Hace unas semanas recibimos una copia de prensa de "Entre nosotros", la primera novela de Juan Ignacio Carrasco. Su obra, una historia de vampiros muy especial, nos sorprendió. Lo entrevistamos y allí nos confirmó todas las buenas impresiones que nos había transmitido su libro.

No es habitual que un autor debute con el respaldo con el que está contando Juan Ignacio Carrasco. Hay que ir paso a paso, escribir muchas novelas, probar la edición en pequeñas editoriales, ir llamando a las editoriales más grandes y, con suerte, tener una oportunidad. Pero Juan Ignacio Carrasco escribió una novela lo suficientemente buena, o más, como para que en DeBolsillo se animasen a publicarla y a darla a conocer. Gracias a ellos nosotros tuvimos una copia de prensa y un par de días de lectura muy entretenidas que nos reconciliaron con el, últimamente, denostado género vampírico con una señora novela con un narrador divertido al que es innevitable no coger simpatía y con el que disfrutaréis muchísimo… casi 450 páginas muy bien editadas por sólo 10 euros.

A continuación os ofrecemos una entrevista que apenas sirve como esbozo de lo buen libro que es Entre nosotros… por cierto, la pregunta sobre Crepúsculo… es totalmente culpa mía, quise meter a Juan en un pequeño aprieto, jejeje.

ENTRE NOSOTROS
Autor: Juan Ignacio Carrasco
Colección: Bestseller
PVP: 9,95 €
Nº de páginas: 448 págs
Reseña
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  • Esta es tu primera novela, ¿cómo ha sido la experiencia? y, ¿por qué escribir una novela de vampiros que se aleja tanto de la moda actual de vampiros “brillantes”?

Todavía no he asimilado lo que supone escribir una novela y que alguien, en este caso Debolsillo, tenga a bien publicártela. Y de que gente que no conozco de nada la compre y la lea, ya ni te cuento. Es una sensación extraña, como si en el fondo no tuviera nada que ver conmigo. Escribí la novela porque se dieron toda una serie de circunstancias que me empujaron a ello. Podríamos decir que me dejé llevar. No la escribí porque quisiera ser novelista… Por eso, cuando veo la novela por ahí, a veces siento que yo no soy ese Juan Ignacio Carrasco que aparece en la portada. Supongo que de aquí a unos meses, o de aquí a unos años, asimilaré todo esto. Sé que es muy difícil que a un autor novel le publiquen algo y, por eso, estoy muy agradecido a Debolsillo y a su gente.
Sé que mis vampiros no son guapos ni enamoradizos, y no les brilla piel, pero eso es así porque considero que los vampiros son bichas endemoniadas. Mi cultura vampírica es clásica, es el resultado de doscientos años de literatura y cien de cine. Si mis vampiros fueran como los de “Crepúsculo” estaría yendo en contra de mis principios. Me hubiera vendido, por así decirlo, a cambio de un puñado de dólares (o varios miles de puñados de dólares), me hubiera traicionado a mí mismo, que es lo peor que una persona puede hacer. Mis vampiros, en principio, no serán estampados en camisetas o, al menos, no los he creado para eso. Los he creado para que la gente los tema, los odie y desee que sean destruidos.

  •  Estamos ante una novela de debut muy madura, entretenida y bien escrita, pero que da la impresión de ser muy cinematográfica, ¿estamos ante un guión reconvertido en libro?

Cuando acabé de escribir la novela, pensé algo parecido. Me pareció que era una de esas novelas basadas en guiones originales de películas de éxito. Y me pareció bien. Así que cuando hice los primeros retoques, la hice aún más cinematográfica. Y cuando mi editora me sugirió un par de cambios, aproveché para acabar escribiendo una novela que podría ser llevada al cine sin problemas. Incluso el narrador de la novela, Abel, lo reconoce al principio del último capítulo: “Pasaron tres cosas inmediatamente después… que no he explicado en el capítulo anterior porque me había quedado muy bien, con ese final de película. “
Es una novela cinematográfica porque, por ejemplo, yo no “describo”, sino que “muestro”. Y su ritmo también es cinematográfico porque no hay pausas literarias provocadas por monólogos interiores o por digresiones para contextualizar la acción en una época o en un lugar. Todo esto hace que la novela se lea fácil y muy rápidamente.
Ahora bien, al final de la novela está el relato “El juramento” que tiene su importancia en la historia que narro en Entre nosotros y que, a parte de sus funciones narrativas, es una especie de contrapunto literario.

  • Tu libro me ha recordado a una mezcla de las películas de John Hughes y Jóvenes Ocultos, ¿cómo lo definirías tú?

¡Vaya mezcla! John Hughes, que en paz descanse, era un señor que dominaba la comedia. Te hacía sonreír, cosa que no es nada fácil. Además, todas sus películas tenían un momento tierno que no desentonaba, que no era una cursilada. Posiblemente, sin haberlo pretendido, Hughes y ese tipo de cine, están presentes en “Entre nosotros”. Y sobre “Jóvenes ocultos”, creo que ahora ya puede ser considerada una película de culto. No es ninguna maravilla, pero tiene algo que no sabría definir. Además, yo descubrí a The Doors gracias a ella. Quizá, tú has visto esa mezcla porque el inicio de mi adolescencia – que es el momento en el que una persona recibe la mayor parte de sus influencias-, coincide con Hughes y esa película. Puede que haya escrito una novela en el 2010 que tiene el espíritu de finales de los ochenta. Pero si ha sido así, no lo he hecho adrede, aunque me encanta esta posibilidad.

  • Se nota tu relación con el cine, ¿hay alguna posibilidad de que intentes adaptar el libro a la gran pantalla?

Esta novela es muy adaptable al cine, por lo que te he comentado antes. Ahora bien, la única condición que pondría es que el director de la película fuese yo. Hace un par de años hice un guión para un corto que ganó un premio al Mejor Guión en un festivalillo aficionado. Era una tontería, pero cuando vi el corto, odié profundamente al cámara, al director y a los actores. Y decidí que nada escrito por mí sería dirigido por alguien que no fuera yo o, en su defecto, por alguien que yo no eligiera. Es como si tienes una hija y piensas que hay posibilidades de que se eche de novio a un macarrilla estilo John Cobra. No voy a arriesgarme a que alguien me destroce “Entre nosotros”.
Y, sí, ya he empezado a trabajar en el proyecto de la película… Si consigo unos milloncejos de euros, la hago, te lo aseguro.

  • ¿Por qué contar con un protagonista tan… “corto” como Abel Young?

Yo no creo que sea “corto”, lo que es el pobre es muy inocente. Empieza la novela con diecisiete años y la acaba con dieciocho, y es una edad muy complicada porque no eres ni niño ni adulto. Piensas como un niño y actúas como un adulto o piensas como un adulto y actúas como un niño… Es el caos total. Además, las chicas se convierten en una especie de seres superiores que te hacen bailar a su son porque están mucho más equilibradas que tú. A eso has de añadir que Abel se quedó sin madre a los trece años y que su padre no sabe hacer de papá-mamá. Y de regalo, se tiene que enfrentar a unos vampiros… Si sumas todo eso, la verdad es que Abel es digno de admiración, porque lo normal es que hubiera muerto en la página 120.
Pero vuelvo al tema de la inocencia. Abel está en una época complicada de su vida y es un poco cobarde, por culpa de los genes paternos. La muerte de su madre le marca mucho, razón por la que no la llora, sino que evita esa tristeza. Su padre no le sirve como ejemplo y en cuanto a su novia, Mary, ella es la que lleva los pantalones en la relación. Entonces, el pobre (es que le tengo cariño) se crea su propio mundo. Y es un mundo sencillo, donde no tiene cabida la maldad porque él es un buen chico. Y esa inocencia se ha de enfrentar a la maldad por excelencia, que son los vampiros.
Lo que también ocurre es que a lo largo de la novela, y como narrador, Abel opina de cosas que no sabe y por eso parece “corto”. Pero yo he oído a adultos, algunos en el Congreso de los Diputados, decir chorradas más grandes que las que dice Abel. Con la diferencia que los comentarios de Abel, como él, son muy inocentes y los de los políticos tienen mucha mala baba.  

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  • ¿Utilizas a Abel para dar tus impresiones sobre películas, libros, etc, o es tan sólo su voz?

Sí y no. Abel dice cosas que pienso yo, pero también dice lo contrario a lo que yo pienso. De esa manera, si alguien se queja, puedo decir que es cosa de mi personaje, que yo no pienso eso. O si mucha gente está de acuerdo con alguna burrada de las de Abel, puedo decir que es cosa mía y no de él. Para diferenciarme un poco de él, puedo decir que soy beatlemaniaco y no considero que “El cuervo” de Poe sea una “mierda”. Sobre si Goethe tenía cara de culo, prefiero no opinar…
Una cosa que he intentado hacer con Abel es convertirlo en un narrador atípico. Normalmente los narradores de las novelas suelen ser pedantes resabidos y en este caso sabe menos que cualquier lector. Además no miente, cuando dice algo que no es cierto, siempre se acaba sabiendo, no lo oculta. Es el narrador más noble de la historia de la literatura.

  •  En tu novela se mezcla lo clásico, Lord Byron, y lo moderno, cine, libros y series de vampiros.  ¿Sientes haberte dejado alguna influencia “vampiril” más que imprimir en tu libro?

Me he dejado muchísimas cosas, pero no sólo de vampiros clásicos de ficción, sino también de vampiros “reales”. Puede parecer que no, pero hay una pequeña investigación detrás de “Entre nosotros”. El problema es que, claro, mis personajes no creen en los vampiros y van aprendiendo sobre la marcha. Al final de la novela, llegan a nivel de Primero de Primaria de Cazavampiros. He tenido cuidado en no sacarme de la manga una especie de sabio que les explique, en un momento concreto de la novela, lo que son los vampiros y lo que hay que hacer para aniquilarlos. El lector, sobre todo el que es seguidor del género, sabe más sobre los vampiros que los propios personajes. Hay cosas que me he dejado adrede, para que el lector las aporte en su construcción personal de la historia, pero otras no podía ponerlas directamente porque me desmontaban la novela.  

  • ¿Cómo se produjo la gestación de la novela y su publicación?

Corría el año 1989 y yo tenía 16 añitos. Iba a un colegio en el que se daba EGB, BUP y COU, en Sant Feliu de Llobregat (Barcelona). Yo me quedaba a comer en el colegio. Después de comer, tenía una hora libre, que dedicaba a jugar a baloncesto, a hacer deberes y cosas por el estilo. Un día, sospecho que de primavera – porque recuerdo que yo llevaba un polo beis- , un compañero de clase, llamado Juan Luís Blázquez, se pasó por el colegio después de comer y antes de empezar las clases de la tarde. No sé por qué, pero fuimos a una cafetería que había delante del colegio, donde había una camarera muy guapa que se llamaba Susana (que no tiene nada que ver en esta historia, pero es que me he acordado de ella ahora). Bueno, Juan Luís tomaba café, pero a mí no me gustaba, pero ese día lo tomé para acompañarle. ¡Estaba buenísimo!  A partir de ese día me enganché a la cafeína. La santa cafeína empezó a provocarme insomnio. Para dormirme, no se me ocurrió mejor cosa que empezar a escribir novelas mentalmente. Empecé a escribir mentalmente a los 16 y aún sigo (aunque ahora tomo descafeinado). Después de mis primeras seis novelas, se me ocurrió una historia de vampiros. Una noche, cenando con unos amigos, Pep y Yolanda, les expliqué esa historia y les pareció buena. Cada vez que quedaba con ellos, me animaban a convertirla en una novela de verdad, pero yo no quería ser escritor…
Bueno, al final, por razones que no puedo explicar porque la gente pensaría que me falta un tornillo, decidí escribir la novela. El problema es que no iba a poder escribir la historia que le había gustado a mis amigos, porque un señor muy simpático se me había adelantado al escribir una novela a la que tituló “Soy leyenda”. Fue algo así como cuando Spielberg le fastidió a Kubrick su película sobre el holocausto. En realidad “Entre nosotros” es la segunda parte de “Mi Soy Leyenda”.
Empecé a escribir “Entre nosotros” y, por cosas de la vida, empezó a no tener nada que ver con lo que tenía en la cabeza cuando decidí escribir la novela. A mitad de la novela, esta no tenía nada que ver con lo que había escrito al principio. Y al final la novela fue totalmente original, no pude aprovechar nada de lo que había construido en mi mente durante las noches de insomnio.
Tardé seis semanas en escribirla porque me puse una fecha para finalizarla. La última semana ni vi la tele ni me conecté a internet, por narices tenía que acabar la novela.
La novela llegó a Debolsillo, hicieron dos informes de lectura favorables y decidieron publicarla. Por supuesto, esta parte es más larga, pero no puedo entrar en detalles por temas de confidencialidad.
En resumen, esta novela jamás hubiera existido sin Juan Luís Blázquez y él no lo sabe.
 

  • ¿Has ofrecido una versión de los vampiros clásica, ¿qué opinas de Crepúsculo y similares… y del daño que le han hecho al género?

El fenómeno “Crepúsculo” es complejo. Su complejidad reside en tener que dar mi opinión sincera sin molestar a nadie. Si en vez de ser yo quien contestara a esta pregunta, lo hiciera mi Abel Young, en su faceta de narrador de “Entre nosotros”, creo que él diría que los vampiros crepusculinos se cagan en la tumba de Stoker cada vez que les brilla la piel. Pero la pregunta me la haces a mí, así que voy a intentar ser moderado.
Mira, cuando alguien escribe una novela de vampiros, aunque no lo diga, tiene en mente Drácula y las novelas que beben de él. El lector también tiene a Drácula en la cabeza, aunque no haya leído la novela de Stoker, y sus derivados. Eso quiere decir que si tú mañana escribes, no sé, algo como “Vampiros en la red” (una cosa de vampiros internautas), tu novela será la suma de “Drácula”, las otras novelas influenciadas por la de Stoker y las experiencias de los lectores del género. Y tus vampiros podrán ser muy modernos o los más fashion de la historia, pero serán clásicos, serán un apéndice de “La gran novela de los vampiros”, que es la suma de todas las novelas de vampiros que han existido. Y, por supuesto, de todas las películas, cómics, etc. En esto reside la grandeza del género vampírico, en que cada obra es una parte y el todo a la vez. Porque cuando tú la lees, en tu cerebro están presentes todas las que has leído antes o las películas que has visto. Y esos vampiros son malignos, no-muertos y les encanta hacer daño a la gente, violar a las mozas y chupar sangre. Puedes querer ser como ellos o puedes querer destruirlos, pero ellos jamás te engañan.
Pero un buen día llega “Crepúsculo” y nuestro vampiro, el de los seguidores del género, resulta ser una nenaza adolescente que en vez de tener acné le brilla la piel. Vale, es una propuesta interesante, pero el problema es que no tiene nada que ver con nada de lo anterior. Hasta el punto de que ni siquiera se pueden considerar, a esos seres de Meyers, vampiros auténticos. Son otra cosa, pero vampiros no. Les podría haber llamado “brillancitos” y me hubiera parecido perfecto, pero es que les llama “vampiros vegetarianos”… Eso provoca que sea una saga literaria muy pobre, pues no bebe de un siglo de vampirismo literario (no cuento aquí “El vampiro” de Polidori porque no era novela), ni de las películas del género, ni del cómic. También provoca que los verdaderos seguidores del género vampírico, consideren la saga “Crepúsculo” una porquería infame. No es culpa de Meyers, sino de que las expectativas no se cumplen porque ella no ha respetado la esencia del personaje. Pero ella es muy libre de hacer lo que quiera, por supuesto, y le va muy bien, cosa que me alegra.
El problema no es “Crepúsculo”, sino sus daños colaterales. Los editores querrán novelas similares a las crepusculinas. Es decir, los próximos vampiros que quieran ver la luz, deberán ser yogurines metrosexuales a los que les gustan las postales de “Querido Dios…” Y luego iremos a por el pobre Frankenstein, que será un hombre con cerebro de asesino, pero con el corazón del ex novio de la protagonista que, por supuesto, será una joven adolescente que juró amor eterno a su novio el día que él la palmó, seguramente al intentar salvar a un gatito que iba a ser atropellado. Y luego, a cargarnos al Hombre Lobo, convirtiéndolo en un chico muy mono que se depila las noches de luna llena, porque no quiere que la chica del “insti” que le gusta sepa que es un licántropo, pero al final, el camión que lleva las maquinillas de afeitar al supermercado del pueblo de mierda en el que viven los personajes, se sale de la carretera al intentar esquivar a otro gatito, y al “prota” le salen todos los pelos en el baile de graduación, pero a la chica le da igual porque lo considera “hermoso”, ya que ella es muy especial y cree que la belleza está en el interior…
Bromas a parte, “Crepúsculo” es un producto de consumo para adolescentes y pre adolescentes y punto. Es una versión con vampiros de “Sensación de vivir” o de “Patito”. Y no es nada más que eso. Y si ha tenido éxito es porque hasta Matías Prats le ha hecho publicidad…
Bueno, creo que he contestado muy finamente y que ningún seguidor de “Crepúsculo” se habrá sentido molesto.  

  • ¿Por qué no te has decantado por una novela más “terrorífica” y sí por una mezcla de géneros?

“Entre nosotros” es una novela de terror porque salen vampiros que hacen cosas vampíricas y ellos mandan, quiero decir que provocan que el género sea el terrorífico. Ahora bien, Abel, el narrador, como ya hemos dicho antes, es un poco especial, cosa que provoca que la novela tenga un tono cómico. Pero no es una parodia y creo que los momentos de “terror” son terroríficos y los de “suspense” son… ¿Suspensorios? No es una mezcla de géneros, porque has de decidir si es de terror o si es comedia, pero ambas cosas no pueden ser. “La leyenda de la ciudad sin nombre” no es un western musical, sino un musical o un western. Bueno, es un musical, pero acepta el ejemplo como animal acuático o vampiro brillante y ya está.
Luego, piensa que al tener la novela un tono cómico o irónico, consigo que los episodios de terror y suspense resalten más. Al menos este ha sido mi propósito a la hora de darle ese tono irónico o cómico a la novela.
Bien, esto que te acabo de decir es mentira. Te voy a explicar la verdad. Mira, yo quería hacerla seria, que fuera la típica novela de terror de toda la vida. Empecé a escribirla y después de cuatro días, sólo había escrito cuatro líneas. Estuve a punto de tirar la toalla, pero una tarde me llamó un amigo que tenía una relación con una chica, pero era de “amigos con derecho a roce”. Él estaba muy enamorado y me contó que le pidió que fueran novios formales. Ella le dijo que no y la explicación fue: “te quiero tanto que no te quiero hacer daño, es por tu  bien”. Colgué el teléfono y escribí el diálogo del principio de la novela, cuando la novia de Abel, Mary, le deja para “no hacerle daño después de dejarle” y lo hace por su bien. A partir de ahí, todo fue más fácil, tenía un historia en la cabeza y el tono que usaría para contarla.

  • ¿Qué debe ofrecer una novela para atraer al lector?

Varias cosas: 1) una campaña de publicidad acojonante, 2) que el autor la palme inesperadamente, 3) que el autor tenga un nombre pegadizo y extranjero, 4) que hayan hecho una película sobre la obra , 5) que en el Carrefour no te la pongan en el estante de abajo del todo, 6) no poner en el título la palabra “tubérculo”, 7) que el Vaticano hable mal de ella y  8) que tenga una portada muy bonita (como la de “Entre nosotros”, por ejemplo).
 Luego, claro, a lo mejor a alguien se le ocurre leerla, pero es un riesgo que hay que correr…

  •  ¿Cómo está funcionando la novela?

En Debolsillo me han dicho que por ahora están contentos con las ventas. Has de entender que es una novela en rustica de un autor desconocido y normalmente las novelas en rustica tienen la ventaja de que son versiones económicas de libros de éxito. Yo no tengo esa ventaja. Como tampoco tengo la ventaja de esos libros que se venden sólo para regalar, los trade, los de tapa dura de toda la vida. Bueno, y no soy de Noruega ni de Finlandia ni de ningún sitio de esos que ahora parecen la cuna de la literatura mundial… Así que si la novela acaba triunfando será por el boca-oído, no por otros factores. Por ahora a toda la gente que la ha leído le gusta. Por ahora nadie ha hablado mal de la novela, sino todo lo contrario y eso es muy importante. Creo que “Entre nosotros” será un “long seller”, una novela que ira vendiendo cantidades aceptables a lo largo de mucho tiempo, precisamente por eso del boca-oído.

  • ¿Habrá una segunda parte de Entre nosotros o estás trabajando en otro título?

Cuando acabé de escribir la novela, escribí un guión, una comedia romántica un pelín absurda a la que he titulado “Foodball”. Ahora estoy trabajando para convertir ese guión en una película y si sale bien, pues ya puestos, intentaré convertir también “Entre nosotros” en película.
Pero sí, Entre nosotros tiene segunda parte. Al menos la estoy escribiendo, aunque no sé si se llegará a publicar. Se titula “Jerusalem, Texas”. En Entre nosotros dejé algunos cabos sueltos que parece que no lo son y que me sirven para continuar con las andanzas de Abel y sus amigos.
A parte de “Jerusalem, Texas” estoy escribiendo otra novela que no tiene nada que ver con el género vampírico y que no puedo decirte cómo se titula porque su título es demasiado evidente y algún espabilado me podría copiar la idea… Es que hay gente muy mala.