A pesar de la loable intención de hacer reír Perdiendo el Norte sólo lo logra puntualmente y no logra aprovechar del todo ni el reparto, ni el punto de partida argumental, ni el choque cultural y en su deriva romántica chirría. Una pena porque son muchas cosas desaprovechadas, pero por el tirón en taquilla está claro que todos tenemos ganas de que nos alegren la existencia en estos tiempos y en gran parte lo logra.
Perdiendo el Norte
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País: España
Duración: 102 min.
Género: Comedia.
Reparto: Yon González (Hugo), Blanca Suárez (Carla), Julián López (Braulio), José Sacristán (Andrés), Miki Esparbé  (Rafa), Úrsula Corberó (Nadia), Malena Alterio (Marisol), Javier Cámara (Próspero), Carmen Machi (Beni), Younes Bachir (Hakan). Guión: Oriol Capel, David S. Olivas, Antonio Sánchez y Nacho G. Velilla.
Producción: Mercedes Gamero, Mikel Lejarza, Ignacio Fernández Vega y Nacho G. Velilla.
Música: Juanjo Javierre.
 Fotografía: Isaac Vila.
 Distribuidora: Warner Bros.
Pictures International España.
Estreno en España: 6 Marzo 2015.
No recomendada para menores de 7 años.
Recomendaría la película a todo aquel que haya disfrutado con otros trabajos del director como las series “Aida” o “Siete vidas” y las películas “Que se mueran los feos” o “Fuera de carta”. Todas ellas son producciones pensadas para que el público pase un rato agradable.
 
 Hace días, y semanas, y meses que se estrenó esta comedia españolísima, así que hablo sabiendo que ha sido un éxito en taquilla y un título poderoso en cartelera que mucha gente ha ido a ver y lo aplaudo. Si hay un género en el que somos realmente buenos en España es el de la comedia costumbrista, que ha poblado desde siempre los cines y las televisiones con películas y series con la sana intención de hacer reír. Más películas como ésta deberían hacerse.
Ahora más que nunca y aunque estemos viendo el final del túnel de la crisis (tema que por cierto es punto de partida del argumento por la precariedad laboral de los jóvenes en España), necesitamos reír o sonreír al menos (importante el matiz porque en este caso yo hice más de lo segundo que de lo primero, aunque a mi alrededor en el cine había más carcajadas que sonrisas).
Esto del humor es como todo, personal e intransferible, pero sólo la intención de que te hagan pasar un buen rato es digna a mi juicio de pagar una entrada. En este caso supongo que mucha gente ha ido a ver la película porque quería evadirse y pasar un rato agradable y con más o menos acierto Nacho G. Velilla y el reparto lo garantizaban únicamente viendo el trailer. Es una buena noticia que gracias al público se haya convertido en una de las películas españolas del año.
Sin embargo, para mi gusto y aplaudiendo el intento, esta comedia de jóvenes emigrantes en Alemania me parece que daba mucho más juego. De hecho me parece un punto de partida ideal para una serie de televisión (el director tiene experiencia en ellas porque trabajó en “Siete vidas” y “Aida”) aunque  como película se ha quedado en algo correctito para pasar el rato. Me queda la sensación de que no le han sacado todo el jugo posible y se me queda algo coja porque le veo pegas no ya sólo a un  guión con altibajos sino también a un desarrollo que va perdiendo gas y aun reparto desaprovechado en algunos casos (tener a Carmen Machi, Javier Cámara y José Sacristán daba para mucho más) y con demasiado peso en otros (lo siento, pero en esta ocasión no me convencen como otras veces ni Yon González ni Blanca Suárez, a los que les vi mucha más química en “El internado” por ejemplo).
Arrancar la película arranca fuerte, uno intuye que con la excusa del viaje a Alemania nos van a regalar una comedia de costumbres repleta de contrastes y enredos derivados de ello, pero conforme avanza el argumento se va debilitando y a mi juicio es porque se pierde en escenas tontorronas, cameos varios (Arturo Valls y Chicote incluidos) y en un romance que no me acabo de creer y con menos punch del que me gustaría (quizás los más jóvenes opinen otra cosa). Por suerte cada vez que aparecen  Julián López o José Sacristán (¡Qué actor!) o incluso Miki Esparbé uno recobra interés. Me da la sensación que el problema está sobretodo en el guión, quizás menos redondo que el de la anterior película de Nacho Gª Velilla  “Que se mueran los feos” (sin mucha diferencia, en intenciones son primas hermanas) que no aprovecha del todo sus bazas.
Lo positivo de verla es que cuando uno se ha entretenido y exorcizado preocupaciones con un rato agradable y desenfadado se da todo por bueno, así que aunque no termine de ser redonda al menos cae simpática y no tienes la sensación de haber perdido ni tu tiempo ni tu dinero.