El haiku es una poesía tradicional japonesa, breve, que consiste en la combinación de versos de cinco y siete sílabas, sin rima. Naturalidad, sencillez, sutileza, austeridad, harmonía y equilibrio, el haiku a menudo se ha asociado con el zen, y esta filosofía a menudo lo ha ultilizado para divulgar su conocimiento. Si tuviese que definir «El Canto de los Sables«, de Tentacle Eye y Antoine Ozanam, posiblemente usaría estos mismos adjetivos.


image1El choque del mundo occidental con la China del siglo XIX genera una oleada de caos, guerras y violencia. Atrapado entre la lealtad y la supervivencia, entre el amor y el odio, el guerrero So-Eyon deberá demostrar sus habilidades con los sables al mando de un ejército para impedir la desaparición de las viejas tradiciones.

La irrupción de la editorial Yermo Ediciones en el mundo del cómic ha supuesto un soplo de aire fresco para un mercado demasiado consolidado y poco competitivo que, si hablamos en concreto de bande dessinée BD francobelga, se repartían dos o tres editoriales en un coto cerrado. A su vez, su aparición nos ha dado la posibilidad de ver publicados en nuestro país y en nuestra lengua algunos títulos destacados que, de otra manera, no hubiesen llegado nunca a nuestras librerías. Títulos desechados, descartados, demasiado caros, demasiado complejos, demasiado ambiciosos o, simplemente, olvidos injustificables. Es evidente que sus competidores directos no estarán nada satisfechos de su llegada, y menos aún comprobando que en Yermo Ediciones tienen un buen olfato para la elección de los títulos que publican y una calidad en la edición que les convierten en competitivos, en una empresa seria y de fiar.

Sus novedades del mes de febrero han incluido la epopeya medieval «Los caminos del Señor» de David Fabrice, Gregory Lassablière y Jaime Calderón (de la que hablaremos pronto) y los aires orientales de «El canto de los sables» de Tentacle Eye y Antoine Ozanam. Curiosamente la primera, la elaborada historia de David y Lassablière que recorre los acontecimientos del continente europeo desde la formación de sus naciones hasta la era del Renacimiento y el espectacular dibujo de Jaime Calderón, con sus épicas batallas campales y las detallistas peleas cuerpo a cuerpo, han minimizado la relevancia de la segunda, un elaborado relato cargado de filosofía, poesía y virtuosismo gráfico de Antoine Ozanam y Tentacle Eye (pseudónimo del ilustrador Antoine Carrion) que nodebería pasar desapercibida.

«El Canto de los Sables» («Le Chant des Sabres») nos traslada hasta China del siglo XIX, en plena época de transición entre las tradiciones del pasado que luchan por permanecer y la modernidad de aires occidentales que irrumpe con fuerza, con una historia que, ineludiblemente, nos remite a las leyendas niponas del otro lado del mar, al código de honor samurái conocido como el Bushido Shoshinshu, al «Buke-jiki» y el «Chucho Ju-jutsu» de Yamaga Soko, y a las gestas de los guerreros samurái inmortalizadas por la literatura japonesa, como por ejemplo el «Heike Monogatari» («El cantar de los Heike») que relataba como, en el siglo XII, Japón vivió una guerra civil por el control del poder protagonizada por los Heike y los Genji, dos clanes de guerreros samuráis. La epopeya finalizaba con la muerte de todos los hombres de Yoshitsune, salvo la del monje guerrero Benkei, que había acompañado a su señor en todas sus aventuras y que resistió todas las embestidas de sus enemigos para dar tiempo a Yoshitsune a cumplir su deber de samurái: quitarse la vida.
En «El Canto de los Sables» Fu Zhu-Ing es un poderoso señor feudal, aunque viejo y con evidentes síntomas de senilidad. Estas actitudes incoherentes irritan y ofenden a sus enemigos, preocupan a su hijo Wei y asustan a sus hombres. El único que permanece impasible ante la demencia de su señor y fiel a su obligación es su guarda personal, el guerrero So-Eyon, maestro de los sables, luchador letal, y leal al mandarín Fu Zhu-Ing hasta el fin aunque esto suponga una amenaza para su propia vida y la de su amada Jiang.

El equipo formado por Antoine Ozanam y Antoine ‘Tentacle Eye’ Carrion, responsables de grandes éxitos como «Temudjin» o «La sombra blanca» (que Yermo Ediciones ya ha confirmado que publicará próximamente), ha elaborado en «El Canto de los Sables» una obra no apta para todos los paladares. ¡Ojo!, en ningún caso que no decimos que sea ni elitista, ni indigno de lectores ‘menores’, no nos atreveríamos a afirmar algo así, sino que es diferente a la mayoría de productos que suelen publicarse y aunque sus autores sean franceses no hay nada de BD en sus páginas.
Algunos serán incapaces de profundizar en su historia de ritmo lento cargada de poesía, violencia, amor y odio, con un protagonista que dispone de los rasgos que caracterizarán a los samuráis durante toda su historia y que en occidente siempre ha costado entender: orgullo por el nombre, miedo visceral a la deshonra, destreza militar, desdén por la muerte y absoluta lealtad a su señor. Otros serán incapaces de apreciar ese virtuosismo gráfico con páginas bitono que, al empezar la reseña, hemos comparado a un haiku por sus cualidades esenciales (naturalidad, sencillez, sutileza, austeridad, harmonía y equilibrio) pero que a los ojos de los aficionados al cómic americano o a los dibujantes más barrocos y detallistas será tan sobrio y aburrido que solamente sabrán calificar de pobre. ¡Craso error! Se necesita cierta paz de espíritu y sensibilidad del alma para dejar que la poesía de Antoine Ozanam y el arte cromático de Tentacle Eye se filtren en nuestras venas y se diluyan por nuestra sangre.

Sudor de máquinas
Los kimonos se marchitan
El miedo cristaliza

El Canto de los Sables.
Dibujo y color: Tentacle Eye
Guión: Antoine Ozanam
Editorial: Yermo Ediciones (www.yermoediciones.com)
Título original: Le chant des sabres
ISBN: 978-84-941742-8-5
Formato: 19x27cm. Cartoné. Color.
Páginas: 136
Precio: 22 euros