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Tom Cruise es un actor sin suerte. Se ha pasado la vida intentando sacarse de encima el estigma de actor de segunda fila con la cara bonita, y aunque en su filmografía cuenta con numerosos títulos destacados, donde ha realizado interpretaciones sobresalientes, los galardones y los críticos le han dado la espalda. Estuvo cerca, muy cerca, con «Rain Man«, «Algunos hombres buenos» y «Nacido el 4 de julio«, pero su mejor película es, y será, «Magnolia«.
Tercera película del singular director Paul Thomas Anderson, protagonizada por Jason Robards, Julianne Moore, Philip Baker Hall, el añorado Philip Seymour Hoffman, William H. Macy, John C. Reilly, Melinda Dillon y Felicity Huffman, además del mencionado Cruise, premiada con el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1999, nos contaba a partir de un retrato colectivo al más puro estilo de Robert Altman, a través de una combinación de coincidencias, oportunidades, acciones humanas, medios compartidos e intervenciones divinas, como se entrecruzaban las vidas de una serie de personas en el valle californiano de San Fernando, a lo largo de un día, hasta alcanzar el climax juntos. Son nueve tramas paralelas, aparentemente independientes, de unas almas malditas y perdidas que convergen: un niño prodigio, el presentador de un concurso de televisión, un ex-niño prodigio, un policia, una joven adicta a las drogas, un moribundo, su hijo perdido, la mujer y el enfermero del moribundo. Las coincidencias no existen.
Paul Thomas Anderson, de quién se cuenta que asistió un solo día a la escuela de cine y se largó de allí porque se aburría, llegaba a «Magnolia» tras el éxito de crítica y público de «Boogie Nights«, y entraba en liza con otras grandes películas que nos dejó un prolífico año 1999 («American Beauty», «Una historia verdadera», «El club de la lucha»,…). Por su parte Tom Cruise bordaba aquí su papel como Frank T. J. Mackey, un joven predicador televisivo, que se ha inventado un pasado, pero está cargado de miedos e inseguridades, y que le dieron una nominación a los premios Oscar como mejor actor secundario (se lo llevó Michael Caine por «Las normas de la casa de la sidra«) y el Globo de Oro en la misma categoría. Cruise está inmenso, poderoso, en la que es, como hemos dicho, la mejor interpretación de su carrera.
La película cuenta, también, con una gran banda sonora y un montón de canciones preciosas interpretadas por Aimee Mann, a la que el director adoraba (aunque solamente dos de las canciones de Aimee eran específicamente para la película).

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