Vivimos en una época aburrida. A finales del siglo XIX y principios del XX la Humanidad decidió que ya había llegado el momento de descubrir y cartografiar todos los rincones del planeta Tierra que quedaban aún pendientes, de desenterrar de debajo de las arenas la memoria del pasado olvidado que aún permanecía sin desvelar, y darse a conocer a las tribus y los pueblos de otros lugares ignotos a quienes desvelar las bondades de la sociedad occidental. El mundo aún tenía mucho que ofrecer a arqueólogos, cartógrafos, botánicos, zoólogos, exploradores, descubridores… y aventureros.
 
 
image1Dos hombres que no deberían haberse conocido, un aristócrata y un corso, hacen un pacto en las trincheras de la Primera Guerra Mundial: si salen con vida, partirán a la aventura. Y años después lo dejan todo buscando la aventura, convirtiéndose en piratas, en príncipes del Djebel, desafiando a toda Europa con las armas en la mano…
 
En el siglo XIX fueron frecuentes las expediciones marítimas y terrestres que partieron de Europa, con objetivos claros de encontrar nuevas materias primas para su naciente industria y nuevos mercados en los que vender el producto resultante. Al amparo de estos viajes de conquista y descubrimiento nacieron las sociedades geográficas, la primera en París en 1821, y en Londres la más famosas de todas ellas, la Royal Geographical Society, creada en 1830 y responsable de que exploradores como Livingstone, Hillary o Shackleton llegaran a África, a la cima del Everest o al Polo Norte, respectivamente. Casi a finales de siglo, la National Geographic Society americana llegó para tomar el relevo a Europa y hacerse cargo de las expediciones más relevantes y durante el siglo XX fueron reemplazadas por los militares, diplomáticos, hombres de negocios y soldados de fortuna, derivando la vertiente más científica de la exploración a cuestiones menos prosaicas, más estratégicas y económicas.
Nuestro planeta azul, ese punto azul pálido de Carl Sagan, bien asentados en el siglo XXI, ya no tiene aventuras que ofrecernos como las de antaño ni nuevas fronteras que explorar, y los libros de historia ya no reservan espacios en sus páginas para hazañas como las de Robert Falcon Scott en el Polo Sur, la expedición antártica de Ernest Shackleton, el vuelo de Charles Lindbergh a bordo del ‘Spirit of Saint Louis’, la gran aventura del Kon-Tiki del noruego Thor Heyerdahl, los audaces vuelos sobre la Antártida de Richard Byrd, los descubrimientos arqueológicos de Hiram Bingham en Perú o la épica revuelta árabe contra el dominio otomano liderada por el militar, arqueólogo y escritor británico Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. La exploración del mundo ha estado impulsada desde la Antigüedad por historias fantásticas, leyendas y mitos que han alentado a los espíritus más aventureros a llegar más lejos (“to explore strange new worlds, to seek out new life and new civilizations, to boldly go where no man has gone before”, recogiendo la frase de la mítica serie de televisión “Star Trek”), y ahora son los turistas quienes convierten sus viajes en expediciones para conocer mejor lugares de cualquier rincón de la Tierra. La nueva Era de los Descubrimientos nos espera más allá de la atmósfera. En las estrellas.
 
El sello editorial Spaceman Books de El Catálogo del Cómic (ECC Ediciones), especializado en BD franco belga y cómic europeo, inauguró su catálogo en diciembre del pasado 2014 con tres títulos entre los que se encontraba el primer volumen de “El Oro y la Sangre” (“L’Or et le Sang”), que recogía las dos primeras entregas (tituladas “La llamada del mar” e “Inch’Allah”) de las cuatro que se han publicado en Francia. La cuarta y última, “Khalil”, se publicó en Francia en octubre de 2014 y fue incluida en la prestigiosa selección oficial del del Festival International de la Bande Dessinée d’Angoulême. Esta edición de Spaceman Books, que reúne los dos primeros volúmenes de “El Oro y la Sangre” publicados en Francia por la editorial 12 Bis (“L’appel du large” y “Inch’Allah”), es una lección de calidad a buen precio: un buen trabajo de guion y de dibujo (contenido), un formato generoso en tamaño, en cartoné (contenedor), y notables extras (dieciséis páginas) por veinticinco euros. Una magnífica carta de presentación.
 
“El Oro y la Sangre” de los guionistas Fabien Nury y Maurin Defrance y los dibujantes Fabien Bedouel y Merwan es una oda a los aventureros clásicos, a los bribones y bravucones, audaces y temerarios, con el rostro de Humphrey Bogart en “La Reina de África”, de Peter O’Toole en “Lawrence de Arabia” o de Sean Connery y Michael Caine en “El hombre que pudo reinar”. Con ellos viajaremos al norte de África a principios del siglo XX, al protectorado español en Marruecos, una cesión a España por parte de Francia de la administración colonial de una franja del norte del país, que incluía la región montañosa del Rif. La tensión existente entre ocupantes y ocupados, latente desde el principio de la ocupación y ejemplificada en el desembarco de Larache, empieza a amenazar con estallar en mil pedazos. El poder político, económico y militar se encuentran en manos de las autoridades españolas y francesas, el sultán se mantiene simbólicamente como máxima autoridad marroquí, y las tribus de la región del Rif estan sometidas a los ocupantes, que les pisotean y desprecian sin medida. La resistencia de las poblaciones rifeñas contra los españoles desencadarán un conflicto que se alargaría durante quince largos años, de 1911 a 1927. Es la Guerra del Rif, también llamada la segunda Guerra de Marruecos o Guerra de África, que enfrentó a las tribus rifeñas sublevadas contra las autoridades coloniales española y francesa y que culminó con la rendición del caudillo rifeño Abdelkrim el Khattabi en julio de 1927 (y su exilio a la isla de la Reunión) y la recuperación de las posesiones perdidas, que habían llegado a formalizarse como un estado independiente llamado la República del Rif.
 
La historia de “El Oro y la Sangre” comienza en las trincheras de barro de la Gran Guerra, donde los caminos del corso Léon Matilo y el aristócrata Calixte de Prampeand se cruzan bajo el fuego del enemigo. Durante la terrible ofensiva de los alemanes hacen un pacto: si sobreviven, partirán juntos a la aventura. Una vez terminada la contienda León cumple la promesa y busca a Calixte que, harto de su familia, de su esposa y de su vida, lo deja todo y sale a la aventura con su socio, compañero y amigo. Su destino, las costas de Marruecos, donde planean vender un cargamento de armas de contrabando a los rebeldes rifeños que se enfrentan a las tropas españolas. Pero, por supuesto, los planes nunca salen como uno había previsto y las aventuras, las de verdad, las de corte clásico, nacen siempre cuando las personas equivocadas se encuentran en el momento y el lugar equivocado.
 
El guion, redondo y de gran complejidad, que se ambienta en un conflicto bastante desconocido que tuvo la mala suerte de desarrollarse varias décadas demasiado pronto, es un trabajo de Fabien Nury y Maurin Defrance. El primero de ellos ya es una figura reconocida y de cierto prestigio en el mundo del cómic. En nuestra opinión, uno de los mejores guionistas de BD de la actualidad. Un tipo que, con menos de cuarenta años de edad, tiene una larga y prometedora carrera por delante. Diseñador y publicista, su entrada en el mundo del cómic, a principios de este siglo, fue avasalladora: “W.E.S.T.” con Dorison, “Yo soy Legión” con John Cassaday, “Erase una vez en Francia” con Sylvain Vallée (premiada como mejor serie en el Festival de la Bande Dessinée d’Angoulême del año 2011), “Atar Gull” con Brüno, o “Silas Corey: La Red Áquila” con Pierre Alary.
La semilla de las aventuras de Calixte y Léon nació de un viaje en coche a través de Marruecos de Fabien Nury y Maurin Defrance cuando eran estudiantes. Soñaron con la aventura, con esos parajes desérticos y estériles, con el misticismo de los héroes clásicos, se dejaron inspirar por películas como “Lawrence de Arabia” de David Lean, “El hombre que pudo reinar” de John Huston o “Beau Geste” de William A. Wellman, por las novelas de los magos de los sueños Ruyard Kipling, Henry de Monfreid, Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad o Jack London, por los cómics de Hugo Pratt, y se imaginaron a dos amigos, a la salida de una guerra que parten junto, dios sabe por qué razón. Maurin convirtió esta historia, contextualizada en la Guerra del Rif, en una novela y años después los dos colegas retomaron la idea principal de esos dos personajes que sienten la ‘llamada del mar’ en una guerra perdida de antemano, para poder realizar una serie en cómic. De aventuras. “Un aventurero es un hombre que renuncia a todo lo que la sociedad puede ofrecerle, para seguir su propia búsqueda. Y eso es lo que hacen Calixte y Léon y eso conforma el corazón de la historia”, decían Nury y Defrance en una entrevista a raíz de la publicación en Francia de la cuarta entrega de la serie.
El dibujo, por su parte, corresponde a Merwan Chabane y Fabien Bedouel. El primero de ellos, como en el caso de los guionistas, es un autor de reconocido prestigio. Gracias al éxito de “Fausse garde” y sobretodo de la odisea romana “Por el Imperio” realizado a cuatro manos junto a Bastien Vivès, Merwan Chabane es una de las estrellas del cómic franco-belga aunque sus inicios creativos están ligados a los videojuegos y a los guiones de series de dibujos animados. 
Los dos dibujantes ya habían trabajado juntos en la animación, de modo que su conjunción no fue nada difícil, con Fabien Bedouel definiendo la puesta en escena, el storyboard y la adaptación del guión a imágenes, y Merwan Chabane centrándose en León y Calixte, aportando sentimientos a los personajes, y entintando. El resultado final, de un blanco y negro fuerte, con sombras y contrastes pronunciados para dotar de volumen y profundidad, remite a Hugo Pratt y a Jacques Tardi
 
Sí, insistimos, “El Oro y la Sangre” es un cómic con un buen guión. Una historia que toma como base un hecho histórico real que da brillo y lustre, y que como cualquier historia de aventuras que se precie es una incursión en el terreno de los personajes perdedores y desengañados que se alimentan de ilusiones y de dignidad. Como hemos comentado antes, las influencias de “El hombre que pudo reinar” son evidentes y notables. Una novela genial y una película genial, una duplicidad difícil de conseguir pero que en manos del director John Houston no era difícil imaginar que la historia de los soldados del ejército británico Danny Dravot y Peachy Carnehan en el legendario reino de Kafiristán de 1880 narradas en el clásico de la literatura “The man who would be king” de Rudyard Kipling se iban a convertir también en un clásico del celuloide. Cine de aventuras del que ya no se hace, con dos bribones con carencia de moral y exceso de descaro, perdedores y antihéroes marcados por la fatalidad del destino, a través de los cuales conoceremos el éxito y el fracaso, pero sobre todo lo cerca que una cosa están el uno del otro. Como “El Oro y la Sangre”.
 
El Oro y la Sangre 1.
Dibujo: Merwan Chabane y Fabien Bedouel
Guión: Fabien Nury y Maurin Defrance
Fecha de publicación: Diciembre de 2014
ISBN: 9788494324512
Formato: 22×29cm. Cartoné. Color.
Páginas: 128
Precio: 25,00 euros