Para la desconsolada Anna, todos los días son idénticos: se sienta copa de vino en mano a mirar por la ventana y ver cómo pasa la vida sin ella. Hasta que su guapo vecino y su adorable hija se mudan a la casa de enfrente y Anna empieza a vislumbrar una luz al final del túnel. Por lo menos hasta que es testigo de un truculento asesinato. Porque eso es lo que ha visto, ¿verdad?
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Honestamente, yo también hubiese votado a la señora Polonia Castellanos como Gilipollas del año, pero de cada año, y sí,…