Pensaba que ya no me podía sorprender nada de lo que está sucediendo en los EE.UU. con el mandato de Donald Trump, pero parece que han sido capaces de conseguirlo otra vez más. Así, la prohibición de libros de todo tipo sigue creciendo en ese país, principalmente en estados como Florida, Texas y Tennessee, que son gobernados por políticos republicanos. Ni siquiera se ha salvado Gabriel García Márquez.

Según el informe anual de la organización PEN America, entre julio de 2024 y junio de 2025, se registraron alrededor de 6.870 casos de prohibiciones de libros que afectaron a casi 4.000 títulos de las bibliotecas escolares de las escuelas públicas de los Estados Unidos. Florida fue el estado norteamericano con más prohibiciones de libros, con 2304 casos, seguido de Texas con 1781 y Tennessee con 1622. Los tres libros más prohibidos son el clásico «La Naranja Mecánica«, de Anthony Burgess, «Breathless«, de Jennifer Niven y «Sold«, de Patricia McCormick. En la lista sorprende también encontrar «Wicked«, de Gregory Maguire, que se ha convertido en una película de gran éxito, «Choque de Reyes«, de George R.R. Martin, «El cuento de la criada«, de Margaret Atwood, «Crónica del pájaro que da cuerda al mundo«, de Haruki Murakami, «La casa de los espíritus«, de Isabel Allende o «Cien Años de Soledad«, de Gabriel García Márquez.

El autor más vetado en las bibliotecas públicas del país es… Stephen King. Los libros del escritor de Maine han sido restringidos en 206 ocasiones. Y, sorprendentemente, el libro del vicepresidente J.D. Vance, «Hillbilly Elegy», también fue prohibido en el distrito escolar independiente del noreste de Texas. Donde las dan, las toman.

Esta censura está impulsada por grupos, asociaciones y partidos conservadores, de extrema derecha o fundamentalistas religiosos, cuyo objetivo es prohibir contenido relacionado con la esclavitud, el racismo, la identidad de género o la sexualidad, pues consideran que es un contenido inapropiado para sus hijos. ¡Para sus hijos, pero lo prohíben para todos! Incluso se constata que se han aprobado leyes para facilitar la restricción de la lectura a los niños. No nos engañemos: estas prohibiciones buscan imponer un control ideológico en la educación pública y forzar un pensamiento único en los jóvenes.

Allí donde se prohíben libros, se acaban quemando libros. Y allí donde se queman libros, la historia nos cuenta que se termina quemando personas.