Conde de Champiñac, ni el aspirante a dictador Zantafio, ni la periodista Seccotine,… pero con Teleles, Blancaflor, Bola de sebo, Cassius, el señor Colilla, la señorita Cifra, el abad Langelus, o el abueli. Mucho más divertido y con un tono taaan politicamente incorrecto… Un cura que sueña con seducir mujeres, un profesor de gimnasia fumador y entrado en carnes, una profesora en minifalda y con liguero, una abuela sin memoria pero con muy mala leche, un protagonista que no tiene reparos para espiar en la ducha a las hermanas de sus amigos, un abuelo que cuela a sus conquistas por la ventana,… Lo que en su momento fue solo una salida creativa al personaje se ha convertido en el cénit de un género menospreciado y poco valorado, el de las tiras cómicas.

Uno de las dificultades más habituales que uno puede encontrarse al reseñar una tira cómica estriba en que éstas suelen prescindir de argumento. La mayoría de ellas, desde “Fred Basset” hasta “Garfield”, no tienen un hilo conductor ni una historia que contarnos. Se limitan a mostrarnos breves escenas de sus personajes protagonistas, de habitualmente tres o cuatro viñetas, que como mucho se extienden a lo largo de varias tiras. Algunas, pocas, algo más. La mayoría se limitan a un chiste breve, una ocurrencia graciosa, y a la siguiente. Las tiras humorísticas parecen un género estancado, que no se ha renovado desde hace cincuenta años, que insiste en la misma idea, en el mismo modelo, en el mismo concepto. Pero hay excepciones, obras únicas e irrepetibles como “Calvin y Hobbes” de Bill Watterson y este “El Pequeño Spirou” de Tome, Janry y De Becker, que van y vuelven, giran sobre sí mismas y regresan. Un placer.

El Pequeño Spirou num.13: ¡Felices sueños!
Autores: Tome y Janry
Título original: Le Petit Spirou num.13: Fais de beaux rêves
ISBN: 978-84-92534-81-4
Formato: 21x29cm. Cartoné. Color
Páginas: 48
Precio: 14 euros