El sector cultural está siendo uno de los grandes damnificados en la crisis del coronavirus y las salas de cine no han quedado al margen del golpe. Los grandes estrenos, las películas que estaban destinadas a salvar la taquilla y alejar el fantasma del cierre, estan retrasando su llegada a la cartelera, o incluso deciden pasarse al streaming, y dejan temblando al sector.

Si la decisión de estrenar «Mulan» en en el canal de streaming Disney+ fue un precedente que muchos señalaron como una excepción justificada con la situación provocada por el Covid-19, una decisión extraña para tiempos extraños, lo de «Soul« es un terremoto de gran magnitud que puede sacudir el modelo del negocio audiovisual de los últimos setenta años. Las dos noticias juntas, que en tiempos de Covid-19 no parecen sorprendentes y tienen sus motivos, asustan a quienes ven el movimiento de Disney como la semilla de un cambio definitivo de la forma de consumir cine. Sacar a «Mulan» y «Soul» de las salas de cine y llevarlas a los salones de los suscriptores de Disney+ puede marcar el camino de un nuevo modelo donde los cines sean innecesarios, un intermediario que perderá su función cuando la relación entre creador y consumidor sea directa.

¿El cine en las salas de cine está condenado a morir? No parece que la cosa vaya por estos derroteros, pero habrán cambios. Es un hecho que existe un mercado para los estrenos directos en vídeo bajo demanda, que Universal demostró que podía funcionar con la distribución online de «Trolls 2: Gira mundial«, pero parece que los grandes estrenos aún cuentan con las salas de cine como medio principal de difusión. Las mayores dificultades serán para las producciones pequeñas y medianas, para las que se dirigen a públicos minoritarios y se estrenan en un circuito de salas «de arte y ensayo«, que tendrán complicado competir con las grandes películas de Hollywood. Sin ir más lejos, los cines Méliès de Barcelona, dedicados a cine de autor en versión original, cerraron en julio.

Las grandes productoras de cine norteamericanas, las majors, estan retrasando todas sus películas puesto que estiman que no merece la pena estrenarlas si los Estados Unidos mantienen el ocio cerrado y el resto del mundo fija limitaciones al aforo de las salas de cine. El caso de «Tenet«, que ha sido un fracaso en el box-office USA, no ayuda. El problema es circular: no hay espectadores porque no hay blockbusters, y no se estrenan blockbusters porque no hay espectadores.

La Federación de Cines de España (FECE) declaró en julio, cuando empezó el degoteo de retrasos y estrenos en streaming, que «para garantizar la supervivencia de toda la industria, es necesario que el nuevo contenido se lance primero en los cines«. Estan asustados, y lo entiendo.