Seguimos recordando clásicos imprescindibles y en esta ocasión le toca a un título básico del cine neorrealista italiano, una película de Vittorio de Sica que ganó el óscar a mejor película de habla no inglesa en 1948 y que anticipó a la obra maestra del cineasta “El ladrón de bicicletas”.

 

https://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/ellimpiabotas.jpgTítulo original: Sciuscià
País: Italia
Duración: 93 minutos
Ficha técnica.
Dirección: Vittorio De Sica
Guión: Sergio Amidei, Adolfo Franci, Cesare Zavattini, Cesare Giulio Viola.
Fotografía: Anchise Brizzi
Música: Alessandro Cicognini.
Producción: Giuseppe Amato, Paolo William Tamburella.
Productora: Societa’ Cooperativa Alfa Cinematografica.
https://www.via-news.es/images/stories/puntuaciones/5.gif

Reparto: Franco Interlenghi (Pasquale), Rinaldo Smordoni (Giuseppe), Aniello Mele (Raffaele), Bruno Ortensi (Arcangeli), Emilio Cigoli (Staffera), Gino Saltamerenda (Il Panza), Anna Pedoni (Nannarella), Leo Garavaglia (Commissario P.S.), Enrico De Silva (Giorgio), Antonio Lo Nigro (Righetto), Angelo D’Amico (Il siciliano), Antonio Carlino (L’abruzzese), Francesco De Nicola (Ciriola), Pacifico Astrologo (Vittorio), Maria Campi (La chiromante), Peppino Spadaro (Avvocato Bonavino), Irene Smordoni (Mamma di Giuseppe), Antonio Nicotra (Bartoli, l’assistente sociale).

Ver “El limpiabotas” hoy en día constituye, como con muchas otras películas clásicas, una auténtica hazaña de espeleología fílmica. Este tipo de películas ya no se emiten en las televisiones o no al menos en las públicas, menos aún en hora punta. ¿A quién le interesan las películas en blanco y negro? ¿A quién le interesan las películas de los años 40’s? Y me parece injusto, francamente, que algunos directores como Vittorio de Sica queden relegados al olvido o al pago por visión que sólo unos pocos se pueden permitir.

Soy consciente de que no todos tenemos el interés por recuperar clásicos y que la gran mayoría ve cine para entretenerse, pero no me parece lógico que las modas y las audiencias se impongan de tal modo que películas que son imperecederas queden fuera del alcance de casi todos. No sé si se ha meditado sobre esto, pero en definitiva las audiencias, las modas, los gustos apriorísticos provocan de manera indirecta una suerte de censura que me parece reprochable. Es decir, el programador de televisión elimina ciertas películas del prime time porque “a priori” no van a gustar a una gran mayoría, que va a cambiar el canal al ver una película en blanco y negro, es decir, la censura y la relega a horario de madrugada o simplemente la descarta. De ese modo muy poca gente puede llegar a ver “El limpiabotas”, o “El ladrón de bicicletas”, o “El halcón maltés, ”Cayo largo”, “Casablanca” y tantas y tantas películas.

El otro día vi “El limpiabotas” de Vittorio de Sica, rebuscando entre bases de datos de cine clásico y por supuesto no porque la programara ninguna televisión y me topé con una película inolvidable, conmovedora y capaz de dejar una profunda huella anímica y artística.

El logro cabe apuntárselo a la par a la maestría tras la cámara de Vittorio de Sica y tras el guión de Cesare Zavattini (¡¡grandioso siempre este guionista!!! aunque en este caso comparte honores con Sergio Amidei, Adolfo Franci y Cesare Giulio Viola.

La película se centra en dos niños, Pasquale y Giussepe, que viven en el Nápoles ocupado por los norteamericanos de la postguerra (2ª guerra mundial) ganándose la vida como limpiabotas, aunque un término más adecuado sería “malviviendo” como tales. El asunto le sirve a De Sica para hacer un acertado retrato de época y desarrollar un drama de corte realista y con una fuerte carga emotiva. Pienso que lo mejor de esta película es que te impacta profundamente, sobretodo porque su tono realista, pseudo-documental te recuerda que hubo un momento en que Italia pasó por el trance que vemos en pantalla. Hoy vemos grandes series y películas actuales que muestran la tragedia de la segunda guerra mundial y otros conflictos, pero tamizados muchas veces por técnicas modernas, por un ritmo adecuado a los gustos audiovisuales de hoy en día; pero “El limpiabotas” viene a ser un viaje en el tiempo, al pasado, a la época en la que se relatan los hechos y permite penetrar en el ambiente de la época, observar las penurias y el espíritu de lucha personal pese a ellas,  emana de ella un aroma de fatalidad, muestra un panorama desolador….son sensaciones que difícilmente puede plasmar un cineasta actual, pero es que además De Sica muestra en cada una de sus películas una sensibilidad muy especial que hace que sus personajes nos sean cercanos, nos interesen, nos conmuevan. Seguramente “conmovedor” sea uno de los calificativos que mejor definen al director italiano y “El limpiabotas” es uno de los mejores ejemplos de ello.

Este film sigue la estela de otros dos clásicos del neorrealismo italiano como son “Roma ciudad abierta” y “Paisa”, ambas de Roberto Rossellini y anticipa otros grandes títulos posteriores del propio De Sica que hoy son grandes clásicos como “El ladrón de bicicletas” (1948), “Milagro en Milán” (1951), “Umberto D” (1952) o “Estación Termini” (1953). Estilísticamente la base del neorrealismo, identificable en esta película, se basa en el tono realista, en la ambientación argumental en los entornos más desfavorecidos de la sociedad, en el desarrollo de dramas personales en los que los protagonistas han de hacer frente a la fatalidad derivada de la situación político-social que les ha tocado vivir.

Los niños de esta película, Pasquale y Giussepe, tienen que limpiar botas para ganarse la vida, viven en una Italia pobre, masacrada por la segunda guerra mundial y el fascismo, pero disponen de dos grandes tesoros: la ilusión (representada en este caso en un caballo que quieren comprar) y su amistad. Sin embargo la fatalidad y la sociedad ponen ambas cosas en peligro y terminan en una cárcel para menores en la que el pillaje, las mentiras, el afán por sobrevivir a toda costa los cambia radicalmente. Como espectador la historia te hace sentir rabia, te zarandea, te hace tomar conciencia de las dificultades de una época por lo que ganas un valor añadido con esta película que no consiguen otras de planteamiento similar.

Pese a que los actores no son profesionales todos ellos poseen una gran naturalidad y emotivamente la película gana muchos enteros. Esa fusión perfecta entre lo emotivo y lo documental son las claves de su éxito, que le valió para ganar el óscar a mejor película de habla no inglesa en 1948 y la ha encumbrado como uno de los títulos básicos del neorrealismo en particular y del cine europeo en general.