Con recursos para amasar taquilla (argumento adaptado del best seller de Dolores Redondo, buena ambientación, producción muy cuidada) el conjunto de El guardián invisible no funciona como debería. Le encuentro altibajos, escenas estiradas y me resulta larga. Estoy convencido que se podría haber hecho una película mejor, sólo me atrapa puntualmente, pero se puede ver

“El guardián invisible” (Fernando González Molina, 2017)El guardián invisible
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País: España, Alemania
Duración: 129 min.

Género: Criminal, Thriller, Policiaco, drama
Guión: Luiso Berdejo a partir de la novela de Dolores Redondo
Fotografía: Flavio Martínez
Música: Fernando Velázquez
Reparto: Marta Etura (Amaia Salazar), Elvira Mínguez (Flora Salazar), Carlos Librado (Jonan), Francesc Orella (Montes), Itizar Aizpuru (Tía Engrasi), Benn Northover ( James), Patricia López (Rosaura Salazar), Mikel Losada (Freddy)
Distribuidora: DeAPlaneta

 

“El guardián invisible” (Fernando González Molina, 2017)

 Vaya pollo se ha montado con las declaraciones de la actriz Miren Gaztañaga (que ni recuerdo cuándo sale en El guardián invisible) en un programa de ETB en el que bromeaban sobre los españoles. Dijo que somos “culturalmente un  poco atrasados” (entre otras cosas) y hasta los promotores de la película han tenido que emitir un comunicado oficial desvinculándose de esas declaraciones para calmar una campaña que pretende a través de las redes sociales “castigar” su participación en El guardián invisible convenciendo de que nadie vaya a verla. De momento el tiro ha salido por la culata porque ha sido la película más vista en el fin de semana de su estreno.

 ¿De verdad vamos a dejar de ver o consumir tal o cual cosa porque la haga alguien que no comulga con nuestras ideas? Lo digo por que si es por eso seguramente estaríamos famélicos o no podríamos disfrutar muchos productos culturales (canciones, libros, etc). No nos engañemos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos, nuestros amigos o incluso miembros de nuestra familia piensan diferente que nosotros. ¡¡¡Vamos listos como empecemos a boicotear a quién piense diferente!!!
Otra cosa muy distinta es que sea agradable escuchar lindezas como las que se emitieron en ese programa de la televisión vasca. A mí no me hizo ni puñetera gracia, exactamente igual que les sentaría a los vascos si un español hiciera lo mismo con ellos, aunque yo me pregunto una cosa ¿los vascos no son españoles?  ¿se estaban insultando a sí mismos? Ah, que no se sienten españoles, pero lo son. El quiz de la cuestión, en mi opinión, es que una cosa es pensar algo y otra bien distinta es expresar esa opinión con o sin respeto. Se puede pensar lo que se quiera, pero expresarlo con tono de burla es una falta de respeto. Y lo mismo pasa con el himno español en los campos de fútbol, que te puede no gustar pero pitarlo es faltar al respeto. Deberíamos ser todos lo suficientemente educados para no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros.
“El guardián invisible” (Fernando González Molina, 2017)
 Hablo de todo esto porque no se puede comentar “El guardián invisible” obviándolo dado la que se ha montado en unos días (medios de comunicación mediante); cosa que, por otro lado es publicidad gratis (no logro nunca evitar pensar en quién gana con estas cosas) y porque creo que no hay que mezclar política y cultura hasta el punto de que la primera condicione el disfrute de la segunda. No ir a ver una película porque salga tal o cual no tiene sentido, además no deberíamos dar demasiada importancia a aquello que no lo tiene (el mundo está cambiando y ahora cualquiera dispone de un “altavoz” a través de internet para soltar globalmente lo primero que se le pase por la cabeza, sea sensato o no, sea interesante o no). Vamos, que yo os recomendaría que vayáis o no a ver “El guardián invisible” en función de si os interesa la película o no.
 “El guardián invisible” (Fernando González Molina, 2017)
¿E interesa? Yo diría que lo tiene todo de antemano para ser muy taquillera. Para empezar es adaptación de la primera novela de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo que en 2013 se convirtió en un best seller rotundo. Además si entiendes y ojeas el equipo de producción no está nada mal, cosa que después se constata viendo una película que está muy cuidada, con una fotografía bella que aprovecha bien paisajes y escenarios ya sea en tomas nocturnas, neblinosas o de interior; que tiene una atmósfera a menudo lluviosa y otoñal muy lograda y a la que acompaña un trabajo de Fernando Velásquez que ayuda mucho a la trama.
Con todo esto y un argumento de probada efectividad (por sus intríngulis y sorpresas) va a ser muy raro que la película no guste y aquí es donde yo emito mi opinión que no es ni buena ni mala, sólo la mía y debo decir que no conseguí entrar en la película salvo puntualmente. ¿Por qué? No lo tengo muy claro, pero creo que tiene que ver un poco con las interpretaciones, con el ritmo de la película, con la forma en que está contada.
No me disgusta Marta Etura como actriz, pero en esta película no me convence como protagonista (no tiene nada que ver con que lo haga bien o mal aunque se empequeñece cuando entran en escena Elvira Mínguez o Francesc Orella), tiene que ver con que su personaje no me atrapa, no logro empatizar con él y hacer mío su sufrimiento o su pasión por el caso que lleva entre manos. Me sucede con la película entera, termina por darme un poco igual, sólo me sobrecoge en momentos contados (casi siempre cuando la narración viaja al pasado, también cuando Amaia visita a su madre), pero en momentos en que se supone que se la narración se relaja o coge más velocidad me quedo indiferente.
Puede ser un problema de ritmo y no es que la película aburra tampoco, pero a veces me sorprendo pensando que tal o cual escena resulta demasiado larga y luego otras se me quedan cortas porque me gustaría que me explicaran un poco más (como ejemplo el accidente del coche). Sobretodo la película me fue perdiendo al principio que es cuando se va exponiendo todo sin que la trama principal y las subtramas avancen demasiado.
Tengo la sensación (sin haber leído el libro) de que la adaptación es literal (eso me han dicho), pero que no es buena (lo confirmaré o no cuando lea la novela) y es que, a veces, para mostrar sentimientos y estados de ánimo el cine te exige que des la información con imágenes ya que no puedes hacerlo con palabras. En eso y en el ritmo interno de la narración (es decir en la selección y duración de las escenas) es donde para mi gusto naufraga esta película, que ya digo, me perdió rápidamente sin recuperarme salvo en los momentos más intensos.  Y todo esto sin entrar en el aspecto “sobrenatural” del argumento, que me parece completamente desaprovechado (quizás esperando a hacerlo en continuaciones) y mal hilado con el resto. Tampoco descarto que el problema lo tenga yo y no la viera en el mejor momento posible.
“El guardián invisible” (Fernando González Molina, 2017)