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Mal empezamos si necesitamos presentar a Georges Remi ‘Hergé‘, uno de los más grandes artistas del siglo XX y creador de las aventuras de Tintín. Los cómics del intrépido reportero belga, que en su momento se consideraron un fenómeno editorial de un valor cultural y artístico muy relativo, son hoy objeto de culto y las ilustraciones originales de Tintín se venden por cifras astronómicas en grandes subastas. Todo el mundo conoce al personaje, millones de lectores leen cada día alguno de sus 24 álbumes, el primero de los cuales se publicó en 1930 y el penúltimo en 1976, en alguno de los más de 60 idiomas a los que han sido traducidos, y muchos han visto las adaptaciones a la pequeña pantalla o la gran pantalla. Por ejemplo, la de Steven Spielberg.

La Fundación Hergé, conocida también como Moulinsart SA, dirigida por los herederos del belga Hergé y con sede en Bruselas, es la organización oficial que custodia y gestiona los derechos de la obra de Hergé. Su control es férreo. La meticulosidad, el rigor, la severidad y hasta la intransigencia en defender y promover la obra de Hergé es bien conocida y no hay ningún producto relacionado con Tintín, Milú, Haddock o la Castafiore que pueda ver la luz sin pasar antes por sus manos. Y es que pese a la popularidad de la obra de Hergé, ésta está protegida por los derechos de autor de las leyes nacionales e internacionales.

A menudo se olvida, e incluso se ignora, que la obra de Hergé va más allá de Tintín, cuya enorme popularidad ensombreció otras creaciones del artista belga como las series de «Quick y Flupke» o «Jo, Zette y Jocko». «Las aventuras de Jo, Zette y Jocko» en concreto, tal y como se publicó en castellano, es una serie creada por Hergé en el año 1936 para la revista católica»Coeurs vaillants«, protagonizada por dos niños, los hermanos Jo y Zette Legrand, y su mascota, el mono Jocko. La obra fue un encargo directo de los editores del semanario católico francés, unos sacerdotes poco satisfechos con Tintín, un personaje que no representaba los valores familiares, que no tenía padres, que no iba al colegio,…

Así nacieron Jo, Zette y Jocko, dos niños despiertos e inteligentes y su inseparable mono que viajan por el mundo. Aparecieron primero en «Cœurs Vaillants» el 19 junio de 1936, con la primera aventura titulada «El rayo misterioso» («Le rayon du mistere«) y luego saltaron a «Le Petit Vingtième«. Entre 1936 y 1957 y con la interrupción de la Segunda Guerra Mundial, aparecieron tres aventuras completas de Jo, Zette y Jocko, que se recogerían en cinco álbumes («El «Manitoba» no contesta«, «La erupción del Karamako«, «El testamento de Mr. Pump«, «Destino Nueva York» y «El valle de las cobras«) pero los personajes acabaron siendo abandonados por su autor, quién, abrumado y sobrepasado por el éxito de Tintin y el exceso de trabajo, decidió centrar toda su atención en el reportero del mechón rubio.»Le Thermozéro«, la sexta aventura de Jo, Zette y Jocko, quedó inconclusa. Para varias de estas obras sobre Jo, Zette y Jocko Hergé contó con colaboraciones, no acreditadas, de Jacques Martin o Greg.

Sorprendentemente, no hay reediciones de «Las aventuras de Jo, Zette y Jocko» en castellano desde hace muchos años. Desconocemos el motivo, pero tenemos las de Juventud del año 1987 y las de Casterman del año 2004, en formato reducido, y rebautizadas como «Las aventuras de Jorge, Sara y Pipo«.

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