«La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros» es una novela gráfica que fusiona la nostalgia musical de los años noventa en Zaragoza con una emotiva historia de amor y redención. Basada en un relato de Javier Romero Collazos, galardonado con el premio de narrativa Santa Isabel de Portugal en 2011, la obra ha sido adaptada al cómic con ilustraciones de Marta Soto Paciencia.
La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los corosJuan ha conseguido una cita con su exnovia Marta. Ella tiene pareja, pero está dispuesto a recuperar su amor. Todo parece abocado al desastre. Pero es 19 de diciembre de 1996 y esa noche Bunbury ofrece un concierto en Zaragoza rodeado de amigos músicos integrantes de diferentes grupos de la ciudad, entre ellos, una joven Amaral. ¿Podrá la música poner palabras a lo que Juan no es capaz de decir?

Pablo Ferrer, periodista y crítico musical, lo dice en el prólogo y tiene razón: esta obra se lee de un tirón y se relee con deleite. Luego, en el epílogo, el escritor Javier Romero nos contextualiza y nos apunta muchas cosas sobre esta encantadora novela gráfica que es un homenaje a la luminosa Zaragoza de los noventa y a aquella brillante generación de músicos que nos hicieron amarla todavía más. Es una obra pequeña pero de gran corazón y por ello se merece una elogiosa reseña.

La trama se centra en Juan, un joven que, decidido a reconquistar a su exnovia Marta, logra concertar una cita con ella a pesar de que ella ya tiene pareja. La tarde-noche elegida, el 19 de diciembre de 1996, coincide con un concierto en Zaragoza donde Enrique Bunbury, exvocalista de Héroes del Silencio -justo acaban de separarse-, rinde homenaje a Elvis Presley, acompañado por músicos locales, entre ellos una joven Eva Amaral. Este evento real sirve como telón de fondo para la narrativa, creando una atmósfera cargada de emociones y recuerdos.

La obra destaca por su capacidad para entrelazar la música con las experiencias personales de los protagonistas. La elección de situar la historia en una noche emblemática para la escena musical zaragozana añade autenticidad y profundidad al relato. La música actúa como un catalizador de emociones, permitiendo a los personajes expresar sentimientos que las palabras no logran transmitir.

El guion de Romero Collazos es ágil y emotivo, capturando con precisión los dilemas internos de Juan y la tensión de su reencuentro con Marta. La narrativa fluye con naturalidad, permitiendo al lector sumergirse en la psicología de los personajes y empatizar con sus conflictos. La inclusión de figuras icónicas como Bunbury y Amaral no solo aporta un contexto histórico y cultural, sino que también enriquece la trama, reflejando la influencia de la música en la vida de los protagonistas. Además, hay muchos cameos que el lector reconocerá al ser relevantes en el panorama artístico zaragozano. Decenas de «huevos ocultos» que no voy a reventar al posible lector que lea esta reseña.

Las ilustraciones de Marta Soto Paciencia complementan perfectamente el tono de la historia. Su estilo artístico es detallado y expresivo, capturando la esencia de los personajes y la atmósfera de la Zaragoza de los años noventa. Los colores y las composiciones utilizadas reflejan las emociones de cada escena, desde la melancolía y la esperanza hasta la euforia del concierto. La representación de los músicos y del ambiente nocturno de la ciudad añade una capa adicional de realismo y nostalgia.

Respecto al dibujo, tengo que contar mi primera impresión, que no fue del todo satisfactoria, sobre todo al contemplar la portada demasiado oscura a mi parecer y poco llamativa. El interior parecía seguir esta tónica. Una vez comenzada la lectura, me sumergí tanto en la historia que el apartado gráfico me pareció más que correcto para representar una noche mágica en la ciudad maña. Aunque en algún momento chirría la narrativa, en conjunto el trabajo de Marta Soto es digno de elogio, sobre todo por el cuidado con el que ha plasmado la urbe y arquitectura zaragozana.

La novela gráfica no solo se centra en la relación entre Juan y Marta, sino que también explora temas universales como el arrepentimiento, la búsqueda de segundas oportunidades y el poder transformador de la música. La ambientación en un concierto histórico sirve como metáfora de la posibilidad de redención y de encontrar una nueva voz, al igual que Bunbury con pelo corto y tupé reinterpretando a Elvis Presley para unos pocos afortunados. Además, la obra ofrece una mirada íntima a la escena musical zaragozana de la época, resaltando la importancia de la comunidad artística local y su impacto en la cultura popular. La presencia de una joven Eva Amaral en los coros simboliza el inicio de una carrera que, al igual que la relación de los protagonistas, está llena de potencial y promesas.

En resumen, «La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros» es una pequeña obra que combina magistralmente la música, el romance y la nostalgia. A través de una narrativa bien construida y unas ilustraciones evocadoras, la novela gráfica ofrece una experiencia inmersiva que resonará tanto en los amantes de la música como en aquellos que han vivido las complejidades del amor y las segundas oportunidades. Es una celebración de la cultura musical de Zaragoza y un testimonio del poder de la música para conectar almas y sanar corazones.

La editorial maña GP Ediciones nos la presenta en formato de tapa blanda a un tamaño de 17 x 24 cm, muy cómodo para su lectura. La colaboración entre Javier Romero Collazos y Marta Soto Paciencia, premio de narrativa Santa Isabel de Portugal en 2011, ha dado como resultado una obra que perdurará en la memoria de sus lectores, al igual que aquella noche de diciembre de 1996 permanece en la memoria colectiva de Zaragoza.

La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros
Autores: Javier Romero Collazos y Marta Soto Paciencia
ISBN 978 84 128835 1 0
Formato: 17x24cm. Rústica con solapas
Páginas: 84
Precio: 18,00 euros