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El director y guionista francés Pierre Jeunet se labró un sólido prestigio con dos títulos muy personales, como fueron «Delicatessen» (1991) y «La ciudad de los niños perdidos» (1995), junto a Marc Caro, lo que le abrió las puertas a un blockbuster norteamericano que en los EE.UU. no supieron apreciar («Alien: Resurrección«, 1997). Cuesta saber qué esperaban en Hollywood de un autor que, tras regresar a Francia, fue capaz de regalar al espectador una obra tan maravillosa como «Amélie«, naíf, juguetona, rocambolesca y profundamente optimista, que acabaría convirtiéndose en un fenómeno cultural inesperado. Se trata, sin duda, de su mejor película y de su trabajo más recordado.
Protagonizada por Audrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Rufus, Dominique Pinon y André Dussollier, «Le fabuleux destin d’Amélie Poulain» nos presentó a la adorable Amélie Poulain, una joven camarera de un café de Montmartre, que un día descubre su verdadera vocación: mejorar las vidas de los demás a través de pequeños gestos anónimos. En su nueva tarea conoce a Nino, un chico enigmático y obsesivo, que se ha impuesto la misión de reconstruir la identidad de las personas a partir de las fotos olvidadas en los fotomatones del metro parisino. Pero en «Amélie» hay muchas más historias que se entrecruzan: el gnomo viajero, Georgette, la vendedora de tabaco hipocondríaca del Café des Deux Moulins, Joseph, el amante rechazado, el vecino con huesos frágiles que nunca sale de casa, o el escritor frustrado Hipólito, configurando un mosaico humano tan excéntrico como entrañable.
«Amélie» bebe de las mismas fuentes que las primeras películas de Jeunet con Caro (cine francés popular, aromas parisinos, personajes excéntricos,…), pero se aleja deliberadamente de la oscuridad, el humor negro y la ambigüedad moral de aquellas para lanzarse de lleno a una comedia romántica luminosa, amable y bienintencionada, con final feliz. Todo en ella es perfecto: los personajes, los actores, el guion de Jeunet y Guillaume Laurant, el montaje, la fotografía de colores pastel, el diseño de producción, la inolvidable banda sonora de Yann Tiersen,… Y, por supuesto, la historia de Amélie y Nino, que nos recuerda que el destino no es más que una cadena de causas y efectos, y que lo cotidiano puede resultar tan sorprendente e inesperado como lo extraordinario.
La película fue nominada a cinco premios Óscar, aunque no obtuvo ninguno. Ni siquiera el de mejor película extranjera, que ese año recayó en «En tierra de nadie». Pese al enorme éxito internacional, Pierre Jeunet no se ha prodigado en exceso en el cine desde entonces. Tras «Amélie«, solamente ha estrenado cuatro largometrajes más, recibidos de forma desigual y lejos del entusiasmo generado por sus obras anteriores: «Largo domingo de noviazgo» (2004), «Micmacs» (2009), «El extraordinario viaje de T. S. Spivet» (2013) y «Bigbug» (2022).
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Interestellar y La llegada son otros rollos, no tienen el ritmo de Project Salvation, son muy lentas y la primera…