Una vez vista no me sorprende en absoluto que “Cartas desde Iwo Jima” sea una película dejada de lado por el gran público, que no esté funcionando demasiado bien en taquilla y que sólo la crítica la valore como merece. Sí me causa más sorpresa que sea una película Óscar. Lo hubiera entendido más en otras películas de Clint Eastwood que no lo fueron como “Un mundo perfecto” o “Los puentes de Madison“, pero no en este caso. Generalmente los títulos nominados a mejor película suelen ser más fácilmente “digeribles” y eso aunque todos los años se haga una concesión al cine más arriesgado, menos “de masas”.

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Dirección: Clint Eastwood.
País: USA.
Año: 2006.
Duración: 140 min.
Género: Drama bélico.
Interpretación: Ken Watanabe (general Tadamichi Kuribayashi), Kazunari Ninomiya (Saigo), Tsuyoshi Ihara (barón Nishi), Ryo Kase (Shimizu), Shidou Nakamura (teniente Ito), Nae (Hanako), Hiroshi Watanabe (teniente Fujita), Takumi Bando (capitán Tanida), Yuki Matsuzaki (Nozaki).
Guión: Iris Yamashita y Paul Haggis; basado en el libro “Picture letters from commander in chief” de Tadamichi Kuribayashi.
Producción: Clint Eastwood, Steven Spielberg y Robert Lorenz.
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Joel Cox y Gary D. Roach.
Diseño de producción: Henry Bumstead y James J. Murakami.
Vestuario: Deborah Hopper.
Estreno en USA: 12 Enero 2007.
Estreno en España: 16 Febrero 2007.

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Cartas desde Iwo Jima” completa y engrandece a “Banderas de nuestros padres“, da coherencia unitaria a las dos películas y las convierte en uno de los más grandes proyectos antibelicistas de la historia cinematográfica. Puede visionarse sin aquella, pero se entienden mejor ambas juntas porque se complementan. Son ejemplo de como un cineasta consagrado puede utilizar su bien ganada importancia en la industria no para rendirse a lo fácil y dormirse en los laureles sino para experimentar con nuevos planteamientos y zarandear conciencias. Clint Eastwood ya hizo sus películas de evasión y ahora está claro que lo que le interesa es conmover, expresar ideas y reflexiones que están más allá de un mero argumento.

No hay que olvidar que en la producción está Steven Spielberg, quien está culminando su particular indagación cinematográfica en la Segunda Guerra Mundial  y que ya empezó con “Salvar al soldado Ryan” y la serie “Hermanos de sangre“. Entonces se centró en la lucha en Europa y ahora pretendía centrarse en el Pacífico. En las dos películas de Eastwood se nota que Spielberg está detrás en las escenas de batalla y especialmente en los desembarcos, que recuerdan los logros de “Salvar al soldado Ryan“; sin embargo la sensación general es que Eastwood ha tenido plena libertad creativa porque el estilo de filmación es radicalmente distinto.

Entrar en “Cartas desde Iwo Jima” como espectador es una experiencia única y distinta. Eastwood elude el tono sentimental que caracteriza al cine de Spielberg y el tono hiperrealista de “Salvar al soldado Ryan” y propone algo muy diferente, los cambia por una atmósfera angustiosa y un tono casi surrealista, más propio de una pesadilla. Pienso que de hecho la fotografía, su textura, están escogidas a idea para resaltar una luz monocromática en exteriores y llena de sombras en los interiores (gran parte de la película sucede en cuevas o de noche) en una suerte de expresionismo que te sobrecoge y angustia. Expresivamente es un acierto porque pretende conseguir esas sensaciones en el espectador y se acomoda a una historia que juega con la ausencia de esperanza ejemplificando el auténtico horror de la guerra. Todo en la película es gris, oscuro, tenebroso, asfixiante y opresivo y produce desasosiego y una terrible angustia. Es por todo esto una película difícil: por sus características estilísticas y por un argumento duro y despiadado, aunque en cualquier caso real y por ello mismo terrible, de una tristeza demoledora. Simplemente escuchar las notas del tema principal que para la banda sonora ha hecho Kyle Eastwood, hijo del director, te hace entrar en un estado de melancolía y la sensación se intensifica cuando surgen los rostros de los japoneses de Iwo Jima en primeros planos resignados a su suerte. Los actores están en esta película mucho mejor que en “Banderas” y esa es una de las razones que hacen a “Cartas” mejor. Magnífico, por cierto, Ken Watanabe.

La conexión temática entre “Banderas” y “Cartas“, probablemente obra de ese genio absoluto que es Paul Haggis (director de “Crash” y guionista por ejemplo de “Million dollar baby“) es una crítica incisiva y sin contemplaciones al sistema. En ambas películas las víctimas son los hombres que luchan por su país, independientemente de si son japoneses o norteamericanos. En “Banderas” los protagonistas deben aceptar el peso de ser héroes y sin sentirse como tales porque el sistema se lo impone, porque sus país y su sociedad así lo reclama. En “Cartas” los protagonistas deben morir porque es lo que su nación y su emperador les pide y esperan de ellos. En ambos casos hay una idea terrible de fondo y es que no somos nada individualmente en tiempos de guerra, nuestra libertad se coarta y nuestra esencia misma como individuos, nuestro poder de elección se elimina. Esa desesperación vital de sentirse presa de los tuyos está en las dos películas, pero se expresa mucho mejor en “Cartas” en donde los personajes de Saigo o el general Kuribayashi parecen estar inmersos en una pesadilla de la que no pueden escapar si no es con la muerte (esa opresión del sistema y la forma estilística a través de la cual se explica me han recordado mucho a “El proceso” de Orson Welles).

Creo que con su propuesta de presentar las dos versiones Clint Eastwood acertó de pleno porque nunca ha quedado más claro para el espectador que no hay buenos ni malos y en todo caso el enemigo en realidad es la propia guerra. En cada película tus simpatías se encuentran en un bando y en cada uno de ellos hay personajes despiadados o que se han dejado llevar por el horror mismo en el que se encuentran inmersos y otros que no lo son, que luchan por mantener la cordura y la esperanza enmedio del caos.

Llevar a buen puerto como Eastwood ha hecho con estas dos películas lo que quería hacer y pretendía conseguir sólo está al alcance de los más grandes. Escenas como algunas de las que aparecen en “Cartas desde Iwo Jima” (impresionante el suicidio colectivo) y que, además, nada tienen que ver con todo su cine anterior, son el claro ejemplo de lo sumamente bueno que es este director. Y además lo que expresa y lo que dice con sus películas no sólo es único y personal, sino que posee la fuerza y verdad de alguien que te habla desde la experiencia, sin tapujos dispuesto a abrirte los ojos a la más cruda realidad. Llevo un tiempo pensando que Eastwood con cada una de sus películas desde “Sin perdón” lo que hace es susurrarte verdades, es como si tu abuelo te dijera, ven aquí y déjate de monsergas que te voy a contar cómo son las cosas realmente. Vamos, que te administra el aceite de ricino sin caramelito y sales del cine con un cuerpooooo acongojao, aunque claro, con la satisfacción de haber visto un cine que nadie más sabe hacer.