Curiosos, muy curiosos los óscars de este año. Lo digo porque tras ver “Buenas noche y buena suerte“, “Munich“, “Brokeback mountain” y “Crash” (todas ellas nominadas en el apartado de mejor película) la sensación es que este año, más que nunca, dominan las películas comprometidas social o políticamente, películas “serias” en las que importa más el “cómo” y el “por qué” que el “para quién”. Es decir, que el gran público, entendido éste por aquel que gusta de grandes emociones, de evasión y entretenimiento ha sido olvidado esta vez, quizás porque han sido pocas las películas importantes que se han hecho de estos géneros o quizás porque Hollywood quiera reivindicarse con un cine más adulto, más académico.

No se puede mostrar la imagen “https://www.via-news.es/images/stories/cine/Resenyas/buenas%20noches%20y%20buena%20suerte.jpg” porque contiene errores.“Buenas noches y buena suerte”

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Dirección:George Clooney.
País: USA.
Año: 2005.
Duración: 93 min.
Género: Thriller político.
Interpretación: David Strathairn (Edward R. Murrow), Robert Downey Jr. (Joe Wershba), Patricia Clarkson (Shirley Wershba), Ray Wise (Don Hollenbeck), Frank Langella (William Paley), Jeff Daniels (Sigfried “Sig” Mickelson), George Clooney (Fred Friendly), Tate Donovan (Jesse Zousmer), Tom McCarthy (Palmer Williams), Matt Ross (Eddie Scott).
Guión: George Clooney y Grant Heslov.
Producción: Grant Heslov.
Fotografía B/N: Robert Elswit.
Montaje: Stephen Mirrione.
Diseño de producción: Jim Bissell.
Dirección artística: Christa Munro.
Vestuario: Louise Frogley.

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Si un calificativo puede darse a “Buenas noches y buena suerte” no es ni “emotiva” ni “divertida” (al menos no lo es en un sentido, a mí sí me parece entretenido algo cuando me hace reflexionar, pero sobre esto habría mucho que hablar). Esta película es algo completamente distinto a lo que el espectador medio en la actualidad espera encontrar en una sala de cine si va a ella a evadirse ya que no va a encontrar en ella modo para descargar emociones. Habla sobre política (en concreto la “caza de brujas” a la que sometió el senador McCarthy en Estados Unidos a los simpatizantes del partido comunista allá por los años sesenta del siglo XX) y lo hace con un estilo seco, cuasi documental, sin efectismos, sin concesiones al gran espectáculo. Rodada en un aséptico blanco y negro, la película avanza a base de diálogos o monólogos, primeros planos y un rictus inalterable, el de David Strathairn que hace una interpretación magnífica a base de rostros casi hiératicos en los que el mero palpitar de los párpados da información sobre su estado anímico (sensacional su actuación).

No digo con todo esto que sea una película no recomendable porque lo es, pero sí digo que tienes que ser el espectador correcto para que te guste. Tienen que interesarte los entresijos políticos, si eres periodista te gustará más que al resto porque la película habla de ese mundillo (en ese sentido me ha recordado a “Network” de Sidney Lumet, también nominada a mejor película) y tiene que gustarte el cine, no en sus posibilidades como gran espectáculo, sino en su dimensión artística, en lo que aporta como medio de expresión de ideas. En este sentido es una película hecha con mucho mimo, con el esmero de quien quiere aprovechar al máximo los recursos expresivos de la cámara, la fotografía y las actuaciones de los actores. Está repleta de sutilezas, de pequeños detalles planificados desde la dirección (por eso también está nominado George Clooney como mejor director) para conseguir un efecto dentro del conjunto.

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No es caprichoso que esté rodada en blanco y negro. Creo que con ello nos arrastra desde el presente hasta el momento de los hechos, permite que las imágenes reales de la comisión del senado se intercalen perfectamente con las imágenes filmadas en la actualidad y se convierte en un recurso expresivo que refuerza la sensación de agobio, la atmósfera opresiva que rodea a los personajes. Fijaros que en ningún momento Clooney filma en exteriores. Todo son escenas de interior y la gran mayoría en las propias oficinas de la CBS, siguiendo a los actores muy de cerca, tanto que lo que llena la pantalla no suelen ser los fondos, las paredes, el entorno, sino los rostros de los actores. Para que haya quedado como ha quedado Clooney ha hecho un trabajo sensacional con sus actores y especialmente con David Strathairn porque es terriblemente difícil soportar los primeros planos que soporta con el hieratismo con que lo hace y dando información al espectador del interior del personaje con tan pocos gestos. Son magníficas todas las tomas en las que Strathairn habla a su público televisivo. Clooney se centra en su rostro y en sus monólogos y te quedas completamente atrapado, hipnotizado por la cadencia de su voz (supongo que en versión original aún será mejor) y por lo que dice, por su rictus expositivo, hasta que de pronto tras el “buenas noche y buena suerte”, las luces se apagan y atisbas muy suavemente un cambio de expresión y un párpado que parece palpitar, las facciones se relajan y comprendes que lo que trasmite con esas mínimas señales es un alto estado de tensión que de pronto se relaja. ¡¡¡¡¡Monumental!!!!

La película es exigente porque como espectador te invita a que no pierdas detalle, que no se te escape ninguna de las sutilezas de las que hablaba antes. Cada mirada, cada línea de diálogo, cada encuentro y desencuentro de personajes aporta información útil. Es preciso mantenerse concentrado y eso es complicado. Clooney lo sabe y utiliza dos procedimientos para lograr equilibrio. Uno es que la película apenas dura hora y media, el tiempo justo para contar lo que pretende contar y no exigir demasiado a quien va a verla y otro es que intercala imágenes con publicidad o con una cantante de jazz. La razón de esto es proporcionar un descanso antes de dar una nueva vuelta de tuerca al argumento. Por todo esto opino que es una película muy bien planificada, muy estudiada, muy trabajada y en la que se sabe muy bien lo que se quiere decir y la mejor manera de hacerlo.

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Evidentemente la importancia de “Buenos días y buenas noches” radica en el mensaje de fondo y en cómo está hecha. No creo que su huella sea imperecedera en el recuerdo del espectador. La ves y te gusta o no, pero ya saques conclusiones o no (si no lo haces preocúpate, quizás deberías reflexionar más sobre el mundo que te rodea) no es de esas películas que mantienes días y días en tu recuerdo porque es todo menos emotiva. En ese sentido es una película fría, seca, sobria. Apenas conocemos nada sobre los personajes y sus vidas fuera de su trabajo y de sus intereses sociopolíticos y por ello no llegamos a establecer un lazo estrecho, anímico con ninguno de ellos, simplemente comprobamos los hechos desde la distancia valorando únicamente la forma de actuar y las motivaciones que los impulsan. Quizás sea ésta la mejor manera de juzgar unos hechos sin implicarse en una de las partes, aunque lo que es “lógico” cae por su propio peso viendo la película. Para mi gusto este tipo de cine puede hacerse también llegando más al espectador (a Oliver Stone le salió con su “JFK“, debió ser de casualidad visto lo visto), pero lo que no cabe duda es que si George Clooney pule su cine por ese lado (aunque me queda la duda de si ha filmado como lo ha hecho adrede), puede que nos encontremos ante uno de los directores que más y mejores sorpresas nos va a dar en el futuro o al menos eso cabe pensar después de ver su segunda película (la primera fue “Confesiones de una mente peligrosa“).