Reseña de la segunda película de Carlos Iglesias tras «Un franco, 14 pesetas«, a quien todo el mundo identifica como cómico pero quizás no tanto en papeles dramáticos.

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Película: Ispansi (Españoles).
Guión: Carlos Iglesias.
Países: España y Suiza.
Duración: 101 min.
Género: Drama.
Reparto: Esther Regina (Paula), Carlos Iglesias (Álvaro), Isabelle Stoffel (Ludmila), Doris Dragos (médico), Eloísa Vargas (Piedad), José de Felipe (tártaro), Bruto Pomeroy (Ángel), Isabel Blanco (Rosario), Iñaki Guevara (Jorge).
Producción: Antonio P. Pérez, José Triana y Robert Boner.
Música: Mario de Benito.
Fotografía: Tote Trenas.
Montaje: Miguel Santamaría.
Dirección artística: Vicente Mateu y Lala Obrero.
Vestuario: Eva Arretxe.
Distribuidora: Alta Classics.
Estreno en España: 4 Marzo 2011.
El otro día fui a ver “Ispansi” cometiendo el “pecado” de no haber visto aún la primera película de Carlos Iglesias “Un franco, 14 pesetas”, de la que he oído y leído muy buenas cosas y que por ello veré en breve.

Debo reconocer que me esperaba más, sobretodo por las imágenes que había visto en el trailer, por la historia que se cuenta y por lo que sabía de la ópera prima del director. Permanecí a lo largo de toda la película esperando ese momento en el que te enganchas y quedas ya asido de la historia hasta el final, pero aunque hay varios amagos de que puedo suceder eso no sucedió, muy a mi pesar, y digo esto porque nada me hubiera gustado más que salir del cine hablando maravillas de esta película.

Por lo pronto Carlos Iglesias es un tipo que me cae muy bien ya desde su irrupción televisiva en “Esta noche cruzamos el Mississippi” y en el que intuyo las ganas de trascender con su trabajo, de currárselo a fondo y conciliar una labor de autor con lo que es puramente cine de evasión (arte y espectáculo vamos) y, en efecto, nadie puede decir que no haya puesto toda la carne en el asador, que todo en esta película no esté trabajado y hecho con mucho mimo, que no haya dedicación y empeño, que no se haya puesto la máxima ilusión para conmover y agitar conciencias y también para impresionar con una minuciosa y atractiva puesta en escena; sin embargo algo inexplicable incluso hace que el conjunto no funcione como se pretendía y aquí entra eso tan difícil que es buscarle razones a lo abstracto, a eso tan inasible que consiste en que algo que lo tiene todo para gustarte no termine de funcionar.

El punto de partida del argumento es muy sugerente y quienes disfruten con este tipo de historias más grandes que la propia vida (un poco a lo “Doctor Zhivago” salvando las distancias) seguro que le van a encontrar sentido a pagar la entrada; pero quizás lo que está haciendo que la película se resienta en la taquilla apenas en su tercera semana en cartel sea que el boca a oreja no está funcionado porque a pesar de estar ante un drama con una carga emotiva potencial de muchos kilates, la explosión que se espera tras cada escena no llega a producirse o a mantenerse.

A grosso modo, para quienes quieran saber de qué va, se nos cuenta en primera persona la historia de Álvaro, un comisario político, encargado de conducir a un grupo de niños y republicanos, que declarada la Guerra Civil en España, la República manda a la Unión Soviética en pleno estallido de la 2ª guerra mundial. Carlos Iglesias, que firma también el guión, desarrolla una historia con vocación de trascendentalidad, que es una aventura, un drama, romance y melodrama, comedia a pequeñas dosis y documento pseudohistórico por aquello de que está basado en hecho reales.

Es posible que Iglesias haya querido echarse sobre sus hombros un proyecto demasiado ambicioso en su segundo film como director. Se observa una notable capacidad para trabajar la puesta en escena, para lograr encuadres que exprimen la belleza de los escenarios naturales o las posibilidades interpretativas de los actores (se ha destacado sobretodo el trabajo de Esther Regina e Iglesias no está mal tampoco); pero es como si la carga dramática de su historia se fuera escapando por los intersticios de las escenas. Pongo un ejemplo: la escena en la que cae el tarro al paso del tren (no digo más para no destripar nada) es una buena metáfora de lo que ocurre, un ejercicio de estilo fílmico; pero no transmite toda la emoción del momento quizás porque no hemos tenido tiempo para implicarnos emotivamente y así ocurre a lo largo de casi todo el metraje, salvo quizás al final porque hay que ser un témpano para no conmoverse con esa tristeza nostálgica que posee toda película sobre una/unas vidas y sus alegrías y penas.

Sin duda lo más positivo de la película es su mensaje, sus intenciones, su deseo de tender puentes emocionales y abrazos entre dos bandos que durante mucho tiempo fueron irreconciliables. No es algo muy habitual en las películas de esta índole hechas en España y ello es de agradecer.

Estoy convencido que Carlos Iglesias es un grandísimo director en ciernes y un ligero revés no debe ser obstáculo para una carrera que con la ilusión que demuestra se antoja muy prometedora. Quizás asumiendo proyectos menos ambiciosos logre un mejor resultado. En una entrevista le escuche que pretendía hacer una trilogía y que la tercera película de la misma sería en tono de comedia. Es posible que sea un terreno más apropiado para su impronta cómica, pero en cualquier caso estoy convencido que su cine, que aún está por llegar, merece la pena y habrá que seguirle la pista.

Ojalá Iglesias no desespere aunque vengan mal dadas, hacen falta directores con sus propósitos en el cine español. Ánimo!!!