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Incluso las películas menores de Steven Spielberg, que las hay, tienen algo que las hace especiales. El Rey Midas de Hollywood puede permitirse el lujo, de vez en cuando, de alejarse de las obras monumentales, de los espectáculos pirotécnicos, de los excesos argumentales, de la profundidad narrativa y de la épica histórica para adentrarse en historias más sencillas, bien contadas, sin más intención que contar un relato con principio, nudo y final. Es el caso de «La terminal«, una película del año 2004 basada en la historia real de Mehran Karimi Nasseri, un refugiado iraní que vivió en la terminal 1 del aeropuerto Charles De Gaulle de París entre 1988 y 2006.

Protagonizada por Tom Hanks, Catherine Zeta-Jones, Stanley Tucci, Diego Luna y Zoe Saldana, «La terminal» nos contaba la odisea de Viktor Navorski, un ciudadano de Krakozhia, un pequeño país de los Balcanes, que llega a los EE.UU. justamente en el mismo momento que estalla una guerra civil en su país natal. Atrapado en el aeropuerto JFK, si poder volver a casa ni entrar en el país, se ve obligado a vivir allí en un limbo existencial, hasta que termine la guerra que ha empezado en su tierra. Viktor se verá obligado a vivir en el aeropuerto donde pronto entabla amistad con otros trabajadores inmigrantes, como Enrique, el empleado de unas aerolíneas latinoamericanas o Gupta, un basurero de origen hindú, y se enamorará de una azafata con la que se va cruzando de vez en cuando.

Mezclando el drama y la comedia, «La terminal» se sostiene toda sobre los hombros de Tom Hanks, que consigue demostrarnos que uno se puede pasar más de dos horas de películas en un aeropuerto, esperando en una escala, sin aburrirse. De hecho Hanks es capaz de hacer un viaje fantástico sin salir de los límites establecidos del aeropuerto JFK, bajo la atenta mirada de Aduanas y de la policía de Protección Fronteriza, y del jefe Frank Dixon especialmente, haciendo grandes amigos entre los trabajadores de la terminal, enamorándose y estableciendo una conexión humana con el espectador, que empatiza pronto con el buenazo de Viktor, un tipo noble y sin maldad.

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