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La historia no deja bien parado al general George Smith Patton, pese a que su brillante carrera como militar le señala como una figura esencial para los éxitos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Cualquier análisis que profundiza mínimamente en su figura señala las numerosas insubordinaciones y transgresiones en las que incurrió, también en su inestabilidad. Por no llamarlo locura. Era un tipo orgulloso, brillante, profundamente religioso y muy duro con sus hombres. Aunque le pusieron el rudo sobrenombre de ‘blood and guts‘ (sangre y agallas), sus soldados no tardaron mucho en renombrarlo como ‘our blood, his guts‘ (nuestra sangre, sus agallas).
La historia también recuerda que Patton y sus tropas estaban de camino a Berlín para tomar la ciudad pero le ordenaron detenerse para que este privilegio lo tuviera el Ejercito Rojo. Este hecho amargó al general y no perdonó a Eisenhower que detuviera su avance. Después de la guerra fue relevado del mando del III Ejército y transferido al XV Ejército, una unidad de oficinistas. No tendría mucho tiempo más para rebelarse su destino: murió en diciembre de 1945 a consecuencia de las heridas producidas en un extraño accidente de tráfico en Alemania.
Basada en un buen guión de Francis Ford Coppola, la película «Patton» de Franklin J. Schaffner no es una biografía al uso, no es una hagiografía más a mayor gloria del general George S. Patton, sinó que el biopic profundiza en las sombras del personaje. Protagonizada por un espectacular George C. Scott, junto a Karl Malden, Michael Bates, Paul Stevens, Tim Considine y John Doucette, entre otros, la película nos ubica en el año 1943, tras la derrota de las tropas aliadas a manos de Rommel en el Paso Kasserine, cuándo el general Patton toma el mando del ejército americano en Túnez. Él se convertiría en el general que sería capaz de derrotar a Rommel en el norte de África y dar un vuelco a la guerra, para seguir después con la campaña italiana (el desembarco de Sicilia y la toma de Mesina), el desembarco de Normandía, el asalto a Metz, la ofensiva de las Ardenas y la rendición final de los alemanes. Inolvidable el prólogo, de seis minutos de duración, con Patton arengando a una invisible tropa con una gigantesca bandera norteamericana de fondo.
«Patton» ganó siete estatuillas doradas en la ceremonia de entrega de los Oscars del año 1970: mejor película, mejor director, mejor guión, mejor montaje, mejor sonido y mejor dirección artística. Este último galardón fue para los españoles Gil Parrondo y Antonio Mateos, en lo que fue el primer Oscar para un español. Y el premio al mejor actor fue para George C. Scott, que lo rechazó. El actor ya había advertido a la Academia con meses de antelación que lo rechazaría si lo ganaba, pues en su opinión cada interpretación era única y no podía compararse con las de otros actores. El productor Frank McCarthy subió a recoger el premio, pero lo devolvió al día siguiente. Fue la primera vez que pasaba algo así.
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