Lejos del dramón lacrimógeno, un biopic lumioso, elegante, esperanzador y sutilmente optimista que te hace sentir interés por el científico aunque realmente se centra en su relación con su primera mujer y su abnegado amor. La prodigiosa transformación de Eddie Redmayne y el gran trabajo de Felicity Jones consiguen que esta historia te cale hasta lo más hondo.
 
 
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Título original: The theory of everything.
 
País: Reino Unido.
 
Duración: 123 min.
 
Género: Biopic, drama, romance.
 
Reparto: Eddie Redmayne (Stephen Hawking), Felicity Jones (Jane Hawking), Charlie Cox, Emily Watson, Simon McBurney, David Thewlis.
 
Guión: Anthony McCarten; basado en el libro “Hacia el infinito”, de Jane Hawking. Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Lisa Bruce y Anthony McCarten.
 
Música: Jóhann Jóhannsson.
 
Fotografía: Benoît Delhomme.
 
Montaje: Jinx Godfrey.
 
Diseño de producción: John Paul Kelly.
 
Vestuario: Steven Noble.
 
Distribuidora: Universal Pictures International Spain.
 
Estreno en España: 16 Enero 2015.
 
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Película emotiva, sentimental, elegante con un argumento dramático pero un poso esperanzador, agradable de ver y que te deja con ganas de saber más sobre Hawking. A parte de Seldon Cooper yo se la recomendaría a todo el mundo, aunque probablemente os guste más a vosotras que a vosotros.
 

 

 
Que nadie se despiste ni se confunda, más que una película sobre Stephen Hawking, seguramente el científico más destacado y conocido de nuestros días, es una película con Stephen Hawking y hago el apunte porque el argumento se concentra en él como persona más que en él como astrofísico y sus logros desaparecen casi por completo, sobretodo en el segundo tramo de película.
 
“La teoría del todo”, cuyo guión se basa en un libro escrito por la mujer de Hawking, Jane Wilde, se centra mucho en la perspectiva de ella y también en otros temas ajenos a la astrofísica inspirados por la biografía del científico: lo abnegado que puede llegar a ser el amor por alguien, lo difícil que es mantener un matrimonio en esas circunstancias, el choque entre ciencia y fe…… Y lógicamente, hay drama, como no podía ser de otro modo cuando se cuenta la vida de una persona aquejada de una enfermedad motoneuronal que le postra en una silla de ruedas sin  poder moverse (a sus 73 años apenas se mueve) , con un ordenador con generador de voz para comunicarse. Aunque uno de los aspectos más destacados de la película es que nunca se subraya más de lo preciso el sufrimiento, al revés, en su interpretación Eddie Redmayne disipa el drama en multitud de ocasiones con una luminosa sonrisa o aprovechando el sentido del humor del protagonista.
 
James Marsh, director de un documental que deberíais ver cuanto antes si aún no lo habéis hecho titulado “Man on wire”, construye un biopic con un fondo triste y duro, pero su puesta en escena es siempre luminosa, esperanzada y optimista. Se cuidan por eso mucho aspectos como la fotografía y los escenarios y a menudo se muestra un Cambridge fastuoso y de cuento de hadas, como ese del baile en el que Stephen y Wilde inician al principio su relación. La música de Johann Johansson también ayuda a realzar situaciones y escenas edulcorando en parte la dureza de la trama.

 
Una de las cosas que más me han gustado de esta película y considero responsable en gran parte a Eddie Redmayne, es que te surge un gran interés por Hawking y su legado y me han entrado unas ganas locas de leer “Breve historia del tiempo”. Ya sentía curiosidad por leer el libro más conocido de Hawking y su mayor best seller y siempre me he echado atrás por miedo a que sea farragoso, pero te quita el miedo viendo la película que el actor te hace muy próximo al científico. Seguramente termine leyendo el libro a no mucho tardar.
 
Redmayne hace una interpretación que te recuerda inevitablemente a la que hizo Daniel Day-Lewis en “Mi pie izquierdo” por la que ganó el óscar, más que nada porque el problema de ambos personajes es similar y las actuaciones se han visto sometidas a un parecido esfuerzo. A casi un mes de los óscars no sé si ganará él o Michael Keaton por su también excelente actuación en “Birdman”, pero vistos los dos, el trabajo de Redmayne me parece que raya lo antológico. Verle perder la movilidad en cada escena, ver cómo habla, cómo desfigura su cuerpo y expresiones, ver cómo algunas zonas de su rostro parecen moverse sólas con espasmos nerviosos merece que se vea esta película. Felicity Jones también hace un gran trabajo, pero claro, ante semejante despliegue de recursos de su compañero queda en segundo plano.


 
La película te deja con un poso agridulce, pero resulta de visionado agradable y tiene un mensaje esperanzador. También te deja como ya he dicho con muchas ganas de saber cosas sobre Stephen Hawking, pero lo mejor es que te llena la cabeza de ideas sobre las que pensar: Me encanta que se use el humor como forma para combatir el dolor (genial la escena en la que Hawking se divierte con su cuidadora fingiendo ser un robot con una caja en la cabeza), fascinante el tema de la superación personal y ¿Sería yo capaz de cuidar de alguien como lo hace Jane Wilde con Stephen Hawking? ¿Lograría salvar mi matrimonio en caso de estar en una situación similar? ¿Resistiría la tentación de una huida fácil? Y sobretodo hay algo que me parece que susurra sutilmente el argumento ¿No resulta irónico que sea una persona que cree en Dios la que mejor cuida a un científico que no cree en él? Yo es que siempre he pensado que la teoría del Big Bang sobre la que trabajó Stephen Hawking quizás no esté tan lejos de conjugar ciencia y religión.