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La mitología nórdica, la que comprende la religión, creencias y leyendas de los pueblos escandinavos, es una fértil fuente de historias para creadores contemporáneos, y sirve a menudo como inspiración en la literatura y el cine. El único problema es que la realidad histórica de esta sociedad del medievo ha quedado sepultada bajo capas y capas de mitos y tópicos que han deformado la imagen que tenemos de ellos hoy en día. La mayoría de cosas que conocemos sobre los vikingos están basadas en datos erróneos, falsas leyendas, tópicos mal documentados, y los numerosos malentendidos que históricamente les han rodeado. No, sus cascos no lucían cuernos. No, los vikingos no fueron una nación unida sino que eran numerosos clanes guerreros liderados por distintos caudillos. No, no usaban cráneos humanos a modo de copas para beber licor. No, los guerreros vikingos no eran hombres de gran estatura y con melenas rubias trenzadas sino que eran menudos y de gran diversidad étnica. No, los vikingos no eran una sociedad sucia, sanguinaria y salvaje. No, no y no. Cualquier enciclopedia, o simplemente la Wikipedia, puede servir para informar adecuadamente a un lector interesado sobre la realidad que se esconde detrás del mito y para conocer una sociedad singular, que tuvieron una gran influencia en la historia europea.

«El guerrero número 13» («The 13th Warrior«) es una entretenida película de aventuras de John McTiernan, del año 1999, que tiene vikingos, árabes, caníbales y brujas,… y casi ningún fundamento histórico. La película, inspirada en la novela «Devoradores de cadáveres» de Michael Crichton y protagonizada por Antonio Banderas, Clive Russell, Vladimir Kulich, Neil Maffin, Daniel Southern y Omar Sharif, entre otros, narraba las aventuras de un joven alfaquí árabe, expulsado de su país por haberse enamorado de una de las mujeres del califa, que se suma a una expedición de guerreros vikingos para enfrentarse a una tribu de salvajes que está aterrorizando las heladas tierras del norte. Él es el guerrero número 13 del título, pues una bruja determina que han de ser trece guerreros, y el último de ellos debe ser extranjero.

El personaje protagonista, como excepción a la afirmación de que la película no tiene fundamentos históricos, estaba basado en un personaje real: Ahmad ibn Fadlan, secretario del embajador del califato abasí de Bagdad que viajó en el siglo X hasta el reino de los búlgaros del Volga y fue apresado por un grupo de vikingos. Y la tribu de salvajes serían hombres de Neanderthal que sobrevivieron a la extinción.

La película no funcionó muy bien, por no decir que fue un desastre (sumó pérdidas cercanas a los 100 millones de dólares), y parte de la culpa estuvo en el enfrentamiento entre Michael Crichton, productor y autor de la novela en la que se basaba la película, y el director John McTiernan. El primero, escritor de «Parque Jurásico» y «El Mundo Perdido», cambió gran parte del metraje insatisfecho con el trabajo del segundo, director de «Jungla de Cristal» y «Depredador» y la taquilla no perdonó.

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