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La muerte es un fastidio. Tantos planes pendientes, tantos lugares por descubrir, tantas cosas por hacer, y solo por mirar a la izquierda en lugar de mirar a la derecha todo se va al traste. Un despiste, un camión de 25 toneladas que no pudo frenar a tiempo, y «game over«. Hasta que no suceda lo inevitable uno solamente se lo puede tomar con algo de humor, pues como decía el añorado Eduard Punset, «no está demostrado que me vaya a morir«.
En 1992 la comedia negra «La muerte os sienta tan bien» («Death becomes her«) nos hizo reir a carcajadas de la muerte, de los estereotipos de belleza y de la enfermiza obsesión por no envejecer. O por aparentar que uno no envejece. En este caso eso es lo que buscan desesperadamente Madeline Ashton y Helen Sharp, dos vanidosas mujeres rivales que compiten por el mismo hombre, el cirujano plástico Ernest Menville. La historia de este triángulo amoroso sustentado por la envidia y el rencor se complica aún más cuando conozcan a una misteriosa y glamurosa hechicera, Lisle Von Rohman, que les proporcionará una poción que las mantendrá jóvenes eternamente… pero que tiene otros efectos imprevistos.
Protagonizada por Meryl Streep, Goldie Hawn, Bruce Willis, Isabella Rossellini y Sydney Pollack, entre otros, la película de Robert Zemeckis fue denostada por la crítica, que la acusó de misógina, ignorada por el público e incluso una actriz tan elegante y discreta como Meryl Streep criticó la película y el director, al que acusó de preocuparse más de los efectos especiales que de los actores (de hecho ganó el Oscar a los mejores efectos visuales). Sin duda se pueden criticar muchas cosas de «La muerte os sienta tan bien» (sobretodo por irregular y por el casting, con Bruce Willis y Meryl Streep encarnando unos personajes en los que no encajan), pero esta versión bizarra de «El club de las primeras esposas«, escrita por David Koepp y Martin Donovan, que también podría ser una versión humorística de «The walking dead«, es muy muy divertida y la segunda parte del film, cuando las mujeres no mueren pese a todos golpes que sufren, alcanza el paroxismo con sus toques gores y su humor negrísimo: cuellos rotos, desmembramientos, agujeros en la barriga,…

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