Da gusto ver que llegan a las librerías tomos como este, «Ibáñez. Dos series completas que construyeron al genio«, porque no son solo material recuperado, sino auténticos regalos para quien disfruta del cómic clásico. Esta recopilación de dos de las primeras series largas de Francisco IbáñezAnde, ríase «usté» con el Arca de Noé» y «Godofredo y Pascualino viven del deporte fino«) se siente casi como un pequeño acontecimiento: una oportunidad de oro para volver a los orígenes, a ese momento en el que todo estaba por definir pero ya apuntaba a grande. Más que una simple lectura, es abrir una puerta a los inicios de un autor que acabaría marcando a generaciones enteras.

Ibáñez. Dos series completas que construyeron al genioUn viaje a los orígenes de los tebeos que marcaron la infancia de todo un país, en la línea de libros similares como Los 200 primeros casos de Mortadelo y Filemón, que nos ofrece una perspectiva única de la vida y obra del maestro Francisco Ibáñez. Estas dos series de los comienzos del maestro, que suman menos de 300 páginas juntas, pueden considerarse fundacionales, ya que los gags y las dinámicas que aquí ensaya Ibáñez, se ven después replicadas en otras de sus obras. Godofredo y Pascualino viven del deporte fino tiene lugar en una agencia de representación de deportistas formada por Godofredo, un jefe déspota y malhumorado, y Pascualino, un empleado bajito y calvo cuya aspiración de convertirse en una estrella del deporte siempre queda frustrada por su jefe. Ande, ríase «usté» con el Arca de Noé se desarrolla en una particular agencia que proporciona todo tipo de animales exóticos a sus clientes. Noé es, de nuevo, el jefe despótico y gruñón con su empleado Pepe. El culmen del humor lo aporta el pulpo de don Noé, que a menudo imita los gestos de su dueño. En ambas encontramos el germen del humor de Ibáñez, situaciones surrealistas y ocurrencias disparatadas con la huella inconfundible del maestro.

Lo primero que engancha es ese aire de «proto-Ibáñez» que lo recorre todo. Aquí están muchas de las cosas que luego explotarán en sus obras más conocidas, pero en estado casi salvaje: la obsesión por el gag constante, la tendencia a recargar las viñetas con detalles absurdos, y ese gusto por el caos perfectamente organizado. «Ande, ríase usté con el Arca de Noé» (El Campeón, 2ª época), núm. 1, 1960) es probablemente la más fresca de las dos series, porque parte de una idea que permite desmadrarse sin límites: una agencia que comercia con animales imposibles. Y claro, Francisco Ibáñez se lo pasa en grande.

Hay caballos que hacen cosas que no deberían, criaturas que parecen salidas de un sueño raro y situaciones que se van acumulando hasta desembocar en el típico final catastrófico. Ahí ya se ve algo muy suyo: el chiste no está solo en lo que ocurre, sino en cómo está dibujado. Puedes leer la página una vez y reírte, pero si vuelves, empiezas a encontrar carteles absurdos, expresiones exageradas o pequeños detalles en segundo plano que suman muchísimo. Es un humor muy visual, muy físico, muy de mirar con calma. Y en ese sentido, el joven Ibáñez ya apunta maneras de sobra.

Luego está «Godofredo y Pascualino, viven del deporte fino» (El Campeón de las Historietas, núm. 50, 1961), que funciona casi como una variación sobre la misma idea. Cambian los animales por deportistas, pero la estructura es prácticamente la misma: jefe mandón, ayudante despistado y desastre asegurado. Se nota un poco ese aire de «hay que sacar algo nuevo y rápido», como si desde la editorial hubieran dicho “ahora toca deporte” y a partir de ahí Ibáñez hubiera reciclado el esquema anterior. Pero ojo, que eso no es necesariamente malo. De hecho, permite ver cómo exprime una misma fórmula en contextos distintos.

Si en «El Arca de Noé» el humor tira más hacia lo surrealista, en «Godofredo y Pascualino» se vuelve un poco más terrenal, aunque sin perder el disparate. Pascualino es de esos personajes que funcionan por acumulación de errores: interpreta todo al pie de la letra, mete la pata una y otra vez y acaba provocando el enfado monumental de su jefe. Y ese choque constante es lo que mantiene viva la serie, incluso cuando la premisa no es tan potente como la de los animales.

Pero más allá de cuál de las dos guste más (yo me quedo con la del Arca, tiene un punto más loco y libre), lo realmente interesante del tomo es ver a Francisco Ibáñez en plena gestación. Aquí no hay todavía esa etapa más industrial en la que empieza a producir historietas como churros y el dibujo se resiente un poco. Al contrario, estas páginas tienen un encanto especial, muy cercano a las primeras aventuras de Mortadelo y Filemón: líneas más sueltas, composiciones juguetonas y una sensación constante de que el autor se lo está pasando bien.

Y luego está la edición de «Ibáñez: Dos series completas que construyeron al genio«, que es otro de los grandes aciertos. Un tomo de tapa dura de buen tamaño similar al de «Los 200 primeros casos» Se nota que hay mimo y ganas de hacer algo más que un recopilatorio sin alma. El papel, la reproducción, la selección… todo acompaña para que la lectura sea disfrutable. Pero lo que de verdad marca la diferencia son los textos de Jordi Canyissà. No están ahí solo para rellenar, sino que aportan contexto, explican el momento histórico, la situación de Ibáñez y ayudan a entender por qué estas series son importantes.

Canyissà escribe con claridad y sin ponerse pesado, algo que se agradece mucho. Te da las claves justas para enriquecer la lectura sin interrumpirla. Es de esos extras que realmente suman, que te hacen volver a las páginas con otra mirada. Y en un tomo como este, que tiene mucho de documento histórico además de entretenimiento, eso vale oro.

Hay que destacar que junto a cada historieta se indica la revista de procedencia. Además, en algunas de ellas aparecen breves textos que cuentan alguna curiosidad. Las historietas son en su mayoría tiras verticales y queda espacio en blanco alrededor (que en su origen se acompañaba con chistes o publicidad). Algún detallito extraído de las viñetas se coloca en ese blanco para hacerlo más llevadero. Por cierto, «El Arca de Noé» apareció en «El Campeón» y pasó al «DDT», al contrario que «Pascualino» que fue trasvasado de El DDT al Campeón. Esta edición, además, reproduce un original y una página rescatada que en su momento apareció años después de finalizada la serie deportiva.

En conjunto, «Ibáñez: Dos series completas que construyeron al genio» funciona como una pequeña joya para curiosos y fans. No es «lo mejor de Ibáñez» en el sentido clásico, pero sí es una pieza clave para entender de dónde viene todo. Ver cómo ya dominaba el gag visual, cómo llenaba cada rincón de las viñetas y cómo jugaba con sus personajes es un gustazo. Y además, tiene ese punto de frescura que a veces se pierde cuando un autor ya está completamente consolidado. Vamos, que si te interesa mínimamente el cómic español o simplemente quieres echarte unas buenas risas mientras descubres a un Ibáñez más joven y desatado, este tomo merece mucho la pena. Es historia, sí, pero de la divertida.

Ibáñez: Dos series completas que construyeron al genio
Autor: Francisco Ibáñez
Colección: Bruguera Clásica
Fecha de publicación: Marzo de 2026
ISBN: 9788402431424
Formato: 21,6×30,1cm. Tapa dura
Páginas: 240
Precio: 29,95 euros