Para la desconsolada Anna, todos los días son idénticos: se sienta copa de vino en mano a mirar por la ventana y ver cómo pasa la vida sin ella. Hasta que su guapo vecino y su adorable hija se mudan a la casa de enfrente y Anna empieza a vislumbrar una luz al final del túnel. Por lo menos hasta que es testigo de un truculento asesinato. Porque eso es lo que ha visto, ¿verdad?