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En los años veinte del siglo XX el cine todavía era un medio en desarrollo. Aún no funcionaba muy bien eso del sonido sincronizado con la imagen (hasta 1927, con «El cantor de jazz«, el primer largometraje sonoro), pero las películas en blanco y negro ya habían alcanzado cierta madurez y el lenguaje visual empezaba a ofrecer resultados muy solventes. La industria del entretenimiento cinematográfico se acercaba poco a poco a ser una realidad, y unos pioneros con visión de futuro y mucho ojo comercial decidieron invertir en este nuevo negocio en ciernes, pensando más en el dinero que en un interés artístico por el asunto este del cine.

En el año 1924 el director Raoul Walsh dio forma a una adaptación de «Las mil y una noches«, una versión cinematográfica muda del clásico de la literatura fantástica oriental protagonizada por Douglas Fairbanks (también productor), Anna May Wong, Brandon Hurst, Charles Belcher, Julanne Johnston y Snitz Edwards, entre otros. Es «El ladrón de Bagdad» («The thief of Bagdad«), que nos cuenta las aventuras de Ahmed, un ladronzuelo que actúa por las calles de Bagdad y que un día se cuela en el palacio del califa con la ayuda de una cuerda mágica con intención de robar. Allí ve a a la princesa y se enamora de ella. Junto con un amigo traman un plan, aprovechando que se va a celebrar una audiencia de pretendientes para casarse con la princesa, para colarse en la recepción haciéndose pasar por un príncipe y seducir a la princesa casamentera.

«El ladrón de Bagdad» es uno de los clásicos eternos del séptimo arte, una maravillosa película de aventuras con alfombras voladoras, genios y hechizos que contó con el talento de Raoul Walsh tras la cámara, el carisma de Douglas Fairbanks, la brillante elegancia del vestuario diseñado por Mitchell Leisen y los espectaculares decorados creados por el mítico William Cameron Menzies, que años después haría su mejor trabajo en «Lo que el viento se llevó» aunque aquí no se quedó corto: construyó el decorado de la ciudad de Bagdad en una parcela de unas tres hectáreas. Curiosamente la película tiene dos bandas sonoras: la que originalmente compuso Mortimer Wilson con toques orientales y la de Carl Davis, que la sustituyó.

En el año 1996 «The thief of Bagdad» fue elegida para su conservación en el National Film Registry de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos, un honor reservado para las mejores películas (norteamericanas) de la historia del cine.

No hay que olvidar que hay otra película de «El ladrón de Bagdad» posterior, del año 1940, producida por los hermanos Korda y dirigida por Michael Powell, Ludwig Berger y Tim Whelan, que también es una obra maestra. Aunque la película fue galardonada con tres premios Oscar no está en el National Film Registry. Cada una, en su momento, dejó una huella indeleble.

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