Leer «Amanecer de DC. The Flash #1» es una experiencia curiosa: empieza prometiendo velocidad, cercanía y energía, y acaba llevándote a un paseo denso y casi metafísico que, si no entras al juego desde la primera página, se te puede hacer cuesta arriba. Y vaya si se me ha hecho cuesta arriba. No porque la propuesta carezca de ambición —al contrario, aquí hay ideas para llenar media docena de arcos—, sino porque todo está servido de golpe, sin respirar, como si el cómic estuviera más preocupado por contarte lo rarísimo que es su mundo que por hacerte sentir que quieres seguir en él.

Amanecer de DC. The Flash 1¡Wally West nunca ha sido más rápido, eficiente y heroico! Y, sin embargo… algo no va bien. La creciente comprensión de sus poderes ha abierto a Wally nuevas perspectivas y ha agudizado sus sentidos. Algo susurra desde las oscuras vibraciones más allá de la Fuerza de la Velocidad, y mientras experimenta con nuevas y creativas estrategias para sus poderes, también descubre nuevos reinos, aliados misteriosos y terrores alucinantes.

El arranque de «Amanecer de DC. The Flash #1» sacado de «The Flash #800» ya te avisa, aunque de manera un poco engañosa: Wally West con problemas domésticos, la familia West en un momento extraño, silencios incómodos, miradas raras. Hasta ahí bien. Luego tenemos «The Flash #1-6«, relanzamiento de la línea Amanecer de DC. Ese «aterrizaje» dura medio suspiro, tan pronto como aparece Grodd y su ejército de simios. Enseguida la trama se dispara hacia la espesura: conceptos rarísimos, términos científicos que parecen más poesía abstracta que ciencia ficción, y una insistencia constante en recordarte que «algo va mal en la Fuerza de la Velocidad«, aunque a veces no dé la sensación de que ese misterio esté avanzando hacia ningún sitio concreto. Aquí Simon Spurrier es un Grant Morrison con más tripis de lo común.

A esto se suma el tono. Simon Spurrier no quiere hacer el Flash de siempre; eso se ve rapidísimo. Quiere convertir la serie en una especie de laboratorio loco, una mezcla de introspección existencial, rarezas dimensionales y esa estética de «todo es simbólico si lo miras lo suficiente». El problema es que la historia no te deja tomar aire. Como lector, pasas más tiempo intentando descifrar qué narices te están diciendo que disfrutando de lo que estás leyendo. Y cuando un cómic de Flash —el héroe más rápido del mundo— se siente lento… pues mal asunto.

Lo que no se puede negar es que Mike Deodato Jr. está a un nivel espectacular. Su trabajo aquí es casi una declaración de principios: sombras duras, composiciones muy medidas, criaturas y paisajes que parecen sacados de un sueño febril. Cada página quiere que la mires despacio, que te fijes en los detalles, que casi te pierdas dentro de los paneles. Y claro, eso está genial… en un cómic que no se supone que vaya a toda velocidad. Pero aquí a veces el estilo choca con el personaje. Deodato es brillante, pero también aporta un peso visual que hace que todo sea más denso, más grave, más rígido. No es que esté mal, pero sí refuerza esa sensación de que este Flash no corre: tropieza, se atasca, se queda mirando al infinito y pensando en el sentido de la vida. Por poner ejemplo, prefiero al Deodato de «Salvajes Vengadores» mil veces.

Las interacciones con personajes clásicos —Max Mercury, Mister Terrific, incluso la propia familia— tienen momentos simpáticos, pero parecen perdidos dentro de un mar de conceptos que no terminan de encajar. Hay chispazos de humanidad, pero aparecen tan rápido y desaparecen tan pronto que no llegan a compensar el tono general. Lo mismo pasa con los intentos de humor o ligereza: hay destellos, pero no duran lo suficiente como para equilibrar el cómic. Y es una pena, porque se nota que Spurrier puede escribir a Wally como un héroe cercano y divertido; simplemente aquí decide no hacerlo.

Por momentos, la sensación es que estás leyendo una versión alternativa de The Flash, una que no tiene claro si quiere ser un cómic de superhéroes o un ejercicio de filosofía especulativa disfrazada de acción. Y ojo, eso podría funcionar si estuviera dosificado de otra manera, o si los personajes parecieran vivir la rareza desde un lugar más natural. Pero aquí casi todos están pesados, distantes o directamente antipáticos. No ayuda que Wally aparezca como un tipo desbordado, algo egoísta y bastante torpe gestionando todo, desde sus poderes hasta su familia. Entiendo que quieran plantear un conflicto, pero es difícil empatizar cuando te lo presentan casi desde la irritación.

Luego está ese número de relleno  que es un cruce con las saga «Mundo Bestia«, con los Titanes en el centro de la pista: «Titans: Beast World Tour: Central City«. Simon Spurrier, Jarrett Williams, Alex Paknadel, A.L. Kaplan, Serg Acuña, George Kambadais y Scott Koblish se encargan de reunir a un porrón de velocistas para combatir a las bestias que se apoderan de los cuerpos de la gente. La inclusión en este tomo tiene razón de ser porque la mencionan en la regular de «The Flash«. Tampoco pasaba nada si no la hubieran metido.

Al final, «Amanecer de DC. The Flash #1», publicado por Panini Cómics dentro de la línea DC Premiere, deja una mezcla extraña: visualmente es potentísimo, pero narrativamente se siente farragoso. Pretende ser profundo, pero a veces solo es confuso. Busca diferenciarse, pero da la sensación de que lo hace alejándose de lo que muchos lectores buscan en Flash. Y aunque se agradece que quieran apostar por algo diferente, la ejecución deja la sensación de que el cómic se enreda en sí mismo. Ya veremos en próximos números si la cosa me engancha, de momento me ha costado entrar en el juego. ¿Os pasa igual?

Amanecer de DC. The Flash 1
Autores: Mike Deodato Jr. y Si Spurrier
Fecha de publicación: Octubre de 2025
Edición original: The Flash #1-6
ISBN: 9791370132408
Formato: 17x26cm. Rústica.Color
Páginas: 200
Precio: 17,50 euros